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martes, 14 de marzo de 2023

Una lectura de “La noche ha caído”

Mónica Borgogno


La noche ha caído es una obra basada en textos de Pauline Sales y Coral Aguirre, con dirección y dramaturgia de Gabriel Cosoy.


Puede adivinarse que varios de los textos de estas escritoras, como Groenlandia (Sales) o El espejo del tiempo (Aguirre) por solo citar algunos, pueden haber sido de los más inspiradores para hilvanar esta historia de mujeres capaces de cuestionar, abandonar, resistir el deber ser o asumir un no poder, los múltiples poderes y mandatos asociados a la maternidad. 

La obra, protagonizada por Raquel Freijo, Sabina Piccini y Graciela Strappa, sobresale en la escena local por la dirección de estas actrices que aquí se destacan y lucen por igual.


Los gestos que parecen desencajar del rostro de Strappa, sus miradas punzantes e intimidantes, la fuerza de un cuerpo que la hace madre o policía, también incomodan tanto como lo que dice.
Junto con Freijo y Piccini componen unas madres que se permiten –o no- los descuidos, abandonos, olvidos, de un hijo o hija. Como en coro, sus historias se repiten, insisten, redundan, atosigan, como lo suelen hacer las madres. “Comé otro poquito, dale comé. Llevá abrigo, dale”.


Si la maternidad es la redundancia, la repetición, la insistencia, aquí aparece eso que hay que pronunciar, escuchar y gritar, para subvertirlo y hasta digerirlo.


Distanciarse del hijo como un acto de salud, dejarlo pero no tanto, en Groenlandia -que suena como Disney aunque más lejos- y observarlo, probar cómo sería o hacerlo definitivamente, hacerse la pregunta o ensayar la posibilidad del acto.


Hay que decir que es un trabajo de composición espacial y de personajes muy prolijo y a la vez despojado, que pone el acento más en lo que se dice que en lo que se representa, acaso porque los dardos apunten a los discursos sociales más pacatos y a la vez, más profundamente establecidos, que son los que más esclavitud y dolor provocan.


Un mismo agotamiento atraviesa a las tres mujeres, de tres generaciones diferentes. Es un cansancio tal que actúan para no ser madres por un rato, para reconciliarse con ellas mismas, desear otra cosa que cuidar a alguien.


Mientras, una espectadora agobiada, a sabiendas del tema de la obra, antes de entrar a la sala se pregunta “cuándo termina esto de ser madre” y otra le responde con unas lecturas recientes, ser madre es un trabajo esclavo, para toda la vida.


Con las angustias de la diaria dejadas a un costado, los espectadores pueden aflojar tensiones y reír, pero solo por momentos. La obra no pretende divertir como hacer pensar la época, los roles, las competencias, las diferentes maneras de amar.


El espacio reducido de la sala más pequeña de Casa Boulevard, elegido para esta puesta, espesa y tensa cierto clima de densidad y condensa la o las historias.


Esta propuesta tiene la presencia constante de un muro de imágenes en movimiento que acerca estampas más abstractas, las calles de una ciudad, el ingreso de unos niños a la escuela desde el ojo que podría ser el de cualquier padre o madre. Este aporte audiovisual proviene de Gustavo Hennekens y Victoria Puigcernau. En ocasiones distrae la atención del relato y suma metáfora, complejiza, completa y remata escenas.


La noche ha caído cuenta además con diseño de luces de Beto Lescano, diseño de vestuario de Dani Rudel, fotografía de Ivo Betty, diseño gráfico de Julián Villarraza, realización de utilería de Lau Claus, comunicación a cargo de Aldana Badano y asistencia de dirección de Ángela Martínez.
A partir de mayo se retomarán las funciones que se venían realizando en la sala chica de Casa Boulevard, Ituzaingó 80.

 

 

viernes, 16 de septiembre de 2022

Nuevas publicaciones recibidas

Reseñas

Un artista indispensable

“El teatro debe ser la piedra que rompe el espejo. Primero, hasta romper el espejo, el teatro es la piedra, luego de que lo rompe el teatro vuelve a ser el espejo, la piedra sigue su viaje en dirección al centro del misterio a donde van las fuerzas ciegas, el teatro queda en la superficie rota dando cuenta de los restos de una plenitud refleja y a la vez revelando lo que la sostenía como la naturaleza que estaba oculta, paralizada, tras la lápida reflejo”, repite en la contratapa de este valioso libro, su autor, el reconocido Pompeyo Audivert, como un mantra o una bendición. Es una transportación, en efecto, para los amantes del teatro, poder encontrarse en tiempos pospandémicos con un trabajo tan decantado y profundo del fundador del Teatro El Cuervo de Buenos Aires.

Con exactos y minuciosos prólogos de Nara Mansur – gran responsable de un titánico trabajo de Audivert, y suyo propio, y del trabajo de edición con Editorial Libretto- y Natalia Torrado, este poético y reflexivo Piedrazo en el espejo. Teatro de la fuerza ausente recoge la tarea de más de 30 años del descollante actor y sus máquinas, permitiendo asomarse a su práctica y teorías teatrales más renovadoras.

Audivert, como se sabe, es uno de los más grandes actores argentinos contemporáneos, así que siempre su nombre congrega una trayectoria central para las artes escénicas del país. Más aún cuando se trata de transmitir deseos, pulsiones y fantasías que generan los artistas más encumbrados, en el gran público.

Pompeyo, es de esos, pero es discreto y ahora, en el cenáculo de su carrera, se abre a un oficio milagroso y lo comparte, con esta publicación aparecida en 2019 pero devenida pandémica, que cuenta con apoyo del INT.

El libro está organizado en siete partes sustanciales: Fundamentos estéticos/ Procedimientos formales/ Tratamiento del tema/ Concepción y función de la palabra/ Archivo de imágenes/ Reflexiones sobre el trabajo y Edipo en Ezeiza, el texto dramático del teatrista, estrenado años atrás en el ex Centro Clandestino de Detención de la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA), en Buenos Aires, Argentina.

 En suma, se trata de un libro teórico con abundante material gráfico- documental de distintos trabajos del artista, que introduce y convoca a la lectura de la obra y pensamiento de Pompeyo Audivert.


Teatros pandémicos y postpandémicos

Un cuarto de siglo de existencia hace de la publicación Funámbulos un emprendimiento excepcional en el teatro argentino. Este número 56, aparecido el último otoño, fue dedicado a las cicatrices y oportunidades que dejó la emergencia de salud global, entre 2020 y 2021.

La revista dirigida ahora solo por Federico Irazábal, incluye interesantes notas de Mónica Berman, Maximiliano de la Puente, Gabriel Isod y Malala González, con dos textos dramáticos de la producción teatral porteña actual, según es costumbre en esta publicación. En este caso, se trata de Tito: la peor tragedia de William Shakespeare, la versión del clásico de Marco Arano Forteza y Gabriel Graves y Soliloquio (Me desperté y golpeé mi cabeza contra la pared, de Tiziano Cruz, estrenada a comienzos del año en el marco del Fiba.

domingo, 24 de julio de 2022

En el Oeste está el agite (teatral)

Cobertura especial de

 Mónica Borgogno/ Guillermo Meresman

 

Parafraseando al tema de Divididos, la 17° edición del Festival de Teatro de Rafaela que se llevó a cabo entre el 9 y el 17 de julio, regresó con toda su potencia. Volvió a sus fechas acostumbradas en el receso lectivo del invierno, luego del parate que implicó la pandemia del 2020, y el cambio del mes en la edición del 2021.

Los nueve días de intensa programación y las numerosas actividades de formación y difusión, recuperaron su impronta y formato, lo que lo reafirma una vez más como uno de los festivales más atractivos del país. Las artes escénicas y sus hacedores se encuentran para mover, pensar, transformar y agitar en el frío de la comarca, y ese lugar es el FTR.

Una ciudad imbuida de teatro (Foto Mónica B.)

“La creatividad, la capacidad de superación, la apertura y la generosidad son rasgos que identifican a nuestra comunidad desde sus orígenes”, afirmó el intendente de la ciudad santafesina Luis Castellano en el programa, y este Festival es una manifestación de ello.

Luego del desfile y del acto oficial de apertura, la Banda de tías fue la propuesta musical elegida para inaugurar la maratón de obras y laboratorios de creación escénica con artistas locales.

A partir del martes 12, entre otras, se presentaron Un hueco, de Juan Pablo Gómez, en una renovada versión mendocina, con dirección Agustín Daguerre -y las potentes composiciones de Darío Martínez, Marcelo Díaz y Cristian Di Carlo-, y luego, le siguió la corrosiva comedia dramática Yo también quiero ser un hombre blanco heterosexual (Comarca Andina) de la chilena Carla Zúñiga, diestramente dirigida por Luciano Delprato y Darío Levin, que por primera vez salió de El Bolsón. Ambos trabajos estuvieron lejos de desentonar dentro de una programación artística de excelencia, a cargo de Gustavo Mondino.

Yo también quiero ser un hombre blanco heterosexual. 

Este año en que no se instaló la carpa, los programadores tuvieron el buen tino de además de proponer a los más chicos, espacios alternativos y ofrecerles buenos espectáculos de títeres, destrezas y variedades. Y como en todas las ediciones anteriores, se integraron trabajos en lugares no habituales ni convencionales. 


Más de veinte espacios de la planta urbana de Rafaela, fueron testigos del fenómeno.

Juventud

Los espacios de formación en formato de experimentación artística se hicieron presentes por primera vez el año 2021 en el FTR y fueron tan aplaudidos y demandados, que se quedaron, generaron expectativas, crecieron y se multiplicaron. 

Un poco más, propuesta dirigida por Ana Gurbanov
Esta vez, fueron cuatro las propuestas, a cargo de Francisco Benvenutti, Ana Gurbanov, Braian Kobla y Rodrigo Cuesta. Ellos afrontaron el desafío de dirigir en perentorio tiempo, prácticamente de manera virtual y con la asistencia de egresados de la Escuela Municipal de Artes Escénicas (EMAE), a elencos numerosos. 


Quería llorar, bajo dirección de F. Benvenutti

Con salas llenas por los mismos rafaelinos y la prensa congregada de distintos puntos de Argentina, se produjeron trabajos atractivos que con distintas estéticas y mucho ritmo, dieron cuenta de la realidad, sobre todo de los más jóvenes. En efecto, las piezas subidas a escena tuvieron casi como un denominador común, la comunicación de un universo muchas veces subestimado –por el simple hecho de ser protagonizado por los más jóvenes-, los sueños y proyectos, la persecución y prejuicios hacia el arte callejero, las diversidades sexuales, cierta revalorización o diálogo con el pasado teatral de la propia ciudad en la que viven, su vínculo con el tiempo y las tecnologías.

Apenas un pasaje de Todos mueren al final, 
bajo dirección de Rodrigo Cuesta.







https://www.eldiario.com.ar/212094-la-centralidad-de-los-laboratorios-escenicos-y-el-decir-joven-local/

 

Entre lo destacado

Los gráficos de Imprenteros llegaron precedidos por excelentes críticas de Buenos Aires y el renombre de Lorena Vega, conocida eminentemente como actriz. En este caso, junto a sus hermanos Sergio y Federico, Vega concreta un espectáculo sensible y profundo, estrenado en el 2018 pero al que las restricciones impusieron la larga pausa de más de un año. La presencia de los tres hermanos acompañados por otros cuatro buenos actores y un equipo técnico de excelencia, hicieron que su biodrama fuera uno de los más de treinta espectáculos, aplaudidos a rabiar en el Teatro Lasserre.

Rota, un unipersonal interpretado por Raquel Ameri, bien dirigida por Mariano Stolkiner, conmovió con la historia de una mujer pobre que pierde a un hijo feminicida, entre otros hilos que tejió Natalia Villamil, autora de esta desgarradora obra. La actriz regresó así a un protagonismo para lucimiento de sus recursos expresivos, bien acompañada por otros artistas, como había ya ocurrido con Millones de segundos.

En El hombre de acero, otro unipersonal con igual nivel de interpretación, Marcos Montes se lució con la obra de Juan Dasso, ganadora del Premio Germán Rozenmacher en el 2019. En su espectáculo se retratan parecidos devaneos, pero de una clase social acomodada, de la burguesía nacional. Con un singular dispositivo montado en la sala de La Máscara, los espectadores fueron succionados desde el minuto cero, y soltados con el corazón estrujado a la medianoche de la gélida nocturnidad del clima y el alma.

En ambos trabajos, se pone en escena algo de lo que no se dice ni habla demasiado como el suicidio de un hijo o la sexualidad de personas con alguna discapacidad. En Rota, la trama se ancla prioritariamente desde el lugar de la pérdida de un hijo que se “vuela los pensamientos” después de matar a su mujer; en El hombre de acero, un padre comparte sus aciertos y desaciertos, las tantas estrategias que prueba con más o menos suerte para tratar de comunicarse con un hijo autista que está en su pleno despertar sexual.

Otro de los aciertos de la programación fue The big mountain. El platense Braian Kobla operó con su estrategia transdisciplinar, conduciendo a los nueve integrantes de un elenco dominantemente jovencísimo (Ilenia Contín, Ana Belén Recabarren, Denisse Van der Ploeg, Agustín Recondo, Mariel Santiago, Federico Aimetta, Juan Castiglione, Valentín Prioretti y Manuela Villanueva Fernández), para entre otras cosas, convertir la crítica social a la tecnologización de la vida cotidiana, en puro arte.

Los miedos (foto Gustavo Conti)

Los miedos, de un inspirado Ale Gigena, que también se vio en La Máscara, demostró por qué desde hace cinco años es un éxito en el Teatro El Grito de Buenos Aires. También aquí, un numeroso elenco integrado por Sofí Brihet, Max Suen, María Soldi, Camila Peralta, Javier Abril y Luciana Lifschitz, se lució en este caso, innovando en los procesos de creación tradicionales. Los actores, conducidos por su director todo el tiempo en escena, improvisaron y desandaron diferentes historias y personajes desopilantes con una versatilidad y desparpajo increíbles.

Escena de Las cargas (foto de G. Conti)
Las cargas, de Christian García (CABA) aportó algo más que buenas actuaciones en medio de un drama apabullante. La maternidad-paternidad, los límites, la angustia y violencia del no poder con los hijos, padezcan o no alguna enfermedad, la incomunicación filial, aparecen como ejes de esta historia, podría decirse. Pero la discapacidad tal como la componía cada uno de los actores (Valeria Franchi, Pablo Chao y Lucas Crespi) fue tremendamente conmovedora y profunda. Al respecto, un actor rafaelino, en las conversaciones junto a periodistas apuntó: “Era una deuda hablar de la discapacidad en este Festival, lo celebro. Me sentí muy identificado con lo que se muestra en esta obra”.

Federal y misterioso

Misterio (una obra de una obra) de Silvina Grinberg, fue en esta edición el único trabajo de raíz más entrerriana, aunque el grupo se definió como “interprovincial”, ya que integran su reparto los santafesinos Ciro y Juan Berrón y el radicado en Paraná Pablo Vallejo. Con algo de biodrama, el espectáculo de danza-teatro para toda la familia, que reactualiza las dificultades de cualquier grupalidad, fue bien recibido por la platea. En las rondas de devoluciones, precisamente, se destacó el crecimiento de esta pieza que hace poco se vio en La Vieja Usina (Paraná).

La nave disruptiva

La provocación en esta ocasión, en parte, estuvo dada por la perturbadora experiencia inmersiva en 360° de los locales Ramiro Rodríguez y Matías Brasca La nave.

A través de lentes de realidad virtual, y durante sólo quince minutos, uno podía meterse en la historia que representaban Lucas Vilches y Pablo Pellegrinet. Una propuesta de ciencia ficción, amoral y dramática en la colonización al planeta Marte, que cada espectador vivenció en un pequeño espacio previamente delimitado en el Museo Histórico Municipal. En esta apuesta, Rodríguez y Brasca, combinaron sus pasiones por los videos juegos y el cine.

Rodríguez –egresado en el séptimo arte de Córdoba- medio atajando cuestionamientos, dudas y turbaciones de la ronda de críticos, aseguró que “el cine 360° no va a funcionar jamás, porque el cine necesita del montaje”.

A siete años del comienzo de su construcción, ofrecer en El o Un Festival de Teatro su disruptivo concurso con algo de actuación, tuvo ese “pasarse de límites” respecto al propio milenario arte de la representación convivial, cosa que siempre se agradece en la Perla del Oeste. Pareció que para algunos, el teatro del siglo XXI no pudiera dejar de ser “un espacio vacío”. La trasgresión de La nave, (además de política o ideológica), provino precisamente de su “diferencia” con las artes escénicas practicadas, al menos, hasta hoy... o hasta ayer, cuando la pandemia nos asoló globalmente. Entonces aparecieron nuevos formatos, búsquedas y desafíos, tan propios de lo humano y de las artes en general.

 

Elegir el riesgo


Tamagno junto a Eva Bianco en La Sapo.
En tanto procesos de creación, Proyecto Migrante como La sapo, dos elaboraciones del cordobés Ignacio Tamagno, tuvieron por espacio el Museo Histórico La Usina y su magia de tuberías y conductos enormes y viejos. El teatrista –acompañado por una contundente Eva Bianco y por la dinamarquesa Petra Banke, con la imprescindible asistencia de “Tati” De Gennaro- desplegó una puesta que desnudó una vez más, parte de sus mundos poéticos, siempre no complacientes, arriesgados, que desovillan alguna piola de su biografía artística y personal. El Festival le dio un espacio importante para hacer lecturas de ciertos pasajes de los “bloques de recuerdos” que componen La sapo, y un desmontaje, en el marco de la creación en residencia por la que opta Tamagno, esto es migrando, moviéndose de un lugar a otro, con el abono de lo que dicen los espectadores. En efecto, dicho trabajo se orquestó y montó en cuatro días de FTR y proseguirá su camino y proceso. Ahora, el talentoso actor y dramaturgo estaba haciendo las valijas para su próximo work in progress en Colombia, donde el proyecto seguirá mutando y trascendiendo, aunque en dicha versión será con el desafío y riesgo, de ser sin Petra y sus hermosas canciones.

La tierra, las palas, las hachas, están muy presentes en ambos trabajos, para cavar o violentar, para levantar polvareda y ensuciar, para incomodar o simplemente, hacer viajar al público.

 



La mistonga y más

Imagen de Yateencontraré.
La variedad de los espectáculos infantiles o para toda la familia, sorprendió. El sinnúmero de títeres manipulados sólo por Omar Álvarez en Tic Tac, el héroe del tiempo, las destrezas de Aníbal Galeano y Azul Jaimes de Subite ahí, Yateencontraré, de Casablanca y Guadalupe Bervih, con unas deslumbrantes sombras dibujadas con arena, en el momento, por Alejandro Bustos, quien recreó escenografías únicas y evanescentes, más la música de Ricardo Scalise y dirección de Andrés Sahade, fueron celebrados en el Cine Teatro Belgrano, en pequeñas salas o en plazas, con igual intensidad.

La niña que fue Cyrano, de Guillermo Balbo, trajo una historia que se sale de la heteronormatividad para hablar del amor y las mudanzas en un amplio sentido, y cuestionar la figura de adultos en la crianza de niños, esa con la cual alguno puede sentirse interpelado y emocionado al término de la función.

La murga estilo uruguaya La Mistonga, de Rafaela, ofreció De sobremesa, con guiños humorísticos locales, y lo familiar como centro vital, bajo dirección escénica de Matías Masín.

En el cementerio

Nada de carne sobre nosotras, de Mariana Enríquez- Analía Couceyro fue, sin quererlo, un suceso social, puesto que la ubicación del Site specific fue en el Cementerio Municipal, alarmando al sector más conservador y ultra religioso de Rafaela. Sin embargo, la decisión del Intendente y los organizadores, bastó para una respetuosa experiencia artística y existencial, única y que más de uno atesorará por siempre.

“En la Chacarita, donde tengo a mi madre y otros compañeros tienen a sus muertos, lo hemos hecho como acá, adaptándonos al espacio sagrado, a la memoria y lo afectivo que reúnen estos lugares”, señaló Couceyro al valorar el trabajo de edición que hizo sobre cinco poderosos cuentos de terror de Enríquez.

Lo perturbador de los relatos, los sonidos de las palomas o de una puerta que se quejaba, la imagen de los nichos, panteones como casas y tumbas adornadas con banderas, caireles y hasta luces de neón, más el fuerte viento de la tarde, fue capitalizado por la  reconocida actriz y directora, que sumó a Ariel Farace, Susana Pampín, Lisandro Outeda y Rocío Domínguez. Ellos le pusieron hálitos inmejorables a las historias que se contaron entre lápidas, memorias, ausencias y presencias extrañas. Un hallazgo.

Escena de Maten a Hamlet (foto: M. Borgogno)
Y si de muertes y muertos hablamos, ¿qué mejor que cerrar con el Hamlet de William Shakespeare, en versión desopilante de Los Macocos? La gran tragedia del príncipe dinamarqués, algo así como el aleph del teatro, convertida en comedia por los extraordinarios Daniel Casablanca, Martín Salazar, Gabriel Wolf y Marcelo Xicarts, con dirección de Sebastián Irigo, fue disfrutada en un Belgrano repleto. Ovacionado por los artistas aún presentes, y más de mil espectadores en toda la sala, su función fue el cierre de una cargada semana, posterior al trabajo audiovisual final que se exhibe para cerrar cada edición. Casablanca aquí, compone distintos personajes, y en cada uno se aprecia un velado homenaje al popular capocómico José “Pepe” Marrone, tocando las fibras más emotivas de aquellos de más de cincuenta años. Maten a Hamlet fue como los actores, la síntesis de una época, y de un Festival a puro encuentro, tal como rezaba el eslogan de este año.


Para seguir leyendo y encontrarse

Los títulos de las coberturas especiales de LA OTRA BUTACA, son elocuentes del sostenimiento y crecimiento de un Festival, ocupado cada año de su juventud, de mejorar sin repetirse pero con una identidad ya ganada y deseo de futuro. Pese a las vicisitudes climáticas, políticas, ideológicas o de la salud, ahí está este entrañable encuentro de las artes, tan lejano de las populosas urbes.

Del “interior del interior” como se dice. Convoca, luce, transforma, genera, colabora, siembra. Agita, en el Oeste, en pleno invierno, para propios y extraños.

 “Rafaela, por el centro de la escena nacional” (2013, n 8), “Un Festival en el corazón de la gente” (2014, n 11),

https://issuu.com/alfalar/docs/lob_11_chico

“Algo de lo que vimos en Rafaela” (2013)

http://labutacaotra.blogspot.com/2013/07/algo-de-lo-que-vimos-en-el-9-festival.html

“Postales del 12 Festival de Teatro” (2016)

http://labutacaotra.blogspot.com/2016/07/postales-del-12-festival-de-teatro-de.html

“El teatro entibió de nuevo los corazones” (edición 2017)

http://labutacaotra.blogspot.com/2017/07/el-teatro-entibio-de-nuevo-los.html

“El teatro envolvió como un viento” (2015, en revista nº 14),

http://labutacaotra.blogspot.com/2015/07/festival-de-teatro-de-rafaela-2015.html

“Un festival que sacude ideas y emociones” (2016, revista nº 16), “Otra vez, escenas que arriesgan y cuestionan” (2017, revista nº 18),

“La resistencia como forma de cultura” (2018), http://labutacaotra.blogspot.com/2018/09/rafaela-2018.html

“Un festival que hace hablar a todos”

http://labutacaotra.blogspot.com/2018/07/anticipo.html

“Un festival que ni Dios puede parar” (edición 2018)

http://labutacaotra.blogspot.com/2019/07/un-festival-que-ni-dios-puede-parar.html

“Un festival como metáfora de progreso” (edición 2012) 

http://labutacaotra.blogspot.com/2012/07/

“Festival de Teatro de Rafaela 2021, para volver a celebrar y encontrarnos” (edición 2021).

http://labutacaotra.blogspot.com/2021/11/festival-de-teatro-de-rafaela-2021-para.html

 

 

 

 

lunes, 18 de abril de 2022

Por los pequeños mundos poéticos y estéticos

Mónica Borgogno

Los Festivales dan la oportunidad del encuentro y del aprendizaje con los otros, el público, los grupos, los y las organizadoras.

En esta 8va. edición del Festival de Teatro Callejero Corriendo la coneja, pasó eso. Después de tanta virtualidad llegó la hora de atravesar de nuevo el cara a cara, el aplauso, el cuchicheo, el reírse o aburrirse, el buscar el mejor lugar y acomodarse, el abrazo y el emocionarnos.

Si bien no pudo ser en su escenario natural, ya instalado y esperado, en la plaza Roque Sáenz Peña, el girar por distintas salas ubicadas en las inmediaciones de dicha plaza que ocurrió en esta versión, provocó casi sin querer, la puesta en valor de estos espacios como la sala Saltimbanquis (Feliciano 546) y la Casa Boulevard (Ituzaingó 80). En el caso del alicaído sino abandonado Centro Cultural Juan L. Ortiz, fue significativo estar ahí, ocuparlo y transitarlo con teatro, banderines, colores, muestra de fotos, espectadores, artistas.

En esta ocasión, tuve oportunidad de participar con una de mis cajitas de teatro lambe lambe, ese teatro en miniatura que propone espiar por una ventanita una historia breve cualquiera. Junto con mis compañeras del grupo Patí Pamí, de Paraná, fuimos invitadas para mostrar lo nuestro en la última jornada del Festival que tuvo lugar el sábado 16 de abril en la parte exterior de este Centro Cultural (Racedo 250).

Hasta ahí llegamos con “Un vuelo inolvidable” (Pola Ortiz), “Una de piratas” (Silvia Ayala), “Otra Alfonsina” (de mi autoría) y “Un astronauta en la luna” (Marcelo Amorosi).

Ni bien nos instalamos, enseguida se arrimaron los primeros chicos y chicas. No paramos de hacer funciones, incluso para adultos que, curiosos, también quisieron mirar por la pequeña mirilla.

Como bien señaló Yanita Pérez, actriz, vestuarista y una fervorosa militante de esta disciplina, con este teatro portátil, de pequeñas dimensiones, uno tiene al espectador cara a cara, y por lo tanto no puede olvidarse de sus reacciones. “Yo me cruzo con alguien que me dice: Te vi en ‘ ¿Qué hacemos con Ubú?`. Pero yo no vi a ese espectador. En Lambe Lambe, como las funciones son de a uno o dos, sí”, diferenció Pérez quien también es docente de la primera Diplomatura en teatro de títeres y objetos con especialidad en Lambe Lambe que empezará a dictarse en mayo, de manera virtual, organizada por La Máscara Teatro y el aval de la Universidad Nacional del Chaco Austral. 

Así, tuvimos oportunidad de conocer a un par de artistas, convocados en esta edición, que generosamente compartieron información, datos, propuestas, iniciativas para seguir creciendo en red con el Lambe Lambe. 

Pero tras el cierre del festival, con la juntada del final y charla va, charla viene, lo cierto es que me quedé pensando en todas esas reacciones que aún quedaban dando vueltas como un souvenir de esa intensa y linda tarde.

Podría repasar a cada una de ellas, acaso para recordarlas. Por caso, hubo un nene que al terminar la obra, aplaudió, porque sí, espontáneamente. Otro, vino y se fue en silencio. Una nena dijo que le encantó y otra más chiquita con su impunidad y soltura largó: “¿De qué se trata?”. Más tarde, el que había aplaudido vino con un compañero de su edad, al que parecía haber convencido para que asista a la función. Una niña llegó por segunda vez con su mamá para ver de nuevo la obra, otra preguntó si al final iba a salir el cartel de “Fin” y otra más, se interesó por la técnica y quiso ver a los personajes de cerca.


La maestra de clown y actriz Yanina Frankel, del espectáculo “Hasta siempre” de la Compañía Basta (Buenos Aires) también se arrimó a ver “Otra Alfonsina”. La escuché reírse con el churrero y su canto y al bajar la ventanita, me buscó para abrazarme.

Ese, pensaba, es uno de los encantos de esta vieja y a la vez, renovada disciplina teatral que invita al espectador/a la inmersión. En este caso la experiencia sonora y visual propone atravesar una atmósfera a orillas de un mar de broderie y puntillas azules y verdes.

Conocer y reconocer a los espectadores, fascina. Conmover al individuo y su individualidad. Pero también atrapa la creación de estos pequeños universos e historias que dejan asumir sino aflorar los mundos poéticos y estéticos, únicos e íntimos de cada uno/a.

 

domingo, 17 de abril de 2022

Reseñas

Libros inspiradores

Nos llegaron un par de volúmenes de esmerados diseños, con mucho trabajo detrás, dignos de leer. Aquí van algunos comentarios que esperamos, inviten a ir por ellos.  


La rueda que gira

El grupo teatral La rueda, viene hace unos años produciendo una rica y diversificada experiencia interprovincial. Animado especialmente por Daniela Osella y Pablo Vallejo, la pareja de docentes del Profesorado de Teatro de Uader que funciona en la Escuela de música, danza y teatro “Prof. Constancio Carminio”, ha realizado distintos aportes y participaciones al campo cultural regional. Entre ellos figuran los Dossier Orillas Teatrales, que en su primer número está dedicado a “Experiencias pedagógicas en la formación actoral”, y el segundo a “El teatro callejero en el Litoral”.

Ambas ediciones tienen distintos méritos. Uno de ellos, el abrir el juego a diversas voces del teatro de la región. Pues, además de los nombrados, hay textos de Jazmín Sequeira, Romina Fuentes, Nidia Casis, Marisa Lescano y Juan Carlos Izaguirre, entre otros.

Por otra parte, los testimonios convocados comparten en primera persona, lo que piensan a la vez que transitan y documentan sus experiencias de formación artística. Como bien señalan quienes están en estos proyectos editoriales, "la producción escrita nos permite hoy poner en palabras la acción, diversificar puntos de vista y dialogar con lo heredado a partir del registro como método de investigación permanente de nuestras prácticas"

Asimismo, en el volumen dedicado al teatro callejero que se hace por estos lares, incluyen textos dramáticos como Las aventuras del gaucho Calandria –adaptación del clásico de Martiniano Leguizamón- o El principibito, de La tramoya, que vienen acompañados por un sinnúmero de fotografías que dan cuenta de las producciones, los procesos y la memoria de los espectáculos.

Estos aportes sustanciales se suman a proyectos creativos cada vez más atendidos y extendidos en sus alcances, que significan pasión por el movimiento, los cambios y las memorias del quehacer teatral en esta zona de confluencias.

 


Nacidos para poetizar

Como una lluvia de flechas de doble dirección, los poemas elegidos en la antología Una marca de nacimiento, hablan de los vínculos filiales que van y vienen y tejen lo que uno y otro es, una y otra u otro escribe.

Este nuevo libro del sello Mágicas naranjas, resulta una generosa selección de poemas bien seleccionados por Patricio Foglia y Gustavo Yuste. Es un conjunto de textos reunidos con la intención de mostrar una diversidad de poéticas que den cuenta de las filiaciones y acaso las afiliaciones, las miradas y escrituras que se forjan en las presencias, modos y ausencias de la infancia y del hoy, pero también las lecturas, las continuidades y rupturas con aquello con que nos identificábamos.

El libro, al decir de los compiladores, es una “muestra de cómo se representan los lazos de sangre en nuestra poesía contemporánea... lazos reales, lazos que se construyen, lazos que se rompen y toman la forma de voces como ecos”.

Son 40 poemas agrupados en dos apartados: “Un vértigo parecido” y “Un hilo en las horas que corren”.

Como muestra vale un botón, dicen. En la primera parte se arranca con una suerte de emblema: “Pudiera ser” de Alfonsina Storni, pero las lecturas que le siguen no le van en zaga. En este grupo se puede leer a María Teresa Andruetto, Osvaldo Bossi, Gustavo Gottfried, Tom Maver, Walter Lezcano, Silvina Giaganti, Claudia Masin o Margarita Roncarolo, entre otros tantos. En todos ellos, se teje el vértigo que los agrupa, el vértigo de las maternidades y paternidades, el precipicio de las ausencias.

Mientras que en la segunda parte, se encuentran los poemas de Estela Figueroa, Verónica Pérez Arango, Laura Wittner o Joaquín Giannuzzi, entre tantos más. Aquí el bloque se cierra o ¿abre? con broche de oro con un poema tan corto como bello de Irene Gruss.

 

Construyendo sentidos


Si la creación escénica Medea va, de Edgardo Dib (Santa Fe) y el grupo La rueda, ya era en sí una original propuesta de búsquedas y encuentros, ahora se agrega a aquella experiencia, la “narrativa fotográfica en el proceso” de elaboración de la obra, hasta su encuentro con los espectadores, en registros expuestos en color.

El autor, Julián Villarraza, es un atento observador de la escena paranaense; sus conocidos trabajos para el Instituto Nacional del Teatro, publicados y valorados más de una vez en diarios, portales o revistas como La Otra Butaca, han dado cuenta de su sensibilidad y destrezas para captar un gesto o un signo que revelan siempre menos –o más- que lo que sugieren. 

En tanto, el elenco de Medea va, compuesto por Romina Fuentes, Daniela Osella y Pablo Vallejo, pusieron el cuerpo y voz para el abordaje del clásico.

El espectáculo, vale recordar, obtuvo distintas distinciones en 2019 y fue seleccionado por Entre Ríos  para participar de la Fiesta Nacional del Teatro llevada a cabo a fines del año pasado en La Pampa.

Ahora, la hermosa y atípica edición de La rueda, recientemente aparecida -con un prólogo de Oscar Lesa y pequeños textos del fotógrafo, en primera persona, que bien complementan y completan esta narración visual y emotiva interprovincial-, provoca, desde otra disciplina, que la pieza teatral siga latiendo.

martes, 9 de noviembre de 2021

Festival de Teatro de Rafaela 2021, para volver a celebrar y encontrarnos

Mónica Borgogno /Guillermo Meresman

En su 16ª edición el Festival de Teatro de Rafaela se prodigó durante una semana completa, del 29 de octubre al 7 de noviembre. Fue una edición muy particular, luego del obligado receso del año pasado, que público, artistas y prensa celebraron en la Perla del Oeste santafesino.

Como siempre, los circuitos de funciones, las instancias de formación y encuentros, dibujaron nuevos tránsitos y presentaron a los visitantes, un patrimonio cultural excepcional, del que los rafaelinos están muy orgullosos. Así, el slogan de esta edición, acertó al ser “Una ciudad en escena”.

Desde hace 15 años el FTR es un acontecimiento a escala nacional. Paulatinamente fue creciendo y mejorando hasta llegar a tener el prestigio actual. Un numeroso equipo de productores, comunicadores, gestores y colaboradores, además de la comunidad en su conjunto, son quienes prácticamente vienen garantizando hace más de una década, su “éxito”: los resultados de los que los números hablan. Pero de lo que también son elocuentes, son los momentos únicos y emociones que despiertan las obras y los diálogos con su público.

Diversidad, jerarquía escénica, solvencia organizativa –que sabe conciliar intereses públicos y privados-: casi un milagro en la realidad pandémica y la coyuntura argentina.

Programar

La Otra Butaca asistió a espectáculos inolvidables y hermosos, llegados de Buenos Aires, Mar del Plata, Rosario, más una propuesta liminal de audio obra que provino de Córdoba. Todo lo demás, que fue mucho, fue producción local. A las dos obras locales elegidas por un jurado, se sumaron cuatro propuestas surgidas de Laboratorios de Creación Escénica, de la que participaron unos 50 actores y actrices de la ciudad, con asistentes locales y directores invitados.

Esa fue tal vez, la característica distintiva de esta edición, la gran apuesta a la formación y profesionalización, la posibilidad de incluir a jóvenes en un proyecto creativo y el dar nuevos espacios y legitimación a un sinnúmero de talentosos artistas callejeros que hay en la ciudad y no tienen donde mostrar lo que tan bien saben hacer.

Disfrute

En la función de "Kinematos", una nena
aprovechó el palo chino libre... (foto de La Otra Butaca)
El circo estuvo presente en la programación 2021 –esta vez sin carpa- con Kinematos, de Ana Clara “Qu” Manera y Martín Umerez, una dupla de artistas marplatenses formados en la reconocida Escuela La Arena, que ya han recorrido medio mundo con sus destrezas en palo chino. En Paraná supieron actuar con el Circuito del Instituto Nacional del Teatro (INT). Ahora se aprestan a estrenar en el verano su nuevo Noso.Tres, a raíz de su hijo de meses, que los veía romper las leyes físicas desde el perímetro de la pista. Desde Mar del Plata gestionan el Festival Hazmereir y mientras tanto cautivan a su paso y ostentan una marca record: sus mil presentaciones con sus andanzas y números perfectos.

Una de las funciones se hizo en el imponente salón de la Sociedad Rural, jugaron con el público presente y deslumbraron con piruetas para nada “aburridas”. Pues en las devoluciones junto a la prensa contaron que tuvieron una maestra muy exigente, que cuando se deslizaban por el palo, si no llegaban a ras del suelo, les decía: ´aburrido´. En esas rondas, también confiaron parte de la magia que provocan: “No me interesa hacer piruetas si no me cuentan otra cosa. Nos gusta cargar una narrativa y usar el truco para el remate”, resaltó la acróbata. En otro tramo de las conversaciones aclaró que han girado mucho por Europa porque hay productores, un circuito y un mercado para artistas de circo, que Argentina carece.

Escena de "Un domingo" (foto de La Otra Butaca)
Una de las tantas escenas divertidas de la loca familia de "Un domingo" (foto de LOB).












 

En una de las jornadas, en el Lasserre, se vio Un domingo, trabajo de la cooperativa cultural Proyecto Migra (Buenos Aires). Con dirección del francés Florent Bergal, el elenco de Juan Carlos Fernández, Sofía Galliano, Gabriela Parigi, Tomás Sokolowicz, Florencia Valeri y Tato Villanueva, interpretó a una familia dudosa, donde todo parece posible. Un mundo ridículo e inquietante, que al concluir, hizo llorar a más de uno, por la emoción contenida, por la imaginación, la resiliencia y fuerza del teatro actual del país. Cada uno de los actores y actrices tiene en este espectáculo, su momento de lucimiento con malabares, equilibrio en altura, acrobacias, baile o tiro con arco, además de la gracia y singularidad de cada personaje, sea el novio tímido, el padre -patriarca que nadie respeta demasiado, esa madre atrevida y gozosa, las hijas, una amarga, la otra más querendona, y un tío u otro candidato, no se sabe, que también recala en esta colorida y disparatada familia.


De carne

Carne de consumo personal (Gustavo Conti)
En tanto en la Máscara estuvo Carne de consumo personal, un espectáculo de Jorge Thefs que se aproxima al biodrama, para contar y mostrar el dolor de un cuerpo que no responde a los estereotipos. La propuesta fue una de las que dio lugar a debates y charlas posteriores sobre la normalidad, la disidencia, la discriminación, el teatro, los cambios de época, que siempre vienen bien.


Bailemos... (foto Gustavo Conti)
Otras de las propuestas que también movilizó, fue la pergeñada por Ariel Dávila y Cris Ruf de la compañía Bineural Monokultur. Esta audio-obra, en Pasaje Carcabuey, hizo danzar a los asistentes y celebró la vida, como bien adelanta su título ¡Bailemos... que se acaba el mundo! Es un trabajo conceptual y emotivo a la vez, que invita a poner el cuerpo, a marchar, a pensar en la finitud, a tomar conciencia de lo que se tiene, de lo maquinal, espontáneos o seductores que podemos ser con un simple movimiento. Es una obra que propone escuchar en un mundo teñido de sordos y a poner en práctica el “eppur si muove”.

De lo mejor

Esa amistad de la primaria, retratada de manera magistral
y desopilante en "Perdón" de Sutottos. (Foto de LOB)
Perdón del grupo Sutottos y Que todas las vaquitas de Argentina griten mu, ambos de CABA, estuvieron entre los puntos altos de este FTR. En el primer caso, la propuesta del binomio Gadiel Sztryk y Andrés Caminos pone a jugar ciertos mitos de la argentinidad –la amistad, la primaria y sus recuerdos- y los encuentros de dos personajes desopilantes. 



El histrionismo de la pareja, como todos los demás componentes de la obra, lucen reperfilados y adecuados, en esta nueva creación, la octava, de los Sutottos. 

En la ronda de conversaciones con la prensa, los muchachos hablaron también de la culpa como material primigenio, su larga relación personal y profesional, que los llevó, los está llevando lejos. A propósito, su espectáculo Inestable ya lleva seis años en Buenos Aires, y promete más funciones.

Un momento de "Que todas las vaquitas..." (G. Conti)
En el segundo caso se trata de una producción muy divertida, llevada adelante también por intérpretes poderosos e imaginativos como Cristian Jensen, Emiliano Formia, Facundo Livia Mejías, Juan Isola, Ximena Banus y Eugenio Tourn. Así, Que todas las vaquitas..., de Juan Francisco Dasso y el grupo Mínimo, sorprendió con una gran puesta en escena que fue celebrada en dos funciones con mucho público. Al virtuosismo de los actores y Banus, el elenco valoró la capacidad de Dasso para enhebrar las tres historias de este tríptico. La primera, inspirada en el Ayax de Sófocles, la segunda en el Stefano de Discépolo y la tercera en la farándula de los ’70. Desde la parodia y el registro del varieté, con los aportes del director, Grupo Mínimo llegó al “máximo” de su producción, como dijeron en chiste en la ronda de intercambios de pareceres.

Laboratorios

Merece un capítulo aparte, además de los seminarios que se suelen incluir en cada festival, la incorporación por primera vez al programa oficial, de las puestas resultantes de los cuatro Laboratorios de Creación Escénica dictados por distintos referentes, que conquistaron la participación de artistas locales provenientes del arte callejero, de la danza, la plástica, la música o el teatro más convencional. Tras ese trabajo, se estrenaron las piezas finales Tierra de nadie (Emiliano Dionisi), Frutos del bosque (Emmanuel Calderón), Noches blancas (Jorge Eiro) y Los encuentros (María y Paula Marull) que prometen continuar durante el próximo verano. En todos los casos, el proceso permitió diferentes grados de experimentación y habilitó la creación de los artistas de la ciudad. Sembraron ganas, curiosidad, necesidad de continuidad, en una ciudad que quiere robustecer su campo teatral así como su equidad distributiva. Estos trabajos sumaron además otros espacios, espectadores y energías, lo que no dejó de ser valorado por el secretario de Cultura del Municipio, Claudio Stepffer y el director del festival, Gustavo Mondino.

Todos los artistas en escena, arriba del
Cine Teatro Belgrano (Foto de LOB)

Entre esos trabajos, uno de los más más intensos y bellos quizás fue Tierra de nadie, dirigida por Emiliano Dionisi, donde el mismo público rafaelino pudo identificar a sus artistas callejeros, de pronto en medio del escenario del Cine Teatro Belgrano, y reírse y deslumbrarse con ellos, verlos con otros ojos y aplaudirlos de pie. En una ciudad –que como en otras tantas- tiene una ordenanza municipal que prohíbe y persigue el trabajo de los artistas en la calle, la pieza reivindica, dignifica y como ninguna, le da un protagonismo al arte callejero, las acrobacias y la magia, que emociona.

Al aire libre

Dionisi además sumó su versión de la comedia Sueños de una noche de verano de Shakespeare, en el escenario del Parque Educativo Municipal Norberto Besaccia. En esta adaptación del clásico mostró una trama plagada de enredos, guiños, complicidades, con su particular estilo y su dramaturgia en rima.

El versátil elenco de "Sueño" (Foto La Otra Butaca).
La solvencia de cada uno de los integrantes de la Cía. Criolla: Lucía Baya Casal, Ramiro Delgado, Julia Garriz y el propio Dionisi, en el despliegue, casi sin respiro, de un sinnúmero de personajes desopilantes, hacen reír a chicos y grandes.

Hay que destacar la actuación de la Comedia Municipal de Rosario que se hizo presente con La medicina de Molière, con dirección de Adrián Giampani en el Predio Roque Sáenz que estuvo al cierre de la edición y Las vengadoras, de Bernardo Cappa, con cuatro actrices, en las primeras jornadas en el Anfiteatro Alfredo Williner, una y otra celebradas por los espectadores.

Eso no fue todo. La propuesta de este año se completó con Ana y Wiwi, de Lorena Romanin, Destino insular, La elegida, La casa de las Palomas, Nombrarte recuerdo, Qué hermosa kermesse y El danzón de Alejandro Viola y Los amados, que reunió a cientos de espectadores que disfrutaron de sus músicas e interpretaciones al aire libre.

Las localidades de Suardi y Ataliva, fueron una vez más, los otros brazos con los que el Festival logró expandirse, arrimando una parte de su programación.

En suma, el regreso a los festivales de teatro, y de éste en particular, demuestra que el encuentro con el arte, los artistas y sus universos estéticos, es vital.