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jueves, 8 de abril de 2021

Palabras para Mimí.

Abreviada biografía de una actriz con luz propia

Iniciada formalmente en la escena del Teatro- Estudio Casacuberta, Mimí Santángelo no podría haber sido indiferente al camino que habían emprendido su padre y posteriormente su madre –Esmeralda Rolland- en el grupo teatral independiente más importante de la capital entrerriana durante casi dos décadas.

Recorrer su trayectoria es reconocer un trabajo que a la postre tendría su resonancia familiar.

En 1951, la niña Mimí integró el elenco del famoso drama de Lilliam Helman Alerta en el Rin –como Babette Müller-, y dos años más tarde, interviene en el reparto de Juan Gabriel Borkman, de Henrik Ibsen, que protagonizan su madre y Juan Carlos Magistrelli, con otros jóvenes actores locales, en el personaje de Frida Foldal.

Hacia 1953 Mimí realiza un reemplazo con su grupo en una de las farsas que más éxito les deparó, El difunto Sr. Pic, de Charles Peyret Chappuis, por la que Esmeralda Rolland recibe el premio de Talía, y el grupo recibe varios elogios críticos más en Buenos Aires.

Luego participa en 1954 en La casa de los Montoya, de Juan Carlos Ghiano –en el personaje de una de las tres viudas, con la que viajan a Gualeguay al año siguiente-, en 1955 será “Carmen” en Las de Barranco, de Gregorio de Laferrere, en 1957 actúa en Mulato, de Langston Hughes, y en 1959 en La zorra y las uvas, de Guilherme Figueiredo, en el personaje de Melita.


Ya en el Teatro de verano del ’59 (febrero), el Casacuberta ofrece como segundo espectáculo en Paraná, la comedia El enfermo imaginario, de Moliére, donde Mimí interpreta a Angélica. El reparto se completaba con Magistrelli (Argán), Rolland (Antonieta), Inés Durán (Belina), Luis Maldonado (Buenafé y Beraldo), Eduardo Fornes (Cleanto), Antonio Ledesma (Diaforius), Héctor Brevo (Diafoirus (h)), y Eddie Mernes (Purgón).

De gira provincial

En marzo del año 1960, el grupo emprende una temporada de verano, con auspicios de la Dirección de prensa, cultura y turismo de Entre Ríos, girando por las ciudades de Gualeguay, Gualeguaychú, Concepción del Uruguay y Basavilbaso, con dirección de Héctor Santángelo. La farsa de Figueiredo fue vista por espectadores de esas ciudades que la vieron actuar junto a un elenco encabezado por Esmeralda Rolland (Cleia), Natalio Hocsman (Xantos), Luis Maldonado (Esopo), Hugo Alem (Etiope) y Carlos Risso (Capitán).

Mimí interviene en 1960 en Títeres del mundo nuestro, del victoriense Gaspar Benavento, y en el “Teatro de verano”, en la costanera media del Parque Urquiza, en la farsa en dos actos de Federico García Lorca La zapatera prodigiosa[1]; en 1961 en El malentendido, de Albert Camus, dirigida por su padre, que mantendrá dos años en cartel en el espacio propio de Paraná.

Bonita, graciosa e inteligente, esta actriz culmina su formación con el maestro Oscar Fesler durante la estadía de éste en la ciudad de Santa Fe. En oportunidad de entrevistarla, ella bien recordaba y con entusiasmo esas clases y pedagogías, así como ejercicios que la convertirían en mejor actriz. Mimí era una de las jóvenes que durante los ’60, participaba de Los días felices, de Claude Puget, y Fiebre de heno, de Coward, dirigidos por Rolland. En la pieza de Claude André Puget, Mimí Santángelo compuso a Lily.

Entre los años 1958 y 1963, Mimí hace de Silvia en Delito en la isla de las cabras, de Ugo Betti, en una remozada versión escénica del grupo, así como también integra repartos de las populares Farsas anónimas medievales de origen francés.

Posteriormente produce Mimí Santángelo espectáculos para y con niños –Pedro y el lobo, entre otras piezas-, y durante un tiempo se desempeña también como funcionaria del gobierno local, dirigiendo el Teatro Municipal 3 de Febrero, de Paraná.

Orgullosa de la carrera grupal y personal en el teatro, conservó parte de su memoria gráfica y permitió la difusión de la importante actividad independiente de aquellos años. Sus aportes, pues, exceden la labor interpretativa, y dan cuenta de su compromiso cultural y con la memoria escénica de la provincia.

El 22 de diciembre de 2020 falleció en Paraná. Vayan con estas palabras que repasan lo más destacado de su trayectoria, nuestro tributo.


[1] Véase “García Lorca en el Parque Urquiza”, ¿El Diario?, Paraná, sin fecha, Fondo Casacuberta, Archivo propio.

 

 

 

 

 



[1] Véase “García Lorca en el Parque Urquiza”, ¿El Diario?, Paraná, sin fecha, Fondo Casacuberta, Archivo propio.

martes, 30 de marzo de 2021

Nuevas reseñas

Tres décadas revisitadas

Esta antología - Lo disperso reunido. 30 años de periodismo teatral, de Gabriela Borgna- es, para uno de sus prologuistas, “un gran acontecimiento en la cartografía del teatro argentino y latinoamericano, en la historia cultural de post dictadura”. En efecto, como señala Jorge Dubatti, un libro “de batalla cultural, contra el vacío y la trivialidad”. También introducen con elogios este trabajo de Borgna, José Luis Valenzuela y Carlos Pacheco, quienes repasan momentos con la investigadora y hacedora, viajera empedernida radicada en Catamarca.

Las notas escogidas por la autora, abarcan muchos temas de distintas territorialidades, pero en todas se encuentran muchas virtudes que hacen del nuevo libro, una buena y sorprendente apuesta y puesta en valor. Por un lado, la frescura, vitalidad y talento de la cronista, reconocida por sus publicaciones en medios nacionales y del INT; por otro, la necesaria memoria de fenómenos, sobre destacados creadores, respecto a reuniones o festivales históricos.

Todo lo observa Gabriela Borgna - que un día se cansó un poco del rock y del ajetreo de Buenos Aires-, con penetración y gracia, sean los primeros experimentos de La Organización Negra, o el Quinto Festival Iberoamericano de Cádiz; sobre Alberto Moreno –a quien llamó La perla del Oeste- o sobre Los invisibles, de Gregorio De Laferrère y Francisco Javier.

Cada artículo, entrevista o cobertura, tiene un detalle o algo para informar que el lector sin duda agradecerá, apenas recomience la distribución de la pequeña editorial norteña. Sí, una trayectoria y una mirada insoslayable del país teatral, que deseamos tenga su continuidad en un segundo tomo futuro.

Pasaje para un territorio

Un nuevo volumen de/sobre la historia teatral entrerriana, será presentado el próximo 6 de mayo en la Editorial de Entre Ríos (25 de junio 39, Paraná).

Se trata de una compilación del autor de Entre ríos y teatros (Azogue Libros, 2020), afectado con alguna demora, entre otras causas, por la expansión pandémica del COVID.

Mas si esa tardanza no impidió que la editorial oficial pudiera llevar adelante un proyecto largamente acariciado, una tarea que recorre más de veinte años de Meresman dedicados al estudio y análisis del pasado teatral en el Litoral, deberemos convenir que es una anécdota que no opaca una preciosa edición reciente.

Es el caso de estos Escritos sobre teatro entrerriano, que al decir de Fernando Kosiak “plantea un trabajo que nos invita a conocer y a redescubrir el teatro de nuestra provincia, de sus letras, sus espacios transitados y sus escenarios”.

Una rara heterodoxia explica el contenido miscelánico del volumen de Guillermo Meresman; los textos fueron originados en jornadas, coloquios y congresos académicos nacionales e internacionales, combinando así artículos inéditos con notas aparecidas –la mayoría de ellas- en soporte digital. Así el caudal enorme de nombres, fechas y territorialidades, encuadra en una suerte de “puesta en presente” de acontecimientos sociales y más específicamente culturales de Entre Ríos, desde mediados del siglo XIX hasta el presente, pese a no aspirar a ninguna “totalidad” absoluta. La muy extensa tradición teatral local, las estrategias de difusión de los numerosos creadores y agrupaciones, las elecciones estéticas e ideológicas y sus motivaciones, los cuerpos, las palabras y las cosas de nuestra identidad, los patrimonios del habla y los lugares; los cruces, las fronteras y las ceremonias propias; los trastos, las telas, las luces: demasiado para dar cuenta en pocos capítulos, de esa manía o esa pasión; de sus cambios, transformaciones o permanencias.

El libro, que concentra unas 264 páginas de fácil lectura, -del director de la revista La Otra Butaca que está cumpliendo diez años-, y docente de Uader, tiene acaso otros méritos más: venir precedido por una distinción de la Secretaría de Cultura de la Nación en 2018, y sumar una extensa bibliografía y un Anexo fotográfico que acompañan los temas de cada capítulo y así contribuyen a divulgar documentos fundamentales del patrimonio escénico y comunitario de la provincia, o del país todo.

lunes, 29 de marzo de 2021

Apuntes.

“Como un león” acerca una mirada comprensiva 

Mónica Borgogno

Foto gentileza de G. Bendersky
Saltar al camino, a la calle, a la ciudad, como un león, encarar la vida como una fiera salvaje, para que nadie atropelle, para que los dolores sean más leves, para que no se crean que los que menos tienen, menos piensan. “La vieja me pregunta siempre en qué diablos estoy pensando. La pobre vieja lo pregunta porque en realidad cree que no pienso en nada. Sin embargo tengo siempre la cabeza tan llena de cosas que no me sorprendería si un día de estos salta en pedazos. Estoy seguro de que si la vieja supiera lo que pienso realmente se caería de espaldas. Digo esto justamente cuando oigo el sonido que pasa sobre mi cabeza, porque a nadie que me mire se le puede ocurrir que me anden tantas cosas por la mollera. Sin embargo, somos una familia de pensadores”, dice Haroldo Conti en el cuento “Como un león”, que Gustavo Bendersky (del Teatro Compañía de lo Urgente) reconvierte en pieza teatral. 

Pensantes

Se trata de un trabajo que actualiza el concepto de pobrezas e infancias desde la historia de un niño en la frontera con la adolescencia, capaz de decir, contar, denunciar, cuestionar, valorar lo que tiene, llorar lo perdido. Todas operaciones que el resto de la sociedad niega o no ve, como esas maestras que quieren formar “hombres de bien” o esos padres que hacen lo que hacen “por el bien” de los hijos. Como si las familias y las instituciones educativas como generalidades, ordenarían todo, menguarían inequidades. En realidad sólo un adulto referente constituido como tal por el cariño, como en la historia de “Como un león” lo es ese hermano que lo empuja a la promesa de no abandonar la escolaridad, puede transformar. 
En la obra precisamente se deslizan críticas a esa hipocresía social, pero también al accionar abusivo de la policía, al abandono de los cuidados y protección de los/las más vulnerables. Ese cuestionamiento de clase, hoy, arriba del escenario, no es demasiado visto y resulta significativo, lo torna acaso más conmovedor aún. Es un teatro necesario porque señala lo que la política y sus dirigentes no ven y desatienden. 

Lo político en escena 
La propuesta concentra una serie de méritos y desafíos a la vez. En la columna de los aciertos se encuentra la actuación misma de Bendersky que entra y sale del personaje o los personajes que representa para interpelar a quien está mirando, esas imágenes a contraluz arriba de una cucheta revuelta, el modo en que explota los sentidos y sonidos de esa guitarra que lo acompaña en distintas escenas. Entre los riesgos, tal vez están esas mismas entradas y salidas, los momentos en que el actor rompe la cuarta pared que a veces atenta contra el clima de lo que se viene compartiendo y otras, colabora en quitar peso a la miseria y el dolor. No obstante, para que no queden dudas, el personaje del niño está y con rasgos notorios de un estudio o conocimiento de esa singular realidad que según comenta el propio actor, llegó como un aporte significativo de la mano del trabajador social y actor, Sebastián Vázquez que fue su asistente de dirección. 
El ser y hacer desde una cama hecha un revoltijo, los dedos en la nariz, un hablar atolondrado, el desarmar y armar objetos de la calle para transformarlos en otra cosa, son apenas algunas marcas y gestos de este Tarumba, tal el nombre de este personaje. 
En tanto, los fragmentos de la música elegida parecen potenciar las emociones y empatía con este pibe de cualquier barrio en las márgenes de la ciudad. 
Del lado de la recepción, es inevitable asociar con otras obras como “Llanto de perro” de Andrés Binetti –en la versión del director mendocino Juan Comotti- o “Representación nocturna del marqués de Sebregondi”, que gira en torno al cuento de Osvaldo Lamborghini: “El niño proletario”, realizada por el rosarino Matías Martínez. En las tres se observa una profunda crítica a la burguesía y la negación, abuso o aniquilación del cuerpo del otro. No son las historias que más abundan. Por eso, y en particular con “Como un león”, por el momento político y social en que esta obra emerge, será difícil de olvidar. Los cartones intervenidos y tan coloridos de Lucas Mercado, presentes solo hacia el final de la obra, cuando dejan de ser lo que son y se reconvierten, devuelven cierta esperanza. 
Una no se va con una mirada compasiva, sino comprensiva de otras existencias que es preciso mirar. Finalmente, cabe subrayar que la puesta sea en Casa Boulevard: el nuevo espacio cultural de cara a las vías que atraviesan Paraná, en una zona de frontera de la centralidad, donde unos pasos más allá están esos mismos niños que hay en escena. Cómo impactará esta obra en un niño/a de 13 años de dicha zona, es un interrogante que más de uno podrá hacerse al salir de la sala…

jueves, 25 de marzo de 2021

Reseña

 “Artigas, el otro”, ese que te hace pensar en la libertad

Mónica Borgogno 

La dupla Juan Kohner-Andrés Maín está demostrado que funciona. Son dos buenos actores que reparten y exhiben, casi obscenamente, mil y un gestos, posibilidades. Esta vez se los vio en “Artigas, el otro”, una producción de Teatro del Bardo que estrenó en septiembre de 2019, luego vino la pandemia y congeló las actuaciones, giras, escenarios: no pudieron hacer más funciones hasta el sábado 13 de marzo de 2021, fecha que constituyó una suerte de “segundo estreno”, si cabe tal figura.

Juan Kohner y Andrés Maín, dirigidos por G. Trevisani.

Una urna en el medio de todo y dos Blandengues en torno a los restos del prócer, para resguardar la integridad de unos huesos o contagiar respeto por esos que levantaron banderas y pelearon por ideales. Con esa imagen y algo más, podría decirse que comienza esta pieza teatral. Al costado del escenario, un micrófono y atril, indica que todo estaría listo como para un homenaje que en realidad no sucede tal como se lo espera.

Con humor y guiños al público, empieza a rodar otro tributo al militar y estadista rioplatense, en el que los integrantes del cuerpo de Blandengues repasan traiciones, amistades, gestas, acciones, palabras. En esa mirada retrospectiva no falta el cuestionamiento a la cristalización de algunos próceres argentinos, la patria, la identidad o las ideas de libertad o república que a los ojos del hoy suenan tan lejanas como imperiosas a la vez.

La historia cobra otra fuerza en esta intensa y atractiva obra, cobra vida en realidad y eso es más que celebratorio porque nos reubica en el presente –o debería- y nos hace pensar en el porvenir e incluso las relaciones con los otros, otras. La Historia con mayúsculas se vivencia en la coloratura local que logran imprimir desde la dramaturgia, la dirección y un evidente y arduo trabajo de investigación y búsquedas de largo aliento, como marcan los actores.

Discursos y juegos

“Artigas, el otro”, hay que decir, está plagado de buenos detalles. Uno de ellos apenas, resulta pleno de significado y son esos huesos en escena, ya sean conservados, desparramados o convertidos en otra cosa. Con luces rojas, huesos en el suelo, el tumulto de unos caballos al galope que va creciendo y espesando el fragor de la batalla, y dos cuerpos que coreográficamente se desplazan, se recrean mágicamente unos emblemáticos combates. Hay huesos-caballos, huesos que suenan, huesos olvidados y huesos en movimiento o mejor, que es preciso mover.

El trabajo vocal de ambos actores, constituye otro aspecto destacable, pues sobresale en distintos momentos. Se luce Maín cantando solo y luego, los dos, contando a dúo otro pasaje histórico en clave de murga.

Detrás de la organización de todo el material escénico y la estructura dramatúrgica está Gabriela Trevisani, quien ya dejó demostrado sus dotes de directora en la premiada “El cruce”. Allí había encarado la adaptación de un cuento, acá, la directora hilvanó un sinnúmero de discursos de profesores e historiadores con mirada federal como Mauricio Castaldo, periodistas, biógrafos, adversarios y aliados de Artigas, que se adivinan con sólo mirar el espectáculo.

Hay palabras que se hilvanan en distintas escenas y se enuncian o denuncian con gracia y emoción para considerar en este presente que corre. Pueblo, traición, amistad, argentinidad, federalismo versus versión porteña de la Historia, son términos que aparecen para la reflexión de cualquier desprevenido, para seguir hablando cuando acaba la función, para seguir leyendo o profundizando con otras tantas lecturas más –como las del profesor Juan Vilar, por caso, un empeñado en escribir la Historia desde acá- o estudiar y discutir en la escuela. Rebelión, independencia, república, son otros significantes movilizadores. Y la negritud y los negros sumados a una causa común y noble, en escena, se aprecia acá como la reivindicación de un discurso y aportes negados por el pasado oficial. De este modo, la dramaturgia, mordaz y crítica, enuncia y denuncia con vivaz ritmo y hace revolear banderas acaso para que las enarbolemos de una buena vez o se nos hagan carne.

Tras un proceso de años de escritura y reescrituras, según contaron los actores al final del espectáculo -arrancaron hacia 2012 con el impulso de Kohner y sus investigaciones sobre el tema y por una u otra razón, se interrumpía el proceso creativo-, finalmente lograron cerrar y mostrar.

En suma, arriba de las tablas, se nota un consolidado trabajo actoral y de grupo. Quienes no la pudieron ver aún, tienen oportunidad de hacerlo el viernes 9 y viernes 16 de abril a las 21 en la Escuela del Bardo, sita en Almafuerte 106, Paraná.

lunes, 15 de febrero de 2021

Dos que trascendieron la llanura

Rafael Bruza fue actor, director, dramaturgo y también gestor de políticas públicas desde cargos que ocupó en el Instituto Nacional de Teatro (INT). El 5 de febrero de este año, fue su fallecimiento y siete días después, ocurrió la muerte de su colega y compañero de ruta durante muchos años, Jorge Ricci.

Así, la región Centro Litoral, quedó huérfana de referentes teatrales, tal como manifestaron algunos actores, actrices y estudiantes que tuvieron el gusto de conocerlos, ante una y otra pérdida.

Ambos teatristas llevaron adelante el grupo Teatro Llanura por más de 40 años desde el que montaron piezas como El clásico binomio, Actores de provincia, El encanto de las palabras, El cruce de la pampa, Café de lobos y La chatita empantanada, entre otras. Con varias de ellas salieron de gira, cruzaron el charco y pudieron verse en escenarios de Paraná.

Así la provincia de Santa Fe y la gente de la cultura, quedó de luto. No obstante, las noticias impactaron en los hacedores del teatro de toda la región, porque ambos tuvieron recorridos muy parecidos: actuaron, escribieron, dirigieron, formaron y gestionaron en diversos ámbitos y ciudades.

Bruza por caso, es bien recordado por los rafaelinos porque allí dirigió en dos oportunidades al conocido elenco del Centro Ciudad de Rafaela que funciona en el Teatro Lasserre, para montar un texto de su autoría La elección de Román (2007) y años antes, Ivonne, princesa de Borgoña de Witold Gombrowicz.

Y su composición de Tatita en Terrenal, de Mauricio Kartún, -entre otras- será difícil de olvidar por espectadores de todo el país y los lugares del mundo por los que giró esta obra.

En tanto Ricci, vino en distintas ocasiones a Paraná para participar de debates o charlas con colegas y jóvenes estudiantes entrerrianos y en los últimos años, se lo vio actuar por estos lares junto a Juan Carlos Gallego en Con el agua al cuello, dirigidos por Luciano del Prato y la asistencia de Luciana Obaid.

Teatro y universidad, cabe agregar, no fueron conceptos ajenos a estos dos hombres que aquí intentamos recordar. Los dos estaban igualmente preocupados por formar a las nuevas generaciones, así como acompañar debates productivos para el campo teatral y lo hacían desde los espacios independientes, los cargos públicos o la inserción en la docencia universitaria.

En fin, con estas someras y acotadas palabras va un sentido homenaje a estos apasionados teatristas.

sábado, 6 de febrero de 2021

Perfiles. Biografías del teatro enrerriano

 

Miguel Ángel Pepe

(Concepción del Uruguay, 10 de agosto de 1925- 1 de febrero de 2021)

Vecino destacado, distinguido en su ciudad natal el año pasado, socialista y cooperativista convencido, teatrista y escritor, docente, arqueólogo amateur, precursor independiente, este febrero pandémico ya se cobró la vida del nonagenario Miguel Ángel Pepe. Su partida motivó sentidas despedidas sobre la costa uruguaya, destacando su vitalidad pasados los ochenta, su don de gente, humor y calidez, su participación en importantes instituciones locales.

En efecto, Miguel Pepe, tercer hijo del matrimonio de inmigrantes italianos del sur, acompañado por su mujer y compañera Yiyí, hasta la partida de ella en 2014, originó innumerables iniciativas y experiencias para su comunidad, que tuvieron alcances provinciales.

Llama la atención, de todos modos, que en algunos textos biográficos actuales, no se aluda a su intensa actividad cultural y particularmente escénica, de su juventud.

Luego de completar sus estudios primarios y secundarios en la Escuela Normal de La Histórica, Miguel viaja a terminar de formarse en La Plata, donde cursa cátedras en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional y toma primeros contactos con militantes del movimiento de teatros independientes, durante cinco años. Su aprendizaje como agrimensor es pues simultáneo con la asimilación de ideas de Leónidas Barletta, Pedro Asquini y otros pioneros y pioneras teatrales, y estos años de formación intelectual serán gravitantes al regresar a su terruño en 1950.

Ya en Concepción del Uruguay impulsa distintos emprendimientos, y especialmente funda el grupo La columna (1955- 1962), que desde su inicio considerará Teatro Libre. Integrándose a la Federación de Teatros Vocacionales Federados de Entre Ríos, que Héctor Santángelo desde Paraná, Albertina Quintana de Gualeguay, Enrique Bugnone de Gualeguaychú y otros referentes animaban, con espíritu cooperativo, sus repertorios y prácticas dan cuenta de las preocupaciones que primaban en este “frente estético- ideológico” fundamental. La función pedagógica del teatro, la solidaridad y la búsqueda política de mejorar el mundo, se encuentran entre aquellos presupuestos comunes.

En el micro audiovisual Nombres Propios, realizado en 2015 por la Universidad de Concepción del Uruguay, Pepe retoma aspectos de su trayectoria vital y confirma cómo le gustaba que lo llamaran a sus noventa años: “Maestro”.

Repertorio

Debutó este actor y director, al parecer, con La zapatera prodigiosa, (1955) de Federico García Lorca, con vestuario de María Saravia y un elenco integrado por Ana Aduco, Teresa Bergara, José María Caffa, José María Contenti y Rafael Costa, entre otros.

Con escasos medios y en general un elenco de jóvenes, la envergadura de la pieza sólo permitió algunas pocas representaciones en salas y a cielo abierto. Cinco años después, el Teatro-Estudio Casacuberta de la capital provincial reprisaría el texto de Lorca con gran despliegue en el Parque Urquiza y otros espacios entrerrianos.

Luego estrenó Miguel Pepe el drama en un acto Donde está marcada la cruz, (1956) de Eugene O’Neill, (con Omar Naveira, Raúl Chappuis, María Saravia y Omar Acosta), y más tarde La columna Teatro Libre con su dirección, ofreció la obra reflexiva existencialista Las bocas inútiles (1957) dos actos de Simone de Bouvoir, que implicó de vuelta, novedades para el sistema teatral provincial, con un elenco integrado por Alicia Angió, Héctor Argüello, Rafael Costa, Zulma Firpo, Carlos A. Martínez, el nombrado Naveira, y el matrimonio de intérpretes, entre otros aficionados.

Hacia 1958 el grupo encaró aún otro desafío ambicioso: dieron a conocer la imperecedera Mateo, el grotesco en tres cuadros de Armando Discépolo, con dirección de María Saravia, y Miguel Pepe en el personaje protagónico, secundado por la propia directora en el personaje de doña Carmen, Zulma Firpo (Lucía), Hugo Petrone (don Severino), Héctor Mascotti (Chichilo), y Leónidas Benítez (Carlos).

Posteriormente, el grupo estrenó la Arlequinada, (¿1960?) del exitoso autor británico contemporáneo Terence Rattigan, que poco antes editara Fernando Sabsay en su editorial Losange Teatro de Buenos Aires, por recomendación de Pedro Asquini. Numeroso público disfrutó en la sala, según se aprecia en unas pocas imágenes que recuerdan las plateas de aquellas funciones locales.

Con algunas de estas puestas en escena, en las que las escenografías, el vestuario y los maquillajes también eran originales y propios, no pocas veces bien logrados, el grupo visitó Gualeguaychú y otras ciudades cercanas, e hizo funciones en la Biblioteca Popular de Concepción del Uruguay.

La columna Teatro Libre, continuó probando que el teatro independiente provinciano era posible, y que éste era un gran camino para enaltecer la cultura del lugar.

En fin, con estas palabras, queremos recordar la vida de un humanista, un hombre preocupado por el devenir de la propia sociedad en la que estaba inmerso y necesitado de hacer algo para propiciar cambios, desde el teatro, desde la docencia o el trabajo cooperativo y voluntario.


Imágenes y documentos pertenecientes al Centro  de Documentación Teatral Félix Gutiérrez, Concepción del Uruguay. Agradecimientos a Carina Resnisky.

 

jueves, 3 de diciembre de 2020

Nogoyá recordó a Juan Carlos Ghiano

En el Museo Municipal de su ciudad natal, el centenario del nacimiento de este prolífico escritor entrerriano, no pasó inadvertido.


Fue una jornada especial. Además de una charla alusiva, una vitrina particularmente iluminada con materiales de otros ciudadanos ilustres, inauguraba un sector con fotos inéditas y una buena parte de los libros de este autor.

Pese a que sus restos descansan hace treinta años en el panteón familiar del cementerio de la capital departamental, y que mantuvo Ghiano una estrecha relación con el lugar de su origen, el notable autor fue sentidamente recordado el pasado viernes 27 de noviembre, por autoridades del Gobierno de la Municipalidad de Nogoyá, familiares y lectores.

Precisamente en esa fecha, en lo que fue la llamada Noche de los Museos de Entre Ríos, se cumplieron cien años del día en que Juan Ghiano y Anunciada Magistrelli recibían al tercero de sus hijos, destinado a destacarse como escritor, docente y relevante dramaturgo entrerriano.

El vínculo con la provincia fue intenso, pese a que “el tío Carlos”, como cariñosamente lo recuerdan sus sobrinos y sobrinos nietos, se radicó varios años de su vida también en Catamarca, La Plata y la ciudad de Buenos Aires. Juan Carlos Ghiano terminó sus germinales estudios primarios en Nogoyá, pasó a hacer los secundarios en Victoria y se recibió de profesor de Letras en Paraná.

Como se sabe, escribió y estrenó sus primeras piezas teatrales allá por los ‘50, para los pioneros grupos independientes de la provincia –el Teatro Independiente Nogoyá dirigido por el notable Juan Fiorito, y el Teatro-Estudio Casacuberta de Paraná dirigido por Héctor Santángelo e integrado entre otros por “Pocho” Magistrelli, primo de Ghiano.


Fueron Fiorito y Santángelo quienes ofrecieron el drama de ideas en tres actos La puerta al río (1951) y la tragicomedia La casa de los Montoya (1954), pero el primer director reincidió con su amigo autor, con Antiyer (1966).

Si se le pusiera números a la producción de Juan Carlos Ghiano, a grandes rasgos habría que decir que escribió y publicó cerca de veinte textos dramáticos y alrededor de cuarenta libros totales de crítica, poesía y narrativa, y otros tantos prólogos, estudios preliminares, artículos y colaboraciones académicas.

Su más famoso y acaso mejor texto dramático, Narcisa Garay, mujer para llorar, tuvo distintas versiones luego de su exitoso estreno en Buenos Aires en 1959 -y tras haber cosechado el Premio Municipal de Literatura-: en Nogoyá (1978/1979, incluyendo giras por numerosas ciudades entrerrianas), Córdoba (la Comedia Cordobesa, 1970), Montevideo, y Paraná (1985, dirección de Raúl Kreig), entre otras, y pioneros estudios semióticos.

Otras tragicomedias notables fueron La Moreira, (compañía de “Tita” Merello), Corazón de tango (1968 por el Geituba, que incluyó gira latinoamericana en 1970) y Pañuelo de llorar en un acto.

Ahora, Los testigos, (1972) junto a las dos primeras piezas de Juan Carlos Ghiano estrenadas también en Rosario y Buenos Aires, integrarán el volumen en preparación por el Instituto de Artes del Espectáculo de la Universidad de Buenos Aires, dirigido por Jorge Dubatti, titulado Ghiano inédito.

Publicado en Madrid, en México o Lima, las contribuciones de Juan Carlos Ghiano se extendieron durante un cuarto de siglo a la docencia universitaria. Dictó cátedras y  seminarios en la Universidad Nacional de La Plata, charlas y conferencias en distintas oportunidades, y en 1976, fue recibido en la Academia Nacional de Letras por Manuel “Manucho” Láinez. “Un entrerriano de Buenos Aires”, se tituló el discurso de bienvenida.

En 1984 se publicaron las Páginas de Juan C. Ghiano seleccionadas por el autor, con estudio preliminar de Pedro Barcia y menciones a su prestigiosa y caudalosa carrera literaria.



Una muestra con numerosas ediciones de sus libros, fotografías, programas y afiches referidos a su dramaturgia, un retrato suyo permanente en la principal vitrina del Museo, una charla ofrecida por el investigador y hombre de teatro, Guillermo Meresman, como acercamiento a su obra y un puñado de boleros en el patio del Museo Municipal de Nogoyá, fue lo que la Secretaría de Cultura y Turismo que conduce Gustavo Zair, organizó como amplio homenaje a la memoria de uno de sus artistas más destacados, en el Centenario de su periplo biográfico.

Ahora los profesores Antonio Segura, Rubén Turi y Juan Carlos Ghiano comparten con Fiorito, Minaglia y otros gestores culturales de los últimos años, una valiosa memoria comunitaria en el Nogoyá de sus amores y soledades.

También las XXVI Jornadas Nacionales de Teatro Comparado, realizadas virtualmente entre el 1 y el 5 de diciembre, tienen a Juan Carlos Ghiano como uno de sus homenajeados, junto a Boris Vian y Carlos Gorostiza, todos nacidos según Natacha Koss en un 1920 “especialmente estrellado”.

En fin, los centenarios deberían servir para recordar, rendir tributo y así, acercarse a los escritos de este autor fundamental. Por eso, todas estas palabras y esta invitación a conocer a Ghiano a quienes todavía no hojearon sus libros.

 

Para apuntar

En el marco de las XXVI Jornadas Nacionales de Teatro Comparado, que se está desarrollando del 1 al 5 de diciembre, con un numeroso grupo de participantes de Argentina y otros países latinoamericanos, se podrá escuchar este viernes 4 a las 12 hs. la ponencia de Guillermo Meresman. Su trabajo, titulado “El teatro de Juan Carlos Ghiano y otros textos”, hará un repaso de algunos datos biográficos del autor de Narcisa Garay, mujer para llorar, una parte de su obra dramática y otros trabajos del descollante autor entrerriano.

A la conferencia virtual se podrá acceder a través del canal de youtube del IAE (Instituto de Artes del Espectáculo).

jueves, 10 de septiembre de 2020

Últimas publicaciones recibidas

Dos nuevos tomos de 

historia y creación teatral 


A mediados del 2011, muy poco tiempo después a la aparición de los dos primeros números de La Otra Butaca, Roberto Perinelli dio a conocer los dos primeros tomos de sus Apuntes sobre la historia del teatro occidental, en Inteatro, prologados por Jorge Dubatti.

Resultado de un largo trabajo como autor, y especialmente como docente de Historia del teatro universal, los voluminosos libros de entonces, ahora se completan con los no menos contundentes tomos III y IV, dando sólo estos aparecidos a mediados del 2018, un total aproximado de mil seiscientas páginas totales.

Esta es la extensión que Perinelli le otorgó a los teatros de los siglos XVIII y XIX: una muestra de las riquezas de los acontecimientos escénicos en ese largo período temporal, en Europa y América.

Se repasan los contextos de las creaciones de “el ciclo de la Ilustración”, (también en Hispanoamérica y el Río de la Plata), y su paradojal escaso alcance en las artes escénicas, y sus desarrollos posteriores. El último de los tomos se concentra en el decimonónico siglo, y en la emergencia del Romanticismo, el Simbolismo y luego el Realismo, como fenómenos estéticos principales.

Munido de una actualizada bibliografía, de un conocimiento profundo de técnicas dramatúrgicas, actorales y de dirección, el autor sintetiza en amena redacción, rasgos sociales y personales de los creadores, atendiendo con particular empeño al hecho teatral en sí –sus particularidades, su recepción, su despegue de la literatura dramática. Como definió su antiguo prologuista, son laboriosos libros de Teatro Comparado, que vienen a nutrir poderosamente el estudio de teatristas y el interés de aficionados a “las tablas”. Por otro lado, pocas son las objeciones que los eruditos podrían hacerles a estos Apuntes...s bien al contrario, podrán coincidir con las fuentes y varias de las  interpretaciones de Roberto Perinelli y agradecerle su sinceridad, entrega y pasión por los teatros y sus historias.

En tiempos de cuarentena, además, se puede leer sabrosamente cada volumen y dedicarle las horas, los meses que requieren.


Otro Incompleto 

llega desde Córdoba

El destacado teatrista cordobés Jorge Villegas, ha publicado hace apenas unos meses, el tomo segundo de su teatro histórico-político. Una más que interesante publicación que contiene dos de sus textos dramáticos –Maten a Rosas, y ¡Argentina Hurra! (Pensé que se trataba de cieguitos), ambas estrenadas en el 2015.

Un estudio preliminar experto está en manos de Germán Brignone, notas de los estrenos y una esclarecedora y atractiva charla con su colega coterránea Soledad González, completan la esmerada edición de la pequeña editorial cordobesa Ediciones Del fogón.

“Desde su clave de representación hasta las construcciones de sus personajes, desde el desdoblamiento de las formas metateatrales y el distanciamiento, la perspectiva del drama asume el relato de la historia como un absurdo signado por sus contradicciones que se mueve entre la desolación y el desparpajo –señala Brignone acertadamente-; un payaso triste, que ríe de forma cruel porque no le queda otra. El relato histórico (sobre todo, el de una herida que aún parece no cerrar) sólo puede iluminar al presente cuando se la asume como un sainete lisérgico de ideales en disputa que nos devuelve su reflejo; nuestra dolorosa y cercana historia sólo puede ser representada de manera activa cuando expone la contradicción como expresión verdadera de nuestra identidad, incluso dentro de nosotros mismos.”

El creador de Esdrújula, palabras para Bonino (2016) y profesor de historia que es Villegas, permiten entrever en este nuevo libro una parte sustancial del proyecto creativo de uno de los referentes de la llamada “generación intermedia” del teatro argentino. Originalidad y un pensamiento que rehúsa entrar en lo políticamente correcto, hacen que Jorge Villegas ocupe un lugar central en el teatro nacional de este siglo.

Y como si todo esto fuera poco, hace apenas unos días que Jorge con la editorial han dado inicio a un ciclo con teatristas argentinos al que han llamado Sobretablas. Conversatorios virtuales sobre teatro y pandemia, que ha estrenado la mencionada artista Soledad González, y continuado BiNeural Monokultur. Otro nuevo espacio de difusión y reflexión, vinculado con las prácticas escénicas.

 

martes, 8 de septiembre de 2020

Teatro en tiempo de pandemia

 La tortuga, por la plataforma teatrouaifai

Mónica Borgogno

Con esta pieza de Marcelo Allasino, se abrió el sitio teatrouaifai.com y con él, otra dimensión y posibilidad para el teatro en tiempos de salas cerradas, otro modo de seguir actuando y dirigiendo, otra expectación posible y otra forma de seguir reinventando y creando y viviendo de… cuando desde hace meses, si no es la economía es la salud la que confina y mata.

La idea de teatrouaifai.com surgió del mismo Allasino, actor, director, ex director del Instituto Nacional de Teatro. En la actualidad, la plataforma ya ofrece seis obras en cartel, entre las que figuran dos coproducciones de Argentina y España y una de México, por caso.

La propuesta mencionada permite ver teatro en vivo pero desde la pantalla de casa, que es lo único que (prácticamente) se puede hacer por el momento (en algunos lugares se volvió al teatro con distancia entre butaca y butaca y barbijo mediante).

No obstante, hasta aquí, habíamos asistido a funciones de obras filmadas a una o dos cámaras, recuperadas, reproducidas o leídas. Más la asistencia a una función en vivo de Los persas, de Esquilo, que emocionaba sobre todo por la calidad de las actuaciones que se hacían en el Antiguo Teatro de Epidauro, en la cuna del nacimiento mismo del teatro, en Atenas, Grecia. Terminé en estas últimas experiencias confieso, sólo porque eran obras de las que muchos hablaban, que me las había perdido, por curiosidad, pero en la mayoría de los casos, no lograba llegar al final, me distraía demasiado, ya sea porque no se escuchaba bien, un director de cámara decidía a quién enfocar mejor o simplemente porque no era en tiempo presente y eso me distanciaba de la obra. Cuando precisamente, la asistencia a una función, es convivio y territorialidad.

Pero acá, no pasa nada de eso. Uno se prepara para el ritual del teatro en vivo, la ceremonia de ir a una sala que por estos días tanto se extraña. Una se perfuma, se acomoda un poco los rebeldes rulos, se cambia la calza de todos los días y en este caso, se acomoda en el sillón más cómodo. Aunque hay quienes cuentan que lo han vivenciado con la notebook y desde la cama. Unos desde Oro Verde y otros desde Japón, con la misma curiosidad y ganas de volver a ser espectadores, pasar por la misma adrenalina de presenciar ese riesgo del actuar en vivo. “En el escenario hay siempre ese rasgo de accidente, de azar. La escena es espacio de fragilidad humana”, recuerdo bien decir a George Banu y su apología del teatro.

Aquí, hay un sistema pergeñado para que el espectador pueda pagar la entrada y a través del envío de un link, se acceda a la función en el horario estipulado. A diferencia del ¿teatro pre pandemia?, la cita es puntualísima.


Ya predispuestos a disfrutar, uno se ríe a carcajadas con esa boca roja de Matilde Campilongo que ríe y parece temblar a la vez, se reconoce en la búsqueda del contacto del otro detrás de una pantalla, se deja llevar por su sensualidad, y también sufre con sus confesiones, sus padecimientos, sus locuras, sus miedos.

La tortuga, unipersonal protagonizado por Matilde Campilongo, ya lleva 26 funciones y un total de 451 espectadores.

La historia que se cuenta es la de una mujer de más de cincuenta años y un tumor en la matriz -o en la maternidad más bien-, que en diálogo por videoconferencia con una vieja amiga de la adolescencia, recuerda un amor y un embarazo no deseado. Es tal vez, la historia de viejos dolores hoy transformados en agujeros.

Campilongo sostiene, hay que decirlo, tan en primer plano, un personaje increíble. También se aleja de la cámara, sale del cuadro o muestra sólo sus piernas, pero cuando se va, sólo nos hace desear que vuelva al primer plano, tenerla cerca. Es la corta distancia y la copresencia que nos falta.

Capítulo aparte es ese atuendo que porta y que semeja una bata pero de tan colorida y única, impacta y luce como signo de los retazos de todo lo que fue y es este personaje.

Una de las cosas más sorprendentes es que el monólogo en cuestión, fue escrito mucho antes de que las videoconferencias tengan el protagonismo que hoy tienen pero además, es una historia que enuncia una femineidad o varias, la estela de la adolescencia y la sexualidad mal barajada, las amistades, los amores, los hijos y los no hijos.

Después de la experiencia, nos quedamos a aplaudir y hablar con la actriz y el autor-director, a través de la plataforma zoom, que termina completando la novedosa propuesta. Primero no andaba mi audio, después sí, y finalmente pudimos establecer contacto a la distancia, no menos real que lo vivido en la función, para decir que nos había impactado y felicitar a sus hacedores/as.

Hagan la experiencia, ¡se lo recomendamos!

martes, 21 de julio de 2020

Nuevas reseñas aisladas e invernales


Publicaciones recibidas

En los dos últimos años, Inteatro, la editorial del Instituto Nacional del Teatro, produjo un significativo número de títulos en sus distintas colecciones, que aún siguen distribuyéndose y llegando a las manos de los teatristas y bibliotecas de buena parte de la Argentina. Llegar a las manos es sólo una manera de decirlo, ya que casi todo este material está digitalizado y se encuentra on line, en pdf que circulan de pantalla en pantalla en estos tiempos de cuarentena.
Con renovado diseño y difundiendo múltiples voces de creadores, gestores y profesionales de la escena, sus ediciones son muchas veces necesarias o útiles, y pese a que los textos no tienen circulación de venta en librerías, su distribución nacional e internacional y su óptima calidad de producción –pese a que su Corrección más de una vez fue cuestionada-, son por demás de seductores para los autores y autoras del país. Generalmente las ediciones de Inteatro son de tiradas importantes –unos 2.500 ejemplares por título en las primeras ediciones-, aunque no todos los miles de escritoras y escritores argentinos, atendiendo a la poderosa tradición dramatúrgica y teatral de esta Nación, y a su época contemporánea, tienen iguales oportunidades de publicar allí. Los numerosísimos participantes a los concursos de dramaturgia que organiza el INT, y los también abundantes trabajos que se realizan por afuera de Inteatro pero con apoyo del organismo para su financiación, son apenas un índice del volumen de producción escrita que hay en torno al teatro. Sería deseable que se empiece a dar una política de inclusión de textos y artículos en los distintos espacios editoriales del INT con una óptica acaso más federal.
En fin, daremos cuenta aquí de algunos ejemplares que recibimos antes de la pandemia, pertenecientes a dos de las colecciones más importantes de Inteatro: la de Historia Teatral, y la de Premios.

Historia teatral

Desde los orígenes mismos del organismo, Inteatro propició la revalorización de algunos de los críticos, historiadores e investigadores teatrales argentinos. Así, se realizaron reediciones de textos, homenajes y ediciones aún de nuevos estudios sobre las artes escénicas del país.
Uno de esos proyectos fue el de crear una nueva Antología de obras de teatro argentino –justamente- desde sus orígenes a la actualidad, con Selección y prólogo de Beatriz Seibel. 
Un plan ambicioso que la destacada historiadora llevó a cabo hasta el final de su vida. Sin exclusiones definitivas, tal vez, se pretende difundir ese rico patrimonio con piezas olvidadas, difíciles de conseguir o inéditas, que se supone merecen ser revalorizadas. Con clara definición por el teatro porteño, y una mirada no siempre dispuesta a reconocer algunos hitos del teatro argentino producidos en las provincias, la Colección no obstante incluye algunos textos fundamentales para entender los cambios del sistema teatral rioplatense, a lo largo de casi dos siglos.
Seibel alcanzó a que esta Antología llegara hasta la década del ‘40. Justo cuando en muchas de las provincias amanece el Teatro Independiente Histórico, cuando el teatro profesional descubre nuevos valores y algunos de sus protagonistas pasan a adquirir un creciente protagonismo en los sucesivos gobiernos y políticas culturales.
Los tomos que van del XIII al XVI, abarcan dos décadas de las posteriores a la llamada “época de oro” del teatro argentino. Luchas de clases, inmigración, nacionalismos, anarquismos, son llevados a escena, como luego lo son la depresión, la falta de trabajo, la disolución de las familias o las crisis de entre Guerras. Fantasías, sainetes, grotescos, misterios y comedias asainetadas teatralistas, se diferencian del habitual realismo de nuestro sistema teatral, buscan distinguirse de los nuevos dramas inocuos.
La premiada investigadora repasa con afán sintético o periodístico, algunas tendencias, compañías y giras, y nombres insoslayables, en unas preliminares páginas introductorias.
El tomo XIII corresponde al segundo volumen del período 1921- 1927, y lo integran cinco piezas atractivas: La Cuarterona de Juan Agustín García, La Juana Figueroa, del notable pampeano Pedro E. Pico y el entrerriano Samuel Eichelbaum, la versión del Juan Moreira del genial Alberto Vaccarezza, La tierra en armas, del ilustre salteño Juan Carlos Dávalos y San Juancito de Realicó, del mencionado Pico.
En tanto el tomo XIV aporta cuatro comedias, de las cuales tres son, creemos, significativas: Botafogo, del capocómico Florencio Parravicini, y Los angelitos y Tucumancito, de José Antonio Saldías, hijo porteño del famoso historiador de la Confederación.
El tomo XV regresa a compilar cinco textos dramáticos valientes, valiosos e importantes: Puerto Madero, de nuestro clásico José González Castillo y Juan Coronera, ¡Santa Cruz!, de Pedro Zanetta y Alfredo Suárez, El organito, de Enrique y Armando Discépolo, y de éste último, sus grotescos criollos Mateo y Stéfano, considerado ésta su obra cumbre.
Fallecida hace dos años la reconocida investigadora, resta saber hoy con quién continuará Inteatro este programa antológico y cuáles serán los futuros títulos de esta Colección de Historia Teatral, tan indispensable.

Premios

Esta otra colección también ha permitido el acceso a un notable grupo de teatristas, tanto de las artes escénicas para niñes, como para toda edad. Los resultados del último Concurso Nacional de Obras de Teatro, como su anterior – Teatro/ 20- distinguieron tres premios y tres menciones: El hombre de la silla, de Luis Miguel Arenillas; Fran, Flor y el león, de Roberto de Biachetti; La casa de las hermanas Sulfurosas, de Nancy Lago, y La niña que fue Cyrano, de Guillermo Baldo; Maravillas en el país de las Alicias, de Silvina Forquera y Javier Santanera y Pueblito, de Rigoberto Vera.
El otro tomo que alcanzó a distribuirse por todas las delegaciones del INT durante el 2019, trae conocidos nombres de teatristas, y atractivas piezas que esperarán, presumimos, por un tiempo, sus puestas en escena: Rohayhú, de Fabián Díaz, El día perfecto, de María Marull y Daguerrotipo de mercenario sarmientino, de Julio Molina, -tres textos sugestivos y plenos de hallazgos de tres jóvenes talentosos-, y las menciones a Los golpes, de Alfredo Staffolani, Filloas (entra Madre a la casa), de Pablo Di Felice y Un domingo en familia, de la consagrada autora Susana Torres Molina.