martes, 30 de marzo de 2021

Nuevas reseñas

Tres décadas revisitadas

Esta antología - Lo disperso reunido. 30 años de periodismo teatral, de Gabriela Borgna- es, para uno de sus prologuistas, “un gran acontecimiento en la cartografía del teatro argentino y latinoamericano, en la historia cultural de post dictadura”. En efecto, como señala Jorge Dubatti, un libro “de batalla cultural, contra el vacío y la trivialidad”. También introducen con elogios este trabajo de Borgna, José Luis Valenzuela y Carlos Pacheco, quienes repasan momentos con la investigadora y hacedora, viajera empedernida radicada en Catamarca.

Las notas escogidas por la autora, abarcan muchos temas de distintas territorialidades, pero en todas se encuentran muchas virtudes que hacen del nuevo libro, una buena y sorprendente apuesta y puesta en valor. Por un lado, la frescura, vitalidad y talento de la cronista, reconocida por sus publicaciones en medios nacionales y del INT; por otro, la necesaria memoria de fenómenos, sobre destacados creadores, respecto a reuniones o festivales históricos.

Todo lo observa Gabriela Borgna - que un día se cansó un poco del rock y del ajetreo de Buenos Aires-, con penetración y gracia, sean los primeros experimentos de La Organización Negra, o el Quinto Festival Iberoamericano de Cádiz; sobre Alberto Moreno –a quien llamó La perla del Oeste- o sobre Los invisibles, de Gregorio De Laferrère y Francisco Javier.

Cada artículo, entrevista o cobertura, tiene un detalle o algo para informar que el lector sin duda agradecerá, apenas recomience la distribución de la pequeña editorial norteña. Sí, una trayectoria y una mirada insoslayable del país teatral, que deseamos tenga su continuidad en un segundo tomo futuro.

Pasaje para un territorio

Un nuevo volumen de/sobre la historia teatral entrerriana, será presentado el próximo 6 de mayo en la Editorial de Entre Ríos (25 de junio 39, Paraná).

Se trata de una compilación del autor de Entre ríos y teatros (Azogue Libros, 2020), afectado con alguna demora, entre otras causas, por la expansión pandémica del COVID.

Mas si esa tardanza no impidió que la editorial oficial pudiera llevar adelante un proyecto largamente acariciado, una tarea que recorre más de veinte años de Meresman dedicados al estudio y análisis del pasado teatral en el Litoral, deberemos convenir que es una anécdota que no opaca una preciosa edición reciente.

Es el caso de estos Escritos sobre teatro entrerriano, que al decir de Fernando Kosiak “plantea un trabajo que nos invita a conocer y a redescubrir el teatro de nuestra provincia, de sus letras, sus espacios transitados y sus escenarios”.

Una rara heterodoxia explica el contenido miscelánico del volumen de Guillermo Meresman; los textos fueron originados en jornadas, coloquios y congresos académicos nacionales e internacionales, combinando así artículos inéditos con notas aparecidas –la mayoría de ellas- en soporte digital. Así el caudal enorme de nombres, fechas y territorialidades, encuadra en una suerte de “puesta en presente” de acontecimientos sociales y más específicamente culturales de Entre Ríos, desde mediados del siglo XIX hasta el presente, pese a no aspirar a ninguna “totalidad” absoluta. La muy extensa tradición teatral local, las estrategias de difusión de los numerosos creadores y agrupaciones, las elecciones estéticas e ideológicas y sus motivaciones, los cuerpos, las palabras y las cosas de nuestra identidad, los patrimonios del habla y los lugares; los cruces, las fronteras y las ceremonias propias; los trastos, las telas, las luces: demasiado para dar cuenta en pocos capítulos, de esa manía o esa pasión; de sus cambios, transformaciones o permanencias.

El libro, que concentra unas 264 páginas de fácil lectura, -del director de la revista La Otra Butaca que está cumpliendo diez años-, y docente de Uader, tiene acaso otros méritos más: venir precedido por una distinción de la Secretaría de Cultura de la Nación en 2018, y sumar una extensa bibliografía y un Anexo fotográfico que acompañan los temas de cada capítulo y así contribuyen a divulgar documentos fundamentales del patrimonio escénico y comunitario de la provincia, o del país todo.

lunes, 29 de marzo de 2021

Apuntes.

“Como un león” acerca una mirada comprensiva 

Mónica Borgogno

Foto gentileza de G. Bendersky
Saltar al camino, a la calle, a la ciudad, como un león, encarar la vida como una fiera salvaje, para que nadie atropelle, para que los dolores sean más leves, para que no se crean que los que menos tienen, menos piensan. “La vieja me pregunta siempre en qué diablos estoy pensando. La pobre vieja lo pregunta porque en realidad cree que no pienso en nada. Sin embargo tengo siempre la cabeza tan llena de cosas que no me sorprendería si un día de estos salta en pedazos. Estoy seguro de que si la vieja supiera lo que pienso realmente se caería de espaldas. Digo esto justamente cuando oigo el sonido que pasa sobre mi cabeza, porque a nadie que me mire se le puede ocurrir que me anden tantas cosas por la mollera. Sin embargo, somos una familia de pensadores”, dice Haroldo Conti en el cuento “Como un león”, que Gustavo Bendersky (del Teatro Compañía de lo Urgente) reconvierte en pieza teatral. 

Pensantes

Se trata de un trabajo que actualiza el concepto de pobrezas e infancias desde la historia de un niño en la frontera con la adolescencia, capaz de decir, contar, denunciar, cuestionar, valorar lo que tiene, llorar lo perdido. Todas operaciones que el resto de la sociedad niega o no ve, como esas maestras que quieren formar “hombres de bien” o esos padres que hacen lo que hacen “por el bien” de los hijos. Como si las familias y las instituciones educativas como generalidades, ordenarían todo, menguarían inequidades. En realidad sólo un adulto referente constituido como tal por el cariño, como en la historia de “Como un león” lo es ese hermano que lo empuja a la promesa de no abandonar la escolaridad, puede transformar. 
En la obra precisamente se deslizan críticas a esa hipocresía social, pero también al accionar abusivo de la policía, al abandono de los cuidados y protección de los/las más vulnerables. Ese cuestionamiento de clase, hoy, arriba del escenario, no es demasiado visto y resulta significativo, lo torna acaso más conmovedor aún. Es un teatro necesario porque señala lo que la política y sus dirigentes no ven y desatienden. 

Lo político en escena 
La propuesta concentra una serie de méritos y desafíos a la vez. En la columna de los aciertos se encuentra la actuación misma de Bendersky que entra y sale del personaje o los personajes que representa para interpelar a quien está mirando, esas imágenes a contraluz arriba de una cucheta revuelta, el modo en que explota los sentidos y sonidos de esa guitarra que lo acompaña en distintas escenas. Entre los riesgos, tal vez están esas mismas entradas y salidas, los momentos en que el actor rompe la cuarta pared que a veces atenta contra el clima de lo que se viene compartiendo y otras, colabora en quitar peso a la miseria y el dolor. No obstante, para que no queden dudas, el personaje del niño está y con rasgos notorios de un estudio o conocimiento de esa singular realidad que según comenta el propio actor, llegó como un aporte significativo de la mano del trabajador social y actor, Sebastián Vázquez que fue su asistente de dirección. 
El ser y hacer desde una cama hecha un revoltijo, los dedos en la nariz, un hablar atolondrado, el desarmar y armar objetos de la calle para transformarlos en otra cosa, son apenas algunas marcas y gestos de este Tarumba, tal el nombre de este personaje. 
En tanto, los fragmentos de la música elegida parecen potenciar las emociones y empatía con este pibe de cualquier barrio en las márgenes de la ciudad. 
Del lado de la recepción, es inevitable asociar con otras obras como “Llanto de perro” de Andrés Binetti –en la versión del director mendocino Juan Comotti- o “Representación nocturna del marqués de Sebregondi”, que gira en torno al cuento de Osvaldo Lamborghini: “El niño proletario”, realizada por el rosarino Matías Martínez. En las tres se observa una profunda crítica a la burguesía y la negación, abuso o aniquilación del cuerpo del otro. No son las historias que más abundan. Por eso, y en particular con “Como un león”, por el momento político y social en que esta obra emerge, será difícil de olvidar. Los cartones intervenidos y tan coloridos de Lucas Mercado, presentes solo hacia el final de la obra, cuando dejan de ser lo que son y se reconvierten, devuelven cierta esperanza. 
Una no se va con una mirada compasiva, sino comprensiva de otras existencias que es preciso mirar. Finalmente, cabe subrayar que la puesta sea en Casa Boulevard: el nuevo espacio cultural de cara a las vías que atraviesan Paraná, en una zona de frontera de la centralidad, donde unos pasos más allá están esos mismos niños que hay en escena. Cómo impactará esta obra en un niño/a de 13 años de dicha zona, es un interrogante que más de uno podrá hacerse al salir de la sala…

jueves, 25 de marzo de 2021

Reseña

 “Artigas, el otro”, ese que te hace pensar en la libertad

Mónica Borgogno 

La dupla Juan Kohner-Andrés Maín está demostrado que funciona. Son dos buenos actores que reparten y exhiben, casi obscenamente, mil y un gestos, posibilidades. Esta vez se los vio en “Artigas, el otro”, una producción de Teatro del Bardo que estrenó en septiembre de 2019, luego vino la pandemia y congeló las actuaciones, giras, escenarios: no pudieron hacer más funciones hasta el sábado 13 de marzo de 2021, fecha que constituyó una suerte de “segundo estreno”, si cabe tal figura.

Juan Kohner y Andrés Maín, dirigidos por G. Trevisani.

Una urna en el medio de todo y dos Blandengues en torno a los restos del prócer, para resguardar la integridad de unos huesos o contagiar respeto por esos que levantaron banderas y pelearon por ideales. Con esa imagen y algo más, podría decirse que comienza esta pieza teatral. Al costado del escenario, un micrófono y atril, indica que todo estaría listo como para un homenaje que en realidad no sucede tal como se lo espera.

Con humor y guiños al público, empieza a rodar otro tributo al militar y estadista rioplatense, en el que los integrantes del cuerpo de Blandengues repasan traiciones, amistades, gestas, acciones, palabras. En esa mirada retrospectiva no falta el cuestionamiento a la cristalización de algunos próceres argentinos, la patria, la identidad o las ideas de libertad o república que a los ojos del hoy suenan tan lejanas como imperiosas a la vez.

La historia cobra otra fuerza en esta intensa y atractiva obra, cobra vida en realidad y eso es más que celebratorio porque nos reubica en el presente –o debería- y nos hace pensar en el porvenir e incluso las relaciones con los otros, otras. La Historia con mayúsculas se vivencia en la coloratura local que logran imprimir desde la dramaturgia, la dirección y un evidente y arduo trabajo de investigación y búsquedas de largo aliento, como marcan los actores.

Discursos y juegos

“Artigas, el otro”, hay que decir, está plagado de buenos detalles. Uno de ellos apenas, resulta pleno de significado y son esos huesos en escena, ya sean conservados, desparramados o convertidos en otra cosa. Con luces rojas, huesos en el suelo, el tumulto de unos caballos al galope que va creciendo y espesando el fragor de la batalla, y dos cuerpos que coreográficamente se desplazan, se recrean mágicamente unos emblemáticos combates. Hay huesos-caballos, huesos que suenan, huesos olvidados y huesos en movimiento o mejor, que es preciso mover.

El trabajo vocal de ambos actores, constituye otro aspecto destacable, pues sobresale en distintos momentos. Se luce Maín cantando solo y luego, los dos, contando a dúo otro pasaje histórico en clave de murga.

Detrás de la organización de todo el material escénico y la estructura dramatúrgica está Gabriela Trevisani, quien ya dejó demostrado sus dotes de directora en la premiada “El cruce”. Allí había encarado la adaptación de un cuento, acá, la directora hilvanó un sinnúmero de discursos de profesores e historiadores con mirada federal como Mauricio Castaldo, periodistas, biógrafos, adversarios y aliados de Artigas, que se adivinan con sólo mirar el espectáculo.

Hay palabras que se hilvanan en distintas escenas y se enuncian o denuncian con gracia y emoción para considerar en este presente que corre. Pueblo, traición, amistad, argentinidad, federalismo versus versión porteña de la Historia, son términos que aparecen para la reflexión de cualquier desprevenido, para seguir hablando cuando acaba la función, para seguir leyendo o profundizando con otras tantas lecturas más –como las del profesor Juan Vilar, por caso, un empeñado en escribir la Historia desde acá- o estudiar y discutir en la escuela. Rebelión, independencia, república, son otros significantes movilizadores. Y la negritud y los negros sumados a una causa común y noble, en escena, se aprecia acá como la reivindicación de un discurso y aportes negados por el pasado oficial. De este modo, la dramaturgia, mordaz y crítica, enuncia y denuncia con vivaz ritmo y hace revolear banderas acaso para que las enarbolemos de una buena vez o se nos hagan carne.

Tras un proceso de años de escritura y reescrituras, según contaron los actores al final del espectáculo -arrancaron hacia 2012 con el impulso de Kohner y sus investigaciones sobre el tema y por una u otra razón, se interrumpía el proceso creativo-, finalmente lograron cerrar y mostrar.

En suma, arriba de las tablas, se nota un consolidado trabajo actoral y de grupo. Quienes no la pudieron ver aún, tienen oportunidad de hacerlo el viernes 9 y viernes 16 de abril a las 21 en la Escuela del Bardo, sita en Almafuerte 106, Paraná.