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viernes, 3 de julio de 2026

Rafaela, todo listo para el ritual de teatro de cada invierno

 Anticipo. En esta semana se dio a conocer la programación de la vigésima primera edición del Festival de Teatro de Rafaela y LA OTRA BUTACA fue invitada a vivirla de cerca, una vez más. Esta vez, se desarrollará del miércoles 15 al sábado 18 de julio.

 

Tras los discursos de apertura, el público
podrá reír con Ta chapita, de La Urraka.
En un formato más chico pero igual de intenso que siempre, así fue anunciado el Festival de Teatro de Rafaela que va por su vigésimo primera edición. 
Con la notoria ausencia como el bienio anterior, del Instituto Nacional del Teatro, las Secretarías de 
Cultura de la Provincia de Santa Fe y del Municipio anfitrión, se encargaron de respaldar uno de los pocos espacios de las artes escénicas nacionales que 
prestigian a sus invitados y ofrece una dinámica ya consolidada.

“La de este año es una edición acotada, con unos días menos, con algunas obras menos, pero resistiendo en una coyuntura difícil que estamos atravesando”, señaló Gustavo Mondino, director artístico del FTR, este miércoles luego de la presentación de la programación de este año.

Una escena de Voy con
mis amigxs a Saturno (Córdoba)

Como en la dos décadas anteriores, los cuatro días y noches que serán motivo de encuentros, reencuentros y emociones, llegan precedidas por laboratorios, nombres consagrados y una escena emergente que nunca faltó a la cita invernal en la Perla del Oeste santafesino. Variedad estética y obras que abordan temas de compromiso social, son algunos de los rasgos que definen y hacen que este festival destaque en la escena nacional, desde una pequeña localidad como Rafaela, de unos 120.000 habitantes.

Medida por medida de Shakespeare,
en la divertida versión de G. Chamé Buendía
Convertido en cuestión de Estado por voluntad y empuje de los mismos rafaelinos, el evento de las vacaciones escolares se multiplica en las esquinas, plazas y espacios, ofreciendo espectáculos populares y otros tantos de vanguardia; se potencia en las ruedas con periodistas y especialistas de toda Argentina y siembra reflexión, hermosura, tolerancia, integración y diálogo con la ciudad, siempre merced a un equipo de producción y gestión que está detrás, al cuidado de cada detalle.


Un modelo bien distinto en la gestión de lo público, como nuestra revista viene resaltando desde hace mucho, que en esos días de fiesta, sabe involucrar a cerca de veinte mil espectadores, movilizar elencos y agitar la vida comercial y urbana.

La rota madre que te parió, bajo dirección
de Gustavo Guirado, de Rosario.
Lo íntimo y lo próximo son otras aristas de las obras que suelen presentarse en este gran escenario argentino. Esa intimidad al apagarse las luces de sala y encenderse las de la escena, podríamos decir, son la contracara del sentimiento de algarabía y expectativas que provoca en muchos, la llegada del festival. Otra vez, las salas se verán colmadas y la comunidad predispondrá, vestirá o maquillará para asistir a un nuevo ritual de invierno: el de encontrarnos para emocionarnos, reír o despojarnos de prejuicios y banalidades. Porque las obras seleccionadas parecen apuntar a eso, a traer un poco de humanidad a través del arte.

La crítica de Luciérnagas resalta
la solidez del texto como la
integración de lenguajes escénicos.
 Entre los numerosos nombres y espectáculos –alrededor de veinte- que en este 2026 participarán de la edición 21 está Medida por medida (la culpa es tuya), la aclamada versión de Gabriel Chame Buendía sobre el texto de W. Shakespeare; Ta chapita de la reconocida compañía La Urraka de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires; el creador rosarino Gustavo Guirado con La rota madre que te parió; Voy con mis amigxs a Saturno del cordobés Santiago San Paulo. Esta última enuncia el asesinato por gatillo fácil de un joven en la Docta pero el espectáculo “propone una reposición del orden de la creencia, de la fuerza del deseo o de la fe, como un pase de magia, hacer aparecer un muerto en el teatro al modo de una manifestación o revelación mística, poniendo en valor las formas del humor y del afecto en la construcción de pensamiento”, anticipan los hacedores. 

También es más que prometedor Lo que se pierde se tiene para siempre, de Javier Berdichesky y Andrés Gallina sobre el universo literario de Alejandra Kamiya, con dirección de Anahí Berneri y las actuaciones de Enrique Amido, Marita Ballesteros, Sofía Gala Castiglione y Camila Marino Alfonsín.

Un juego fui, de los hermanos Venturini, 
llega desde Santa Fe.
Luciérnagas (sueño bastardo), de CABA, es otra de las propuestas programadas para este año, con un elenco de lujo, bajo dirección de Horacio Nin Uría y precedido de excelentes críticas.

De Casilda vendrá El Gran Merlot presenta El truco de la mujer sin cabeza, del grupo Kachivachis y Coyote, háblame de lo que viste, es una obra de danza teatro, de Córdoba, que resultó Mejor Obra de Danza Teatro en los premios provinciales Siripo 2025.

Para toda la familia, resalta entre otros, Un juego fui, de los hermanos Venturini, de Santa Fe y su grupo Hasta Las Manos, con títeres de máscaras y objetos. Y entre los clásicos, figura la versión rafaelina de La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca, con dirección de Marcelo Allasino.

 


miércoles, 10 de junio de 2026

Violencia es mentir

Guillermo Meresman


(Apenas un comentario a Mastroianni y el gas, de Gabriel Cosoy) 

No es frecuente en el medio local que un dramaturgo tenga la fortuna de interesar con su texto a otro colega, a algún director o directora teatral que desee montar su obra y a la vez, crear su propia versión. Pues este viernes se vio en el auditorio de la Escuela de Música, Danza y Teatro (Uader) la recreación del texto de Gabriel Cosoy, que hicieron  Jimena Lis González junto a los actores Azul (Achu) Balmas y Manuel Leiva.

Se trata de una suerte de comedia dramática muy entrerriana. Por ello la actriz, al finalizar y saludar y agradecer al público, resalta y enfatiza la entrerrianía de cada uno de los integrantes del equipo de producción: todos nacidos en esta provincia.  

La relectura del texto dramático, que es de una destreza y vuelo poético singular, nos hace topar con importantes preocupaciones del autor porteño radicado en Paraná que tal vez no están tan marcadas en la puesta actual como por caso: los campos inundados de soja, el movimiento turístico hacia Brasil o la cultura de lo importado. Es parte de su mirada crítica del mundo –claramente señalada por la presencia in crescendo de sonidos de maquinarias agrícolas, por caso-, y que aquí no aparece demasiado. En su lugar, la banda sonora, procura remitir al cine italiano y el sueño y proyección de ambos personajes.

Las imágenes y diálogos enseguida nos transportan a orillas del Gualeguay, más precisamente al camping Delio Panizza de Rosario del Tala, donde una joven pareja sueña con recuperar un viejo cine de la ciudad para convertirlo en un museo que rinda tributo al divo italiano Marcelo Mastroianni, y así gestionar cultura popular para todxs. 

Las dificultades de la gestión en un poblado cualquiera, o los intentos, fracaso y cansancio de un hombre común al peticionar sin éxito a las autoridades, conducen a acciones extremas y escenas delirantes, que hicieron reír a los presentes.

A base de la insistencia en engullir unos sanguchitos de mortadela, que se da en los parlamentos del comienzo de la obra, los actores van conquistando al público. Luego la intriga, siempre rebuscada y lírica, ágil pero a la vez con momentos de gran profundidad u oscuridad, discurre en un clima de cierto costumbrismo que no es ajeno, paradojalmente, a la acidez burlesca o satírica. Por su extensión, ese humor no coagula en comedia, por eso decimos que estamos ante una comedia dramática actual. Son esas dudas amorosas de la Chiqui, amante de Marcelo Arango, más sus pequeñas o no, expectativas de un poco de amor, y la visión de un comerciante repartidor de gas del lugar por dejar una huella, y en todo caso repartir cultura -otra cosa que no sea el mundanal gas de todos los días-, lo que logra quedar en la memoria.

Los matices femenino y campesino o provinciano que Balmas y Leiva, le imprimen a estos personajes, así como el juego de seguir la corriente o burlarse de las pretensiones del otro, sumado a su vitalidad, le dan un tono fresco a la puesta. La directora quiebra la escena estática de las reposeras en la arena, con distintas estrategias y eso se valora porque le da mayor ritmo al trabajo así como los juegos clownescos que suma a determinados momentos. Asimismo la propuesta acude a recursos y estilos asociados con el absurdismo –aunque tal vez no del todo potenciado-, y al cruce con el cine clásico italiano y las figuras de Mastroianni y Sophia Loren, con los cuales se entabla un diálogo escénico precioso. 

En escenas dispares, y con mayor o menor seguridad, Achu Balmas y Manuel Leiva, convertidos en intérpretes, encuentran aquí modulaciones, giros, acciones o muecas que nos llevan a la ficción, a la poesía y al teatro. Un desafío enorme y por demás de riesgoso por lo evidente, según nuestro punto de vista. 

 Horas antes de la función, cabe resaltar, el país ricotero asistía a las múltiples despedidas al Indio Solari y en su ciudad natal, una tristeza, un desasosiego húmedo que no parecía del otoño, aplastaba las frases y los cuerpos; los juegos y ceremonias. Vencer eso y todo, y cantarle a la vida como lo hicieron en el auditorio Walter Heinze de la Escuela Constancio Carminio, es más de lo que se pudiera pedir a un viernes frío de junio. Escuela abierta, escuela de todxs.

 

 

viernes, 5 de junio de 2026

Primeras jornadas para pensar en Teatro e infancias

Lo emocionante de compartir y encontrarse

 Entre mayo y junio, militando teatro y cultura, arte y memoria, patrimonio y soberanía, el Profesorado de Teatro con sede en la Escuela de Música, Danza y Teatro Profesor Constancio Carminio, preparó un cóctel insustituible.

Desde la Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Entre Ríos y con apoyo del programa del Fondo Económico de Incentivo a la Cultura, las Artes y las Ciencias (Feicac) de la Municipalidad de Paraná, los organizadores encabezados por Pablo Vallejo y Daniela Osella lograron encauzar demandas de sus alumnos y el campo teatral local y gestionaron talleres, mesas redondas y conferencias de referentes y estudiantes, muy concurridas por cierto. 

Cabe agregar que quien tuviera ganas de decir y aportar su experiencia en esta primera edición dedicada a pensar el teatro y las infancias, podía hacerlo sumando su ponencia. De esa manera lo hicieron diversos hacedores teatrales.

Asimismo se desarrollaron dos talleres, uno de Cabezudos y Máscaras coordinado por Juan y Manuel Venturini (Grupo Hasta las manos e integrantes del elenco municipal de títeres de Santa Fe) y otro de Teatro e Infancias a cargo de Verónica Spahn y Leandro Bogado (Grupo Montoto y Magoya de Paraná).

Nadie de los teatristas podrá decir que no se enteró de estas Primeras Jornadas porque los gestores difundieron por distintos medios las actividades gratuitas y sus deseos de encuentros. Muchos aún rehúyen esfuerzos de los agentes artísticos de perfeccionarse o profesionalizarse en las provincias, sin necesidad de ir a Buenos Aires: son los menos. Quitan colaboraciones a  todo lo rico que tiene la ciudad; pisan los brotes de las nuevas generaciones de creadores en la literatura, los teatros o las plásticas, por caso. Los más, crean espacios, inventan ciclos, se asocian y saben a quiénes acudir, cooperan con sus presentes para que el futuro no sea tan miserable, triste y torpe.


Entre los numerosos intérpretes y artistas de diversos campos que se hicieron presentes, egresados del Profesorado y docentes ya jubilados, participando en diferentes instancias de esta edición dedicadas a las infancias, estuvieron Marcelo Amorosi, Luciana Obaid,  Nadia Grandón como integrante del Consejo de Teatro Independiente de Entre Ríos (ConTiER), integrantes de la sala Saltimbanquis, docentes y estudiantes avanzados del profesorado en teatro e interesados en constituir una nueva Comisión Directiva de la Biblioteca Teatral del Centro Cultural Juanele Ortiz, entre otros.

A propósito, este espacio que lleva más de un lustro cerrado y que ninguno de los funcionarios del Instituto Nacional del Teatro ni de las gestiones locales se preocupó en activar, en el que dos décadas atrás se compartieron clases y lecturas, se ha reducido significativamente aunque sigue conservando uno de los repositorios teatrales más proactivos de la región.

Parece que ahora es tiempo de hacerlo andar nuevamente, de terminar de acondicionarlo de la mano de nuevas cohortes, de docentes y de teatristas. De intentar recuperarlo de la mano de la Secretaría de Cultura de Paraná, del ConTIER y de los ciudadanos. En una de esas jornadas, una estudiante alegó lo que se repite, lo obvio: que es un derecho y que la cultura y las artes entrerrianas no pueden ser tirados por la borda. Y todos asintieron y aplaudieron algo así como una resurrección, una reparación simbólica.

lunes, 8 de diciembre de 2025

Un Premio con Historia en el teatro argentino

El Premio a la Trayectoria de Teatristas de las Provincias que otorga desde 1997 el Grupo de Estudios de Teatro Argentino e Iberoamericano de la Universidad de Buenos Aires (GETEA), que actualmente dirige la Dra. Yanina Leonardi, fue entregado con otras distinciones anuales de la revista Teatro XXI el pasado 2 de diciembre en un acto en el Centro Cultural Paco Urondo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

La distinción, reanudada después de un receso de seis años, cabe recordar, es otorgada a personalidades del teatro del país federal, y mediante voto y debates de reconocidos investigadores de la vasta territorialidad argentina. Así, nombres fuertes de las artes escénicas, han cimentado un reconocimiento que, en los tiempos actuales, es doblemente valorado: expanden un procedimiento de legitimación en tiempos de agudas crisis en el Instituto Nacional del Teatro y otros organismos de cultura de la República Argentina, y recupera un hecho simbólico caro a la comunidad teatral.

Habiéndose reconocido en primer término al relevante autor Julio Ardiles Gray (Tucumán), un listado de muchos artistas y gestores de raíces y realidades provincianas, fueron agregándose y definiendo el perfil del prestigioso galardón que recibieron luego los maestros de las distintas regiones: Mario Mezzacapo, Carlos Catalano, Pepe Costa, Fanny Olivera, Jorge Ricci, Lito Senkman, Coral Aguirre, Naum Krass, Alejandro Finzi, Marcelo Marán, Alfredo Fidani y José Luis Arce, entre muchos otros reconocidos por su tránsito en la dramaturgia, la docencia y la investigación o la práctica y teoría de los teatros nacionales y sus cartografías.

Ángel D. Quintela

De Corrientes

En este 2025, el Premio a la Trayectoria regresó al Noreste, a la Mesopotamia, en particular a la provincia de Corrientes, que aún no había tenido distinguidos a referentes de su teatro. Otras provincias y ciudades del Litoral ya habían visto distinguir a los conciudadanos de Rosario, Resistencia y Formosa, entre otros lugares a los que ya viajó el diploma. El actor y director correntino, docente y gestor del teatro independiente, fue el número 27 en ser reconocido con el Premio a la Trayectoria de Teatristas de las Provincias.

Ángel Dalmacio Quintela, que es de quien se trata, inició su actividad teatral en la ciudad de Corrientes en 1980 y está a punto de cumplir 69 años de edad. Miembro fundador del grupo Teatro del Guarán, participó en más de cincuenta obras en los roles de actor o director y desarrolló una extensa carrera docente en la educación artística de su provincia. Realizó participaciones en cine y tv. Obtuvo distinciones nacionales por su trabajo y trayectoria. También durante seis años fue representante de la Provincia de Corrientes en el Instituto Nacional del Teatro, llegando a integrar el Consejo Directivo del organismo durante tres años, lo que le permitió conocer la gestión pública en el teatro argentino. En plena actividad, no ha dejado de seguir formándose y formando alumnos teatristas en la región del noreste.

jueves, 6 de noviembre de 2025

Bajo el imperio de lo minúsculo

 

Miradas en torno al teatro lambe lambe

Mónica Borgogno

Después de casi siete meses de trabajo intenso en el Taller de teatro lambe lambe que coordiné en la Biblioteca Encuentros de Oro Verde – de noviembre de 2024 a julio de 2025 aproximadamente-, de lecturas inspiradoras, la escritura de la propia historia, ejercicios de síntesis, pruebas de mecanismos, personajes, luces, colores, texturas, técnicas posibles, surgieron un par de creaciones que ya se encontraron con su público en el estreno que se hizo en julio de este año, y más funciones en ferias de la zona. A ellas se suma otra caja cuyo proceso no concluyó pero sabemos que lo hará en breve. Todas producciones de las que siento orgullo, sentimiento que me mueve a gestionar y querer mostrarlas aquí y allá, donde haya interés y respeto por lo que hacemos. Mientras tanto, nos pusimos a escribir, acaso para dejarlos con las ganas y se apunten para verlas en próximas funciones.

Las asistentes al taller, son todas artistas y docentes, meticulosas, curiosas, pacientes. Con distintas estéticas cada una asumió el desafío de hacer un lugar y tiempo en sus abultadas agendas y trabajo, para crear para otros/as, a sabiendas de que no era una tarea fácil. Se animaron a probar prototipos, compartir saberes con el resto, crear en forma conjunta, tomar decisiones y salir al ruedo junto al público.

“Espero titilante, sonrojada, animada, despierta, el turno para ver la cajita de mi compañera. Frente a mí, una caja que observo con ilusión, un pequeño espacio íntimo. Refugio. Mi corazón resuena, y escucho acompasado el latido de lo que hay allí dentro. Tum tum… Tum tum.

-Hay alguien aquí ? Tum tum, tum tum

-Estoy para ti.

Despierta sueño y me asomo al mundo íntimo de la titiritera, y recuerdo el mío...  juntas, nuestros procesos creativos. Juego despojada otra vez. Y digo gracias compañera, por rescatarme del mundo cotidiano, convocarme para compartir la sensibilidad que este minúsculo universo nos posibilita. Me atrevo a mirar desde la ventana, la vida en mayúscula”. Eso escribió y sintió María Elena Isaac, autora de la obra que bautizó Puntada de Hormiamiguita.

En tanto Alejandra Wild definió el proceso creativo del taller y sus resultantes, como una “invitación a buscarnos allí adentro de una caja, en una escena, en una acción, en un mensaje… Dedicarnos tiempo, asomarnos al encuentro con lo bello, lo simple, lo estético, lo necesario, para despertar emociones que a veces sentimos aletargadas ante la vorágine de lo cotidiano. Solo tres minutos nos bastan para vivenciar un viaje aquí y ahora de puro acontecer y sentir”.

Puntada de hormiamiguita, de María Elena Isaac

El universo de los bordados, hilos y lanas de colores que María Elena trenza de manera detallada ya sea en ese suelo verde de puntadas de aguja china por el que se pasea una suerte de milicia de hormigas (¿alienadas tal vez?), o bien los árboles, un hongo, una nube, una flor desmesurada y amiga, los personajes y su minúsculo vestuario, conmueven. Es un jardín tan único como la artista que lo pensó y a la vez, desbordante y apabullante, pero en el sentido de rico. Como espectadores, no queremos perdernos detalle de la visual que nos ofrece esa ventana-mirilla que se abre como una puerta mágica. Y cuando nos asomamos, enseguida nos sumergimos en un ambiente festivo, luminoso y colorido. No obstante, la historia acerca el gris del que trabaja sin pensar, repitiendo y en contrapunto, aparece quien quiere otra cosa para su vida, construir un palacio de raso brillante y rodearse de más amigos y menos jefes/as maltratadores/as.

Pareciera ser, simbólicamente claro, una puntada certera al corazón del capitalismo y sus consecuencias, a la producción en serie pero también, al decir de su autora, puede remitir a la marcha, a los cuarteles, a la vida militar de un pasado no tan lejano o guardado en la memoria más íntima.

El trabajo invita a detenernos a pensar y mirar el trabajo de los bichos de cada jardín, las alianzas, las resistencias, la ley del más fuerte y las estrategias de cada quien para repeler al enemigo o lo que nos puede aplastar o doler. Es una historia que siembra metáfora de esperanza y vitalidad, que apuesta a levantar o escribir otra historia, menos oscura.

“Ser diferente es más maravilloso de lo que pensamos”, escribe Melina Forte, otra de las lambistas del mencionado taller, y sigue así su lectura de la obra de su compañera: “Puntada de hormiamiguita nos convida un mundo mágico y colorido. Un mundo en el que nuestra protagonista por momentos se siente muy distinta, pero al mismo tiempo, se da a la búsqueda de su propia forma de vivir. Esta cajita nos hace pensar que ser uno mismo, una misma, es un tesoro que no debemos perder; y también hace que nos preguntemos si acaso en algún momento de nuestras vidas no nos hemos sentido distintos al resto del mundo”.

El viaje de Luci, de Alejandra Wild

La lectura de un haiku de Jorge Luis Borges, ese que dice "¿Es un imperio / esa luz que se apaga / o una luciérnaga?", más la consigna de pergeñar en lo posible una historia que toque algún aspecto referido al medio ambiente, dispararon la historia de un pequeño bichito alado.

De un monte cercano de telas verdes teñido de luz azul emerge una inquieta luciérnaga, mariposa o polilla, quién sabe, pero también una lechuza que espía, como los espectadores desde la mirilla, todo lo que acontece. Ese permanente movimiento de la protagonista contrasta con el de la lechuza, nada es tranquilo en ese mundo. Unas luces a lo lejos la distraen y hacia allí va. En esa aventura, surge otro mundo, otra escenografía plagada de detalles, historias y personajes que en fragmentos, dan cuenta de la complejidad humana, del aturdimiento de las ciudades, la contaminación lumínica y sonora, los personajes simplemente diversos detrás de cada ventana de cada edificio pero incomunicados unos con otros.

El personaje principal sale de su lugar de confort, podría decirse, para embarcarse hacia lo distinto y parecido a la vez, para salir de lo minúsculo a lo grande, para conocer otras luces y sonidos. El viaje de un universo a otro tiene sus peripecias, como todo viaje. De la mano de un reconocible Chopin en la banda sonora, el recorrido es más apacible aún e inconscientemente, invita a cuidar y preservar esos montes cercanos que nos rodean.

En la experiencia de Melina Forte, “Luci se pierde en un viaje, sin querer, explora un mundo que no conoce: la ciudad, sus ruidos, sus costumbres, sus peligros. El viaje de Luci, a través de imágenes que parecieran salidas de un cuento, es una invitación a reflexionar sobre la desaparición del monte nativo, cada vez más cercado vorazmente por las luces y edificios de las ciudades que crecen cada día delante de nuestros ojos”.

Rebelión en el monte, de Melina Forte

En este caso, una serie de personajes litoraleños, tejidos al crochet, hilvanan una historia que va al meollo de una preocupación creciente como lo es el desmonte. Aquí la autora eligió una escenografía que va cambiando a medida que transcurre el recorrido y exploración de un pichón, que sorprende con personajes que aparecen en el camino. Quien ve esta cajita se asoma a una intriga y una estética de hilos y lanas de colores, recordará los ojitos brillantes y patitas endebles del pichón protagonista, pero también saldrá de la función convocado para la acción, el reclamo, la unión que hace a la fuerza.

La música del Chango Spasiuk y los sonidos de la naturaleza de nuestra zona nos hacen internar en paisajes conocidos pero para revalorizarlos o en todo caso, valorarlos mejor. A veces por demasiado cercano, no vemos y descuidamos. 

Si los humanos no hacemos nada con la devastación que ocurre en nuestras narices, entonces damnificados y expulsados animales como el carpincho, el jabalí o una tortuga, tomarán quizás la posta como ese emblemático e inspirador monito parado frente a las topadoras de la selva misionera, para poner freno y que no le talen su/nuestra casa/hábitat.



Comentario a Una lucecita apenas, de Mónica Borgogno

Guillermo Meresman

La propuesta de Lambe lambe que se viene instalando por estos lares, tiene a la creadora de Una lucecita apenas, como a una de las precursoras del lenguaje en esta pequeña localidad a 6 kilómetros de la capital entrerriana.

No es teatro, ni teatro de títeres, en un sentido convencional y para los más ortodoxos de las artes escénicas. Sin embargo, podrá decirse que es una nueva disciplina de teatro en miniatura o un teatro chiquito de títeres, objetos o sombras, adentro de un dispositivo; que es novedad en la historia y que, al respetar todas y cada una de las leyes de las retóricas dramáticas, de la percepción de lo bello y de la inminencia de algo que… puede no ocurrir, se convierte como mínimo –y aquí sí el adjetivo es preciso- en un añorado hecho estético.

La transformación comienza apenas se levanta un telón o cortina de ventanita, y el espectador, solitario y vulnerable, anima a acercarse, alejarse o ladearse un poquito para un lado o para el otro, para adelante, atrás o los costados. Esa suerte de indefinición en sus ángulos y perspectivas, de inestabilidad espacial o temporal, es ajustadamente lograda en la inflamación que produce este hermoso y poético espectáculo de Mónica Borgogno.

Uno, pues, ese espiador serial de las cajas mágicas de los lambistas, se vuelve equilibrista en un juego emocional; trapecista de ilusiones e iluminaciones. El trabajo, en el que confluyen distintos lenguajes es de acertado tono; la unidad de la obra de arte o de la representación está salvada. La integración en esa experiencia total está guardada o resguardada en la memoria personal de cada espectador, del público todo.

Como en el teatro tradicional, ese que tiene más de dos mil quinientos años, las posibilidades de los espectadores de entender o comprender una sola cosa, es prácticamente inadmisible: toda historia, todo relato, toda fábula está construido de muchas y distintas cosas, y en esa complejidad, sienta sus reales. Pasa allí, y acontece, pero también sucede que pase en la cabeza (o tras los ojos y oídos del visitante, del externo a ese micromundo). Los tonos sepias y oscuros del exterior del pequeño dispositivo adelantan tal vez el habla de alguna congoja, el idioma de una habitación en la que se hablará del tiempo, del pasado, acaso del ser o de otra cosa…

Los objetos son pocos, o no tantos: un reloj, una radio, unos cuadros, un sillón y, curiosamente, una miniaturizada lámpara a querosene, que aunque aún se enciende, permite ver sus estallados fragmentos, su reconstrucción laboriosa y dolida. Los personajes también son escasos; fuera de la representación de algunos de ellos en los prolijos enmarcados de una de las paredes, los protagonistas son una pareja de mujeres. A simple vista, tal vez los cabellos de una y otra sugieran distintas etapas de la vida o edades, pero nada (o poco) se dice del vínculo que tienen entre ellas. Aunque sea obviedad esa relación parece estar o haber estado construida por lo amoroso, lo único, lo hiper personal. Los movimientos en el espacio, los colores grises y terracotas de sus máscaras, bien pueden remitir a la tierra, al barro o la mezcla de la identidad latinoamericana. Esa ausencia de bocas y ojos; de oídos y facciones individuales dan a la elaboración metafórica de Borgogno una de sus grandes virtudes y poderes. Ellas son todas y ninguna; son unas, cuyas presencias pudieran ser sustituibles por muchas otras. Pueden ser familia, como cualquier otra relación en la que primen la empatía o alguna identificación o transferencia.

Los botones, las texturas y penumbras del cuarto, cosen significantes más que sentidos, y en algunas de las trucas está quizás ese evanescente significado: se manifiesta eso hallado o encontrado aún más que buscado. Esos cambios que como el de una imagen en negativo, la vuelven volumétrica y quizá real.

El realismo de este show de acciones, omisiones y poéticas apenas es jaqueado en la dimensión de la lámpara, que hace titilar su pálida luz, en los controles de la vieja radio o del reloj a péndulo. La estética, la dimensión a la que apunta la creadora está fuera de ese cuadro; está más allá del rótulo y su infortunio. Es una personal poética que parece vibrar (apenas) como la luz de una llama. Orquestada, en vena, aquellos que seguimos sus trabajos en múltiples frentes de la creadora, nos sorprendemos por la suerte de “biodrama lambe lambe” que Mónica escoge acá para decir (o callar) algo poderoso de su mundo interior: las apariciones de su “nona” y su madre en tareas domésticas, el recuerdo de la felicidad de un instante de vida, el ruido de las emisoras que buscan un dial preciso y anhelado, todo va en busca o en torno de una conmoción sin golpes bajos. Aquí parece haberse quedado un rato, sintiendo llegar o irse a los pensamientos y los recuerdos, a la música y el olor de los caballos del campo.



domingo, 26 de octubre de 2025

Lo que vimos

Reseña de El muerto que baila

Mónica Borgogno

Nuevas funciones de El muerto que baila, “una versión muy libre, bien litoraleña, danzada y payaseada de la novela Doña Flor y sus dos maridos, de Jorge Amado”, según define el mismísimo elenco, pudieron verse este fin de semana en Casa Boulevard.

En un registro clownesco y un ritmo que no deja respiro al espectador pero tampoco a los actores que corren entre bambalinas de un lado a otro, la pieza recrea un clásico de la literatura y cine brasileño de los años 60 y 70. El argumento, a los ojos del presente, es un hallazgo en la escena actual de Paraná, pues reactualiza y revitaliza, con humor y poesía, la perspectiva de género y las conquistas del feminismo, sin necesidad de bajar línea ni subestimar al público.

“La fantasía cómica (…) nacida de la vida y emparentada con el arte, ¿cómo no habría de decirnos también algo sobre el arte y sobre la vida?” se plantea Bergson en su estudio sobre La risa. Y más adelante, sintetiza: “Fuera de lo que es propiamente humano, no hay nada cómico. Un paisaje podrá ser bello, sublime, insignificante o feo, pero nunca ridículo”.

Por tanto, lo que nos hace reír nos hace pensarnos, podríamos agregar.

La seducción, el amor, los tropiezos o indiferencias, el roce, el sexo, el goce o su ausencia, emergen en esta reversión llena de picaresca, musicalidad y baile que contagian hasta al más desprevenido. Y nos hace reflexionar sobre lo ridículos que podemos ser en la vida social, afectiva o íntima, en lo que ofrece y quita una vida de pareja, o en la felicidad de los gestos pequeños y cotidianos.

Trabajos actorales sorprendentes,
muy bien dirigidos por E. Caridad.

Gustavo Bendersky, Nahuel Valiente y Constanza Sampietro, son aquí actores capaces de componer un sinnúmero de personajes en un verdadero santiamén, de lucirse como bailarines y hasta acróbatas por todo el escenario, arriba o detrás de un armario que por momentos es un bar de pueblo y por otros, un espacio que esconde personajes, fantasías, objetos. El despliegue escenoplástico así como el lucido y resaltado vestuario, con las telas y colores precisos, utilizados para cada ocasión o personaje nuevo, para hacerlos volar, seducir o reír aún más de lo que ya dicen los actores y la actriz con sus gestos y miradas exageradas, es mérito de Andrea Fontelles.

En tanto Ezequiel Caridad, quien desde hace años viene formándose, formando y sobre todo destacándose como actor en piezas recordadas de clown como lo fue la reciente Vida y vuelta, aquí se pone al frente del elenco en una coproducción de la Compañía teastral y De lo Urgente.

Celos, tristeza, desencanto, recato o pasión, son los motores de esta historia y cualquiera, que emerge en medio de contextos de bailes populares y celebración. La danza al compás de ritmos litoraleños y luego, del reconocible baión El negro Simón -acaso para remitir al origen de la producción del país vecino y sintetizar una escena carnavalesca-, irrumpe para el encuentro, el entramado amoroso o para una significar una soledad que también puede ser placentera, un cuerpo que no necesita hablar sino soltarse. Coreografías todas orquestadas por Constanza Sampietro y Andrés Vega.

El diseño de iluminación, vale puntualizar, por cuenta de Oscar Lescano, resalta y crea los climas de intimidad o algarabía que requiere la obra.

La obra tiene el poder de contagiar una alegría increíble, se sale de la función en un estado de sonrisa dibujada que permanece al recordar las pelucas desprolijas y los gestos alocados de un policía, un borracho o muchacha, las mil estrategias de acercamiento hasta la consumación sexual sintetizadas con tanta gracia o bien ese momento en que el clavijero de la guitarra toca sin querer o queriendo el culo de la amada como remedando el gran final de la película Doña Flor y sus dos maridos.

La próxima función a agendar es el domingo 16 de noviembre a las 20 en el Centro Cultural Juan L. Ortiz de la capital entrerriana.

domingo, 5 de octubre de 2025

Más libros

En nuestra querida sección Publicaciones recibidas, esta vez reseñamos tres volúmenes más, tres lecturas imperdibles. No se lo pierdan, búsquenlas en bibliotecas y/o librerías. 


Una década del gran autor

Rodolfo Walsh. Cartas a Donald A. Yates (1954- 1964) (Ediciones de la Flor, Bs. As., 2021), con Presentación, notas y traducciones de Juan José Delney y contratapa de Pablo De Santis, este libro recoge el extraordinario documento sobre el desarrollo del género policial en Argentina, y constituye uno de los últimos aportes a la cultura nacional del fundador de la editorial Daniel Divinsky.

Es difícil pues que esta circunstancia del reciente fallecimiento de Divinsky a los 83 años, no realce su trabajo de difusión con las obras de Walsh, Quino, Fontanarrosa o Eco. En un momento, por cierto, de gran retracción de las industrias sin humo…

En el transcurrir de las 31 cartas, en las que los veinteañeros escritores y editores amigos van forjando encuentros, opiniones y producciones fuera del cánon tradicional, nos hallamos ante el portentoso autor, creador de la No ficción, y también, de recordadas piezas teatrales como La granada y La batalla.

Walsh es pues el mismo y otro que el que unos años más tarde, abrazará la militancia peronista y concretará el guión del afamado y conmovedor film Operación masacre (1973). De Santis lo explica así: “Dos personajes merecen amplio espacio en estas páginas: Borges y Perón. A través de sus reflejos, Walsh busca retratar a la Argentina, pero secretamente se retrata a sí mismo. Su defensa de la obra de Borges (…) es inspirada y aguda. Desde el comienzo de su carrera literaria hasta su violento final, Walsh vivió muchos cambios, pero conservó el amor por la concisión y el hechizo de su prosa”.

Este rescate del archivo de Yates, es un delicioso trabajo sobre el género policial: un sorprendente puente entre el crimen en un cuarto cerrado y el fusilamiento a cielo abierto, de uno de nuestros escritores mayores del siglo pasado… y de éste.

 

De presencias y ausencias

Este año, hace pocos meses, Random House publicó de César Aira, un nuevo volumen que bajo el título Actos de presencia, reúne algunas de sus disertaciones ofrecidas entre 1989 y 2021. “Persistente candidato al Premio Nobel”, según detallan en solapa los editores, el autor de Coronel Pringles traducido a más de veinte idiomas, siguiendo el alocado ritmo de su producción, juntó aquí once textos ensayísticos o artículos más breves, que consiguen “que uno suspenda la incredulidad también leyendo crítica” (Matías Serra Bradford).

En efecto, la contratapa sin firma se afirma: “Aira exhorta a la superación de la ceguera del urbanita que sin tiempo para nada es incapaz de demorarse para observar la maravilla del mundo”. Puro juego y goce, la literatura implica un cachetazo a cualquier hábito que “amenace con adormecer la sensibilidad o impida la sorpresa”.

Acaso el cenit del libro sea precisamente la última charla brindada en Río de Janeiro en abril de 1989 con el título de “Nuestra semilla tropical”. No obstante, el también autor del Diccionario de autores latinoamericanos -reeditado el año pasado por Paidós-, ya en el breve texto precedente, sobre “La innovación” (Gualadajara, 1991), y en las conferencias ofrecidas en distintas oportunidades en Rosario o la de Oslo, en 2017, inventa, se divierte y entretiene inteligentemente a los miles de lectores diseminados por el ancho orbe.

Vanguardias, escenas y voces quedan insinuadas en la tapa del volumen, por esta adiamantada esmeralda que como un trompo, o una tromba, no deja de girar y girar y reformularse como las piecitas de un caledoicospio colorido y múltiple.

 

Lo que vimos (y lo que no)

Tal como fundamentó en la presentación en Casa de la Cultura de Entre Ríos en el marco del 40° Encuentro Entrerriano de Teatro, el fotógrafo Omar Lagraña, autor junto al escritor Fernando Belottini de la reciente aparición de la edición apoyada por el Consejo de Teatro Independiente de Entre Ríos, Lo que vimos recoge más de treinta comentarios y fotografías de espectáculos presentados en la Sala de Pueblo Viejo de Concordia en la bienal 2022/ 2023.

Si bien estas reseñas y fotos conocían una existencia digital en un medio local, y algunas de las propuestas escénicas tenían cierta antigüedad o resonancia en el medio, ahora quedan compiladas, reunidas e impresas en lo que es un valioso aporte para la memoria de la escena entrerriana reciente. 

La calidad de la publicación de la editorial Dunken, se valora en el detalle de las coloridas estampas de las obras presentadas, pero además el libro contiene un prólogo de la teatrista y psicóloga Rosario Correa, que profundiza en ideas que hacen al teatro, a los trabajos de edición y la importancia del registro de lo escénico.

"Estas reseñas desafían al teatro y su verbo evanescente", resalta Correa y más adelante agrega: "Reinvindicar la importancia del público como testigo , es uno de los ejes medulares de esta obra que entrelaza imagen, reflexión y aguda sensibilidad".

Así, hojeando las páginas del libro, podrán revivirse recuerdos de expectación de obras que recorrieron distintos escenarios de la provincia así como se podrá conocer o deducir más de las puestas o elencos de una ampliada territorialidad. Por caso, se observan hermosas tomas de Un eco más (estrenada en 2014 por el grupo Metamorfósis, distinguida como mejor producción del año), 5438. Un policial bien argentino (de Teatro del Bardo), Medea va (La rueda teatro y Edgardo Dib) y ¡Afuera! (2010, el unipersonal de Gustavo Bendersky), entre algunos de los significativos estrenos de los últimos años de Paraná, entre otras tantas, que pasaron por distintos escenarios del país y también por el espacio independiente de la Capital del Citrus. Asimismo también hay reseñas y fotografías dedicadas a producciones llegadas de Córdoba o de Rosario. Las artes escénicas locales, de Concordia, Villa Elisa, Gualeguay o Gualeguaychú, ocupan un lugar importante y dan cuenta de los recorridos de la producción entrerriana. 

Los textos de Belottini, que dan cuenta de lo visto como espectador de cada una de las 36 obras que se incluyen y se pueden rememorar una y otra vez merced a este libro, apuntan, junto con las fotos de Lagraña, a generar una mirada reflexiva sobre el teatro independiente, suman una serie de resonancias y lecturas ampliadas e interrogantes que en cierto modo, son una invitación a salir a consumir menos pantallas y más ritual teatral. Y eso se agradece.

miércoles, 17 de septiembre de 2025

Más Publicaciones Recibidas

Acabamos de recibir los últimos cinco libros de Mágicas naranjas, una editorial amiga que en pocos años ha construido un catálogo de cuidado diseño, muy originales, pensados, escritos e ilustrados “para pequeñxs y grandes lectores de poesía”, como destacan sus hacedores Hilda Fernández Oreiro y Gustavo Gottfried.

Sus libros tienen “voces consagradas y jóvenes promesas de la poesía contemporánea”, como Circe Maia, Arnaldo Calveyra, Irene Gruss, Natalia Méndez, Walter Cassara, Manuel Duarte, entre otros tantos.

El diseño e ilustración de cada ejemplar, merece una oración aparte porque componen poesía visual, o algo así. No sabemos bien cómo decirlo pero el trabajo de María Valeria Chinnici, a cargo de tal tarea, es más que esmerado, tan bello como los poemas con los que parece componer otro texto más.

En este caso, hablaremos de Abecedario de Roberta Iannamico, Función de circo de Hilda Fernández Oreiro, ambos de pertenecientes a la colección Semilla que “reúne series de poemas de gran unidad y potencia que merecían ser conocidas”, como se lee en su contratapa, más aún en “estos tiempos”, es cierto.

En estos casos, los libros incluyen un prólogo que comparte parte de la génesis de los textos y del proceso mismo de la creación y publicación, las idas y vueltas, corrección, recuerdos, dudas, consultas, esperas, viajes, lecturas inspiradoras, juegos, hasta que los poemas se van al papel y constituyen las páginas de un volumen pequeño y colorido, de modo de ir de mano en mano.

Iannamico juega, inventa poemas con palabras que respetan el orden de las letras de nuestro   abecedario, pero avisa que también se permitió saltar algunas reglas de ortografía u omitir algunas letras más difíciles. Luego, al leer sus textos, la autora, con su lúdico y tierno estilo contagia las ganas de inventar o hacer la prueba de gestar poemas bajo esas pautas.

Una de los poemas de Abecedario
En tanto, la escritura de Fernández Oreiro nos acerca un entrecruce de imágenes de dos universos: la soledad o soledades de la vida cotidiana y el escapismo de eso que se repite, se invisibiliza o duele, a través de la figura de un hombre bala, una contorsionista o el truco del mago y su serrucho. Poemas tan breves como intensos y profundos.

28 letras es la resultante de un trabajo de investigación que condensa “historias, transformaciones, cambios y también malos entendidos” en torno a cada una de las letras que componen un alfabeto. Hojeando estas páginas, una se topa con otros poemas de Hilda F. Oreiro, en los que también juega con cada una de esas piezas mínimas que tiene cada lengua. Junto a Cecilia García Corradi, las autoras recuperan una suerte de pasado de las letras con la estrategia y la belleza de lo simple, bien cuentan el origen y vaivenes del surgimiento de la A –de los fenicios a los griegos y luego a los romanos-, por caso, o de la j, una de las más jóvenes del alfabeto español, aseguran y en texto aparte agregan que proviene de Asia, de lenguas semíticas, y que es la más pequeña “…Cuando alguien no tiene idea de algo … solemos usar la expresión “no sabe ni jota”… significa que no conoce ni sabe la letra más pequeña , ni la cosa más insignificante”.

Paisajes con vacas de la mendocina Sabrina Barrego es otro de los volúmenes recibidos, muy conmovedor, acerca de “mujeres que se reconocen en identidades complejas: rusas salvadas del estalinismo o Chernóbyl, judías sobrevivientes de los pogromos y del holocausto, argentinas “del interior” que buscan hacerse oír; mendocinas que sufren los terremotos, los incendios, la pandemia”, sintetiza Gottfried en la contratapa. La noche oculta un pájaro que canta, Es común acariciar los pollos antes de retorcerles el cuello o Secretos de familia, son apenas algunos de los títulos de los poemas acá reunidos en los que se luce “una de las gracias” de la familia de la autora, la de escribir.

En tanto Siembra de María Wernicke es una suerte de “resistencia poética” tal como define a este libro nada más ni nada menos que el escritor e ilustrador Istvansch. Parece una historia de seres en un planeta de lo inexplicable, de las puras preguntas, que se predisponen a sembrar y construir, tal vez nuevos y mejores tiempos.

En fin, ¡celebramos la apuesta editorial de estos magníficos librazos!



viernes, 22 de agosto de 2025

Comienza el 40º Encuentro Entrerriano de Teatro

Una buena noticia cambió los ánimos de quienes se dedican a cualquiera de las disciplinas escénicas. Este jueves se conoció el contundente rechazo al decreto presidencial 3455/25 de parte de una abrumadora mayoría del Poder Legislativo, norma que entre otras cosas vaciaba de sentido a dos organismos vinculados a la cultura, uno de ellos ligados al desarrollo y fomento federal del teatro como el Instituto Nacional del Teatro (INT) y otro, la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (Conabip) que tiene por fin alentar y poner al alcance de todos la posibilidad de leer. 

Con esa previa, arranca este viernes en Paraná, el 40º Encuentro Entrerriano de Teatro, lo que lo hará más recordable aún. 

Pues, tras idas y venidas, finalmente se concreta: es sabido que iba a realizarse como hacía años, en Concepción del Uruguay, pero a último momento el municipio de la Histórica se bajó y los organizadores, tanto Cultura de la provincia como el Consejo de Teatro Independiente (Contier), decidieron mantener la fecha y cambiar la sede a la capital provincial.

Tovio Velozo en Corazón del actor.
Así las cosas, la programación es abultada y además de obras, incluye dos instancias formativas y la presentación de libros ligados al quehacer teatral. Por ello, aquí les compartimos toda la información para que no se lo pierdan.

Esta mañana, por caso, comenzó la capacitación en Producción, exhibición y circulación de proyectos, a cargo de Leila Barenboim, en tanto este sábado 23 a partir de las 10 en Casa de la Cultura, será el taller sobre investigación teatral, coordinado por Guillermo Meresman.

Para hoy a las 18 en la sala IAAER (en predio de La Vieja Usina) está prevista la función de El corazón del actor (Paraná), protagonizada por Tovio Velozo y dirigida por Walter Arosteguy. “Un espectáculo teatral inspirado, tanto en su escritura literaria como escénica, en los géneros fantástico, de terror y policial”, señalan los protagonistas.

A las 19 será la apertura institucional con la presentación de microdocumental institucional: “40° Ediciones Encuentro Entrerriano de Teatro: La inspiración de crear juntos”, en la sala de Convenciones, La Vieja Usina

Parte del elenco de Cenizas quedan... siempre
En esa misma sala, hacia las 19.30 se verá Cenizas quedan... siempre (Paraná), con Débora Ramírez, Sebastián Sánchez, Gisella Reyna, Antonella Fernández Pabón, bajo dirección de Paula Righelato. Aquí 4 payasos cuentan una historia de apropiaciones y búsqueda de la identidad.

Sábado y domingo

La propuesta de obras, todas gratuitas, sigue el sábado 23 con la función a las 15.30 de Azucena y Clavelina, guardianas del planeta (Villa Elisa) Infantil, en Auditorio Escuela de Música, Danza y Teatro Prof. Constancio Carminio (Italia 61).

Expedición Tereré... llega desde Villaguay
A las 18, se programó Todo verde (Villa Elisa), también en Escuela de Música, Danza y Teatro Prof. Constancio Carminio.

A las 20, Dos mujeres guerreras (C. del Uruguay), en la Sala de Convenciones, La Vieja Usina y las 21.30, será el turno de Río Adentro (Chajarí), en la Sala Verónica Kuttel, La Vieja Usina.

Para la jornada del domingo, a las 15.30, estará Expedición Tereré, tras la joya del monte (Villaguay) Infantil, en Saltimbanquis (Feliciano 546). A las 18, será la función de Sol de noche (Victoria), en sala V. Kuttel y a las 19. De cuerpo y alma (C. del Uruguay) en sala IAAER en predio de La Vieja Usina.

Escena de Que otras partes hablen de mí.
A las 20 tendrá lugar el acto de cierre y entrega de premios trayectoria y seguidamente, se verá la función de Que hablen otras partes de mí (Gualeguay) en sala de Convenciones, La Vieja Usina. 

 

Actividades especiales

Muestra de fotografía teatral “Historias en cuadros”  de Omar Lagraña (fotógrafo) sobre obras de teatro independiente realizadas en la sala Pueblo Viejo de Concordia (2022 – 2023), con apoyo de Contier. Podrá verse solo en estos días en Casa de la Cultura de Entre Ríos, 9 de Julio y Carbó. Por otra parte este sábado 23 a las 16,30 en Casa de la Cultura, se presentarán 3 libros que cuentan con apoyo del Contier. A saber ¿Permanecer o irse? Algunos territorios e identidades en el teatro del litoral de Guillermo Meresman (Oro Verde), Dramaturgia de Laura Evequoz (Concepción del Uruguay), Lo que vimos de Fernando Bellotini y Omar Lagraña (Concordia).


viernes, 8 de agosto de 2025

Publicaciones recibidas/25

Una década del gran autor

Rodolfo Walsh. Cartas a Donald A. Yates (1954- 1964) (Ediciones de la Flor, Bs. As., 2021), con presentación, notas y traducciones de Juan José Delney y contratapa de Pablo De Santis, recoge el extraordinario documento sobre el desarrollo del género policial en Argentina, y en sí, constituye uno de los últimos aportes a la cultura nacional del editor fundador de la editorial Daniel Divinsky.

Es difícil pues que la circunstancia del fallecimiento de Divinsky a los 83 años, en estos días, no realce su trabajo de difusión de las obras de Walsh, Quino, Fontanarrosa o Eco. En un momento, por cierto, de gran retracción de las industrias sin humo.

En el transcurrir de las 31 cartas, en las que los veinteañeros escritores y editores amigos van forjando encuentros, opiniones y producciones fuera del canon tradicional, nos hallamos ante el portentoso autor creador del no ficción, y de recordadas piezas teatrales como La granada y La batalla.

En el recorrido que propone este libro, Walsh es el mismo y otro que el que unos años más tarde, abrazará la militancia peronista y concretará el guión del afamado y conmovedor film Operación masacre (1973). De Santis lo explica así: “Dos personajes merecen amplio espacio en estas páginas: Borges y Perón. A través de sus reflejos, Walsh busca retratar a la Argentina, pero secretamente se retrata a sí mismo. Su defensa de la obra de Borges (…) es inspirada y aguda. Desde el comienzo de su carrera literaria hasta su violento final, Walsh vivió muchos cambios, pero conservó el amor por la concisión y el hechizo de su prosa”.

Asimismo, el rescate del archivo de Yates, es un delicioso trabajo sobre el género policial: un sorprendente puente entre el crimen en un cuarto cerrado y el fusilamiento a cielo abierto, de uno de nuestros escritores mayores del siglo pasado y también de éste.

Disertaciones inspiradoras

Este año Random House publicó de César Aira, un nuevo volumen dedicado a reunir algunas de sus disertaciones ofrecidas entre 1989 y 2021. “Persistente candidato al Premio Nobel”, según detallan en solapa los editores, el autor de Coronel Pringles traducido a más de veinte idiomas, siguiendo el alocado ritmo de su producción, juntó once textos ensayísticos o artículos más breves, que consiguen “que uno suspenda la incredulidad también leyendo crítica” (Matías Serra Bradford).

En efecto, la contratapa de Actos de presencia. Disertaciones (1989-2021), se lee: “Aira exhorta a la superación de la ceguera del urbanita que sin tiempo para nada es incapaz de demorarse para observar la maravilla del mundo”.

Puro juego y goce, la literatura implica un cachetazo a cualquier hábito que “amenace con adormecer la sensibilidad o impida la sorpresa”.

Acaso el cenit del libro sea precisamente la última charla brindada en Río de Janeiro en abril de 1989 con el título de “Nuestra semilla tropical”, una ponencia en la que hace una ferviente apología de la literatura americana y de la lectura.

El autor del Diccionario de autores latinoamericanos -reeditado el año pasado por Paidós-, ya en el breve texto precedente, sobre “La innovación” (Gualadajara, 1991), da vueltas en torno al lugar de lo nuevo en la escritura, la relación con los maestros, el tedio y el embarcarse en lo desconocido. “Es preciso hacer intervenir al otro, a todos los otros posibles e imposibles, en una constelación multidimensional, para que podamos ir a parar realmente a otro lugar (…) Esa es la fórmula de lo nuevo”, señala.

Vanguardias, escenas y voces quedan presentados en la tapa del volumen, por esta adiamantada esmeralda que como un trompo, o una tromba, no deja de girar y girar y reformularse como las piecitas de un caledoicospio colorido y múltiple.