Vistas de página en total

lunes, 18 de abril de 2022

Por los pequeños mundos poéticos y estéticos

Mónica Borgogno

Los Festivales dan la oportunidad del encuentro y del aprendizaje con los otros, el público, los grupos, los y las organizadoras.

En esta 8va. edición del Festival de Teatro Callejero Corriendo la coneja, pasó eso. Después de tanta virtualidad llegó la hora de atravesar de nuevo el cara a cara, el aplauso, el cuchicheo, el reírse o aburrirse, el buscar el mejor lugar y acomodarse, el abrazo y el emocionarnos.

Si bien no pudo ser en su escenario natural, ya instalado y esperado, en la plaza Roque Sáenz Peña, el girar por distintas salas ubicadas en las inmediaciones de dicha plaza que ocurrió en esta versión, provocó casi sin querer, la puesta en valor de estos espacios como la sala Saltimbanquis (Feliciano 546) y la Casa Boulevard (Ituzaingó 80). En el caso del alicaído sino abandonado Centro Cultural Juan L. Ortiz, fue significativo estar ahí, ocuparlo y transitarlo con teatro, banderines, colores, muestra de fotos, espectadores, artistas.

En esta ocasión, tuve oportunidad de participar con una de mis cajitas de teatro lambe lambe, ese teatro en miniatura que propone espiar por una ventanita una historia breve cualquiera. Junto con mis compañeras del grupo Patí Pamí, de Paraná, fuimos invitadas para mostrar lo nuestro en la última jornada del Festival que tuvo lugar el sábado 16 de abril en la parte exterior de este Centro Cultural (Racedo 250).

Hasta ahí llegamos con “Un vuelo inolvidable” (Pola Ortiz), “Una de piratas” (Silvia Ayala), “Otra Alfonsina” (de mi autoría) y “Un astronauta en la luna” (Marcelo Amorosi).

Ni bien nos instalamos, enseguida se arrimaron los primeros chicos y chicas. No paramos de hacer funciones, incluso para adultos que, curiosos, también quisieron mirar por la pequeña mirilla.

Como bien señaló Yanita Pérez, actriz, vestuarista y una fervorosa militante de esta disciplina, con este teatro portátil, de pequeñas dimensiones, uno tiene al espectador cara a cara, y por lo tanto no puede olvidarse de sus reacciones. “Yo me cruzo con alguien que me dice: Te vi en ‘ ¿Qué hacemos con Ubú?`. Pero yo no vi a ese espectador. En Lambe Lambe, como las funciones son de a uno o dos, sí”, diferenció Pérez quien también es docente de la primera Diplomatura en teatro de títeres y objetos con especialidad en Lambe Lambe que empezará a dictarse en mayo, de manera virtual, organizada por La Máscara Teatro y el aval de la Universidad Nacional del Chaco Austral. 

Así, tuvimos oportunidad de conocer a un par de artistas, convocados en esta edición, que generosamente compartieron información, datos, propuestas, iniciativas para seguir creciendo en red con el Lambe Lambe. 

Pero tras el cierre del festival, con la juntada del final y charla va, charla viene, lo cierto es que me quedé pensando en todas esas reacciones que aún quedaban dando vueltas como un souvenir de esa intensa y linda tarde.

Podría repasar a cada una de ellas, acaso para recordarlas. Por caso, hubo un nene que al terminar la obra, aplaudió, porque sí, espontáneamente. Otro, vino y se fue en silencio. Una nena dijo que le encantó y otra más chiquita con su impunidad y soltura largó: “¿De qué se trata?”. Más tarde, el que había aplaudido vino con un compañero de su edad, al que parecía haber convencido para que asista a la función. Una niña llegó por segunda vez con su mamá para ver de nuevo la obra, otra preguntó si al final iba a salir el cartel de “Fin” y otra más, se interesó por la técnica y quiso ver a los personajes de cerca.


La maestra de clown y actriz Yanina Frankel, del espectáculo “Hasta siempre” de la Compañía Basta (Buenos Aires) también se arrimó a ver “Otra Alfonsina”. La escuché reírse con el churrero y su canto y al bajar la ventanita, me buscó para abrazarme.

Ese, pensaba, es uno de los encantos de esta vieja y a la vez, renovada disciplina teatral que invita al espectador/a la inmersión. En este caso la experiencia sonora y visual propone atravesar una atmósfera a orillas de un mar de broderie y puntillas azules y verdes.

Conocer y reconocer a los espectadores, fascina. Conmover al individuo y su individualidad. Pero también atrapa la creación de estos pequeños universos e historias que dejan asumir sino aflorar los mundos poéticos y estéticos, únicos e íntimos de cada uno/a.

 

domingo, 17 de abril de 2022

Reseñas

Libros inspiradores

Nos llegaron un par de volúmenes de esmerados diseños, con mucho trabajo detrás, dignos de leer. Aquí van algunos comentarios que esperamos, inviten a ir por ellos.  


La rueda que gira

El grupo teatral La rueda, viene hace unos años produciendo una rica y diversificada experiencia interprovincial. Animado especialmente por Daniela Osella y Pablo Vallejo, la pareja de docentes del Profesorado de Teatro de Uader que funciona en la Escuela de música, danza y teatro “Prof. Constancio Carminio”, ha realizado distintos aportes y participaciones al campo cultural regional. Entre ellos figuran los Dossier Orillas Teatrales, que en su primer número está dedicado a “Experiencias pedagógicas en la formación actoral”, y el segundo a “El teatro callejero en el Litoral”.

Ambas ediciones tienen distintos méritos. Uno de ellos, el abrir el juego a diversas voces del teatro de la región. Pues, además de los nombrados, hay textos de Jazmín Sequeira, Romina Fuentes, Nidia Casis, Marisa Lescano y Juan Carlos Izaguirre, entre otros.

Por otra parte, los testimonios convocados comparten en primera persona, lo que piensan a la vez que transitan y documentan sus experiencias de formación artística. Como bien señalan quienes están en estos proyectos editoriales, "la producción escrita nos permite hoy poner en palabras la acción, diversificar puntos de vista y dialogar con lo heredado a partir del registro como método de investigación permanente de nuestras prácticas"

Asimismo, en el volumen dedicado al teatro callejero que se hace por estos lares, incluyen textos dramáticos como Las aventuras del gaucho Calandria –adaptación del clásico de Martiniano Leguizamón- o El principibito, de La tramoya, que vienen acompañados por un sinnúmero de fotografías que dan cuenta de las producciones, los procesos y la memoria de los espectáculos.

Estos aportes sustanciales se suman a proyectos creativos cada vez más atendidos y extendidos en sus alcances, que significan pasión por el movimiento, los cambios y las memorias del quehacer teatral en esta zona de confluencias.

 


Nacidos para poetizar

Como una lluvia de flechas de doble dirección, los poemas elegidos en la antología Una marca de nacimiento, hablan de los vínculos filiales que van y vienen y tejen lo que uno y otro es, una y otra u otro escribe.

Este nuevo libro del sello Mágicas naranjas, resulta una generosa selección de poemas bien seleccionados por Patricio Foglia y Gustavo Yuste. Es un conjunto de textos reunidos con la intención de mostrar una diversidad de poéticas que den cuenta de las filiaciones y acaso las afiliaciones, las miradas y escrituras que se forjan en las presencias, modos y ausencias de la infancia y del hoy, pero también las lecturas, las continuidades y rupturas con aquello con que nos identificábamos.

El libro, al decir de los compiladores, es una “muestra de cómo se representan los lazos de sangre en nuestra poesía contemporánea... lazos reales, lazos que se construyen, lazos que se rompen y toman la forma de voces como ecos”.

Son 40 poemas agrupados en dos apartados: “Un vértigo parecido” y “Un hilo en las horas que corren”.

Como muestra vale un botón, dicen. En la primera parte se arranca con una suerte de emblema: “Pudiera ser” de Alfonsina Storni, pero las lecturas que le siguen no le van en zaga. En este grupo se puede leer a María Teresa Andruetto, Osvaldo Bossi, Gustavo Gottfried, Tom Maver, Walter Lezcano, Silvina Giaganti, Claudia Masin o Margarita Roncarolo, entre otros tantos. En todos ellos, se teje el vértigo que los agrupa, el vértigo de las maternidades y paternidades, el precipicio de las ausencias.

Mientras que en la segunda parte, se encuentran los poemas de Estela Figueroa, Verónica Pérez Arango, Laura Wittner o Joaquín Giannuzzi, entre tantos más. Aquí el bloque se cierra o ¿abre? con broche de oro con un poema tan corto como bello de Irene Gruss.

 

Construyendo sentidos


Si la creación escénica Medea va, de Edgardo Dib (Santa Fe) y el grupo La rueda, ya era en sí una original propuesta de búsquedas y encuentros, ahora se agrega a aquella experiencia, la “narrativa fotográfica en el proceso” de elaboración de la obra, hasta su encuentro con los espectadores, en registros expuestos en color.

El autor, Julián Villarraza, es un atento observador de la escena paranaense; sus conocidos trabajos para el Instituto Nacional del Teatro, publicados y valorados más de una vez en diarios, portales o revistas como La Otra Butaca, han dado cuenta de su sensibilidad y destrezas para captar un gesto o un signo que revelan siempre menos –o más- que lo que sugieren. 

En tanto, el elenco de Medea va, compuesto por Romina Fuentes, Daniela Osella y Pablo Vallejo, pusieron el cuerpo y voz para el abordaje del clásico.

El espectáculo, vale recordar, obtuvo distintas distinciones en 2019 y fue seleccionado por Entre Ríos  para participar de la Fiesta Nacional del Teatro llevada a cabo a fines del año pasado en La Pampa.

Ahora, la hermosa y atípica edición de La rueda, recientemente aparecida -con un prólogo de Oscar Lesa y pequeños textos del fotógrafo, en primera persona, que bien complementan y completan esta narración visual y emotiva interprovincial-, provoca, desde otra disciplina, que la pieza teatral siga latiendo.

martes, 9 de noviembre de 2021

Festival de Teatro de Rafaela 2021, para volver a celebrar y encontrarnos

Mónica Borgogno /Guillermo Meresman

En su 16ª edición el Festival de Teatro de Rafaela se prodigó durante una semana completa, del 29 de octubre al 7 de noviembre. Fue una edición muy particular, luego del obligado receso del año pasado, que público, artistas y prensa celebraron en la Perla del Oeste santafesino.

Como siempre, los circuitos de funciones, las instancias de formación y encuentros, dibujaron nuevos tránsitos y presentaron a los visitantes, un patrimonio cultural excepcional, del que los rafaelinos están muy orgullosos. Así, el slogan de esta edición, acertó al ser “Una ciudad en escena”.

Desde hace 15 años el FTR es un acontecimiento a escala nacional. Paulatinamente fue creciendo y mejorando hasta llegar a tener el prestigio actual. Un numeroso equipo de productores, comunicadores, gestores y colaboradores, además de la comunidad en su conjunto, son quienes prácticamente vienen garantizando hace más de una década, su “éxito”: los resultados de los que los números hablan. Pero de lo que también son elocuentes, son los momentos únicos y emociones que despiertan las obras y los diálogos con su público.

Diversidad, jerarquía escénica, solvencia organizativa –que sabe conciliar intereses públicos y privados-: casi un milagro en la realidad pandémica y la coyuntura argentina.

Programar

La Otra Butaca asistió a espectáculos inolvidables y hermosos, llegados de Buenos Aires, Mar del Plata, Rosario, más una propuesta liminal de audio obra que provino de Córdoba. Todo lo demás, que fue mucho, fue producción local. A las dos obras locales elegidas por un jurado, se sumaron cuatro propuestas surgidas de Laboratorios de Creación Escénica, de la que participaron unos 50 actores y actrices de la ciudad, con asistentes locales y directores invitados.

Esa fue tal vez, la característica distintiva de esta edición, la gran apuesta a la formación y profesionalización, la posibilidad de incluir a jóvenes en un proyecto creativo y el dar nuevos espacios y legitimación a un sinnúmero de talentosos artistas callejeros que hay en la ciudad y no tienen donde mostrar lo que tan bien saben hacer.

Disfrute

En la función de "Kinematos", una nena
aprovechó el palo chino libre... (foto de La Otra Butaca)
El circo estuvo presente en la programación 2021 –esta vez sin carpa- con Kinematos, de Ana Clara “Qu” Manera y Martín Umerez, una dupla de artistas marplatenses formados en la reconocida Escuela La Arena, que ya han recorrido medio mundo con sus destrezas en palo chino. En Paraná supieron actuar con el Circuito del Instituto Nacional del Teatro (INT). Ahora se aprestan a estrenar en el verano su nuevo Noso.Tres, a raíz de su hijo de meses, que los veía romper las leyes físicas desde el perímetro de la pista. Desde Mar del Plata gestionan el Festival Hazmereir y mientras tanto cautivan a su paso y ostentan una marca record: sus mil presentaciones con sus andanzas y números perfectos.

Una de las funciones se hizo en el imponente salón de la Sociedad Rural, jugaron con el público presente y deslumbraron con piruetas para nada “aburridas”. Pues en las devoluciones junto a la prensa contaron que tuvieron una maestra muy exigente, que cuando se deslizaban por el palo, si no llegaban a ras del suelo, les decía: ´aburrido´. En esas rondas, también confiaron parte de la magia que provocan: “No me interesa hacer piruetas si no me cuentan otra cosa. Nos gusta cargar una narrativa y usar el truco para el remate”, resaltó la acróbata. En otro tramo de las conversaciones aclaró que han girado mucho por Europa porque hay productores, un circuito y un mercado para artistas de circo, que Argentina carece.

Escena de "Un domingo" (foto de La Otra Butaca)
Una de las tantas escenas divertidas de la loca familia de "Un domingo" (foto de LOB).












 

En una de las jornadas, en el Lasserre, se vio Un domingo, trabajo de la cooperativa cultural Proyecto Migra (Buenos Aires). Con dirección del francés Florent Bergal, el elenco de Juan Carlos Fernández, Sofía Galliano, Gabriela Parigi, Tomás Sokolowicz, Florencia Valeri y Tato Villanueva, interpretó a una familia dudosa, donde todo parece posible. Un mundo ridículo e inquietante, que al concluir, hizo llorar a más de uno, por la emoción contenida, por la imaginación, la resiliencia y fuerza del teatro actual del país. Cada uno de los actores y actrices tiene en este espectáculo, su momento de lucimiento con malabares, equilibrio en altura, acrobacias, baile o tiro con arco, además de la gracia y singularidad de cada personaje, sea el novio tímido, el padre -patriarca que nadie respeta demasiado, esa madre atrevida y gozosa, las hijas, una amarga, la otra más querendona, y un tío u otro candidato, no se sabe, que también recala en esta colorida y disparatada familia.


De carne

Carne de consumo personal (Gustavo Conti)
En tanto en la Máscara estuvo Carne de consumo personal, un espectáculo de Jorge Thefs que se aproxima al biodrama, para contar y mostrar el dolor de un cuerpo que no responde a los estereotipos. La propuesta fue una de las que dio lugar a debates y charlas posteriores sobre la normalidad, la disidencia, la discriminación, el teatro, los cambios de época, que siempre vienen bien.


Bailemos... (foto Gustavo Conti)
Otras de las propuestas que también movilizó, fue la pergeñada por Ariel Dávila y Cris Ruf de la compañía Bineural Monokultur. Esta audio-obra, en Pasaje Carcabuey, hizo danzar a los asistentes y celebró la vida, como bien adelanta su título ¡Bailemos... que se acaba el mundo! Es un trabajo conceptual y emotivo a la vez, que invita a poner el cuerpo, a marchar, a pensar en la finitud, a tomar conciencia de lo que se tiene, de lo maquinal, espontáneos o seductores que podemos ser con un simple movimiento. Es una obra que propone escuchar en un mundo teñido de sordos y a poner en práctica el “eppur si muove”.

De lo mejor

Esa amistad de la primaria, retratada de manera magistral
y desopilante en "Perdón" de Sutottos. (Foto de LOB)
Perdón del grupo Sutottos y Que todas las vaquitas de Argentina griten mu, ambos de CABA, estuvieron entre los puntos altos de este FTR. En el primer caso, la propuesta del binomio Gadiel Sztryk y Andrés Caminos pone a jugar ciertos mitos de la argentinidad –la amistad, la primaria y sus recuerdos- y los encuentros de dos personajes desopilantes. 



El histrionismo de la pareja, como todos los demás componentes de la obra, lucen reperfilados y adecuados, en esta nueva creación, la octava, de los Sutottos. 

En la ronda de conversaciones con la prensa, los muchachos hablaron también de la culpa como material primigenio, su larga relación personal y profesional, que los llevó, los está llevando lejos. A propósito, su espectáculo Inestable ya lleva seis años en Buenos Aires, y promete más funciones.

Un momento de "Que todas las vaquitas..." (G. Conti)
En el segundo caso se trata de una producción muy divertida, llevada adelante también por intérpretes poderosos e imaginativos como Cristian Jensen, Emiliano Formia, Facundo Livia Mejías, Juan Isola, Ximena Banus y Eugenio Tourn. Así, Que todas las vaquitas..., de Juan Francisco Dasso y el grupo Mínimo, sorprendió con una gran puesta en escena que fue celebrada en dos funciones con mucho público. Al virtuosismo de los actores y Banus, el elenco valoró la capacidad de Dasso para enhebrar las tres historias de este tríptico. La primera, inspirada en el Ayax de Sófocles, la segunda en el Stefano de Discépolo y la tercera en la farándula de los ’70. Desde la parodia y el registro del varieté, con los aportes del director, Grupo Mínimo llegó al “máximo” de su producción, como dijeron en chiste en la ronda de intercambios de pareceres.

Laboratorios

Merece un capítulo aparte, además de los seminarios que se suelen incluir en cada festival, la incorporación por primera vez al programa oficial, de las puestas resultantes de los cuatro Laboratorios de Creación Escénica dictados por distintos referentes, que conquistaron la participación de artistas locales provenientes del arte callejero, de la danza, la plástica, la música o el teatro más convencional. Tras ese trabajo, se estrenaron las piezas finales Tierra de nadie (Emiliano Dionisi), Frutos del bosque (Emmanuel Calderón), Noches blancas (Jorge Eiro) y Los encuentros (María y Paula Marull) que prometen continuar durante el próximo verano. En todos los casos, el proceso permitió diferentes grados de experimentación y habilitó la creación de los artistas de la ciudad. Sembraron ganas, curiosidad, necesidad de continuidad, en una ciudad que quiere robustecer su campo teatral así como su equidad distributiva. Estos trabajos sumaron además otros espacios, espectadores y energías, lo que no dejó de ser valorado por el secretario de Cultura del Municipio, Claudio Stepffer y el director del festival, Gustavo Mondino.

Todos los artistas en escena, arriba del
Cine Teatro Belgrano (Foto de LOB)

Entre esos trabajos, uno de los más más intensos y bellos quizás fue Tierra de nadie, dirigida por Emiliano Dionisi, donde el mismo público rafaelino pudo identificar a sus artistas callejeros, de pronto en medio del escenario del Cine Teatro Belgrano, y reírse y deslumbrarse con ellos, verlos con otros ojos y aplaudirlos de pie. En una ciudad –que como en otras tantas- tiene una ordenanza municipal que prohíbe y persigue el trabajo de los artistas en la calle, la pieza reivindica, dignifica y como ninguna, le da un protagonismo al arte callejero, las acrobacias y la magia, que emociona.

Al aire libre

Dionisi además sumó su versión de la comedia Sueños de una noche de verano de Shakespeare, en el escenario del Parque Educativo Municipal Norberto Besaccia. En esta adaptación del clásico mostró una trama plagada de enredos, guiños, complicidades, con su particular estilo y su dramaturgia en rima.

El versátil elenco de "Sueño" (Foto La Otra Butaca).
La solvencia de cada uno de los integrantes de la Cía. Criolla: Lucía Baya Casal, Ramiro Delgado, Julia Garriz y el propio Dionisi, en el despliegue, casi sin respiro, de un sinnúmero de personajes desopilantes, hacen reír a chicos y grandes.

Hay que destacar la actuación de la Comedia Municipal de Rosario que se hizo presente con La medicina de Molière, con dirección de Adrián Giampani en el Predio Roque Sáenz que estuvo al cierre de la edición y Las vengadoras, de Bernardo Cappa, con cuatro actrices, en las primeras jornadas en el Anfiteatro Alfredo Williner, una y otra celebradas por los espectadores.

Eso no fue todo. La propuesta de este año se completó con Ana y Wiwi, de Lorena Romanin, Destino insular, La elegida, La casa de las Palomas, Nombrarte recuerdo, Qué hermosa kermesse y El danzón de Alejandro Viola y Los amados, que reunió a cientos de espectadores que disfrutaron de sus músicas e interpretaciones al aire libre.

Las localidades de Suardi y Ataliva, fueron una vez más, los otros brazos con los que el Festival logró expandirse, arrimando una parte de su programación.

En suma, el regreso a los festivales de teatro, y de éste en particular, demuestra que el encuentro con el arte, los artistas y sus universos estéticos, es vital.

 

sábado, 9 de octubre de 2021

Reseñas de primavera

Apuntes sobre una Historia del teatro en Rosario

Acaba de aparecer, y fue presentado virtualmente el 29 de septiembre del corriente, un nuevo libro dedicado a recuperar los orígenes, nombres de pioneros y principales desarrollos de un territorio importante de la cartografía teatral regional: la Historia del teatro en Rosario, 1900/ 1959, de Clide Tello.

Un libro algo demorado –lo afectó seriamente la pandemia-, pero que llega presuroso a cubrir un período relevante de la actividad escénica de una ciudad de las más grandes y populosas del país. Una ciudad, por otra parte, muy vinculada con la historia del teatro en Entre Ríos y en suma, basal para comprender parte sustancial del teatro argentino pasado y contemporáneo, al menos de esta cartografía en parte compartida.

La relación aparece mencionada en el dato sobre el primer teatro rosarino del siglo XIX, durante la Confederación Argentina, integrado por el actor moreno Benito Giménez, quien intervendría en la Sociedad Dramática Entre-Riana que funcionó en el Teatro 3 de Febrero de Paraná a mediados de ese siglo. Pero también en Rosario un jovencísimo  Francisco Defilippis Novoa estrenaría sus primeras piezas, Isidoro Rossi daría a conocer en el Teatro Comedia una obra valiosa de su producción –el sainete criollo Por despistar- y el Teatro Estudio Casacuberta ofrecería en 1954 la primer tragicomedia de Juan Carlos Ghiano La casa de los Montoya, según testimonia el decano La Capital.

El estreno en 1942 en el Teatro 3 de Febrero de Paraná de Detrás del mueble, del rosarino Roger Pla, con dirección del pionero modernizador Alberto Rodríguez Muñoz –cuyo programa de pared integra el maravilloso apéndice de imágenes que es un valor agregado del libro-, o los numerosos estrenos de García Velloso en Entre Ríos, dan cuenta de que el flujo y circuito entre una y otra ciudad, se prolongaron durante un siglo y medio e influyó notoriamente en las actividades de las provincias vecinas.

La autora del trabajo, vale subrayar, es una reconocida profesora en Letras que, acompañada por un pequeño grupo de valorados colaboradores (Daniel Feliu, Marcela Ruiz, Julieta Meinero y Carlos Chiappero), viene hace décadas esforzándose en hacer conocer una parte valiosa del patrimonio de la gran “ciudad fenicia”.

Un corto segmento de vida escénica había integrado su decisivo aporte en la Historia del teatro argentino en las provincias –vol. II, 2007-, con el Grupo de Estudios de Teatro Argentino e Iberoamericano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y la dirección de Osvaldo Pellettieri. Ya entonces eran casi veinte años de revelarnos las novedades que llegaban de la otra orilla.

El otro segmento más extenso que aquí amplía el período, es un inédito relato de las primeras décadas del 900 en “la Chicago argentina”, y abarca cuarenta años de febril tradición escénica. Del teatro pero también del contexto: el extraordinario crecimiento de la urbe con las llegadas de las olas de inmigrantes, el perfil industrial y cosmopolita de su existencia a la vera del Paraná, los cambios del público y sus intereses. Y la inclusión de la presencia y estreno de la emblemática Canillita de Florencio Sánchez, entre otras.

Cada una de estas partes, ofrece una exhaustiva cronología de estrenos –que junto a las de algunas ciudades de nuestra provincia, completan los circuitos vislumbrados de empresarios, compañías y artistas, “estímulos externos” y características regionales-, y al final un índice onomástico que ayuda al lector a repasar un dato, vincular un nombre o recordar el título de una pieza.

El doctor Aldo Pricco – director de una nueva colección en la Editorial de la Universidad Nacional de Rosario- señala en el cálido prólogo que “pensar en Clide es garantía de dedicación, esfuerzo, estudio consecuente, inteligencia, talento y generosidad. Quienes en los años ’70 pasamos por el legendario grupo Teatrika de Rosario supimos de su amor por el teatro en general y por la literatura dramática en particular. También lo saben –y cada tanto la nostalgia les pone en la boca una sonrisa, las distintas generaciones de estudiantes y egresados de la Escuela Provincial de Teatro y Títeres de Rosario (ex Nacional)-, quienes experimentaron en carne propia la imposibilidad de no aprender teatro y literatura dramática con las clases brillantes de Tello. Aún hoy flota en las aulas y pasillos de la escuela mencionada cierta melancolía a raíz de su merecido retiro, porque no resulta frecuente en estos tiempos aprender a aprender, como indefectiblemente sucedía con ella”.

En efecto, Clide Tello realiza con este hermoso volumen un nuevo jalón en su rica trayectoria como investigadora y docente; un programa de conocimiento audaz y excepcional.

La autora – que también fue jurado de certámenes teatrales en Paraná tiempo atrás- realiza vastos y específicos análisis de abundante producción cultural, en parte notable por su factura estética, en un trabajo arduo y consecuente que acaba de ponerse a disposición para teatristas y lectores. Para su provecho, en otro título que hace historia y de aquí no más.

Volver a Filloy

Dos libros dedicados a don Juan Filloy sacudieron la modorra literaria los últimos meses, uno producido por la Universidad Nacional de Villa María y el otro por la Universidad Nacional de Córdoba.

El recuerdo del longevo autor riocuartense, uno de los más excepcionales escritores argentinos del siglo pasado, recorre su primera biografía escrita por Ariel Magnus titulada Un atleta de las letras (2017), y también se hace presente en los estudios sobre su vida y obra publicados con el título de La zorra, la cigarra y el mono. Tres fábulas para leer a Juan Filloy (1894- 1939), (2020) de Candelaria de Olmos.

En el primer caso, se trata de un trabajo descomunal de Magnus, que acotadamente como son recibidos los buenos libros en este país, apenas si generó alguna que otra crítica o reseña literaria.

El “mito Filloy” acaso de para todo, pero su porfiada omisión en nuestra literatura ya no es patrimonio de todo un siglo: el nuestro, el XX. Ahora en el último de los tres transitados por el gran escritor cordobés, un sector de la cultura argentina lo rescata y reedita, incorpora algunos de sus textos para el teatro, lo analiza y lo difunde; otro sector sigue suspicazmente haciéndole un vacío.

La colosal, intrépida y maníaca obra en poesía y prosa del centenario escritor –vivió 105 años, como deseaba, en tres siglos-, se amplió entonces con este libro que repasa toda su “ópera omnia”, devela un frondoso anecdotario, epistolarios y testimonios, a los que el biógrafo acude para visitar al campeón del mundo, al gran recordman que fue don Juan Filloy.

Insolente, imparable, el Messi de nuestra literatura, debe estar en algún lado levantando una copa con la salida de este librazo. Y desde la portada que presenta a un simpático anciano de corbata, la redacción meticulosa va saltando edades y peripecias, acompañado de fotos y dibujos muy singulares, y documentos que pueblan la leyenda. Como asegura la contratapa, quien hojee estas páginas debe saber que está delante de “una semblanza exhaustiva de este gigante de nuestras letras”.

No sólo el nutrido apéndice corona esta vida literaria y este estudio de Magnus, a la medida del autor de Op Oloop. También la pasión y el amor con Paulina, su esposa entrerriana, obtienen su podio, y el sexo –o el Sexamor-, y el arte y los deportes reciben sus medallas olímpicas.

Cómo lamentamos no poder comunicarnos ya telestésicamente con el Maestro, ahora que más que nunca seguimos necesitados de su pensamiento y sus humoradas. Pero este trabajo de Ariel Magnus, restituye lo esencial: las búsquedas de palabras y sonidos, de imágenes e ideas que destellan, antes de ser presas de la oscuridad y el olvido.

Múltiples Filloy

En el segundo caso, la experticia de la autora precedida por un elogioso texto de Mempo Giardinelli, es un “audaz, denso e inquietante trabajo” de análisis sobre la obra y la vida de Filloy, hombre inusualmente singular según caracteriza el prologuista.

Para el renombrado escritor chaqueño, el caso Juan Filloy supone “un magma escritural que no tenía precedentes, y, por eso mismo, dado su carácter inesperado y provocador, ofrecía y ofrece innumerables flancos y vericuetos necesariamente tentadores, pero a los que el sistema crítico académico de la Argentina hasta ahora no se había atrevido a profundizar”.

En efecto, Candelaria de Olmos en su vasto ensayo de más de 350 páginas, parece animada por una curiosidad impar, atizada por una serie de preguntas sobre la producción del extraordinario autor cordobés, aspectos que se deslizan en la misma contratapa y que también cierran su exhaustiva pesquisa académica. La autora afirma allí que una cuestión capital e incómoda, alentó un momento de su investigación y se le impuso: “¿cómo pudo llegar tan lejos siendo que tenía tan poco?”.

Para responder esto, o confirmarlo y tender nuevas punzantes intrigas, nada mejor que este valioso libro de la Editorial de la Universidad Nacional de Córdoba.

Con el anterior de Ariel Magnus, ambos aparecidos recientemente, vuelven a llamar a escena, en prolijas y serias ediciones, amasadas a lo largo de muchos años, a algunos de los Juanes Filloy que pueblan su mito.

miércoles, 18 de agosto de 2021

Por el XXX Festival de Mujeres en Escena por la Paz

La Narradora Impura, de Córdoba, estuvo en Colombia. Su directora, Paula Neri nos convidó la siguiente crónica para compartir lo que vivieron y vieron en este histórico y esperado festival.

 

El 17 de mayo de este año fue un lunes y estaba bien nublado. Ese lunes a las 11 de la mañana, prendí la compu, revisé los correos y me enteré de la noticia: El XXX Festival de Mujeres en Escena por la Paz había seleccionado nuestra obra “La narradora impura (teatro para cuentos)”, para participar en su país, Colombia.

Eugenia Cora, actriz y yo, directora, hicimos hace tres años esta obra a la que llamamos La Narradora Impura (Teatro para Cuentos) con la que venimos haciendo funciones desde su estreno en 2019.


El Festival de Mujeres nos cubría parte de la estadía, exactamente cuatro noches y el alimento de esos días y de algunos más, pero los pasajes aéreos no estaban cubiertos. Lloramos de alegría y arrancamos con una campaña de trabajo y de logística que finalmente nos ayudó a estar presentes en Bogotá para mostrar lo nuestro. La voluntad de que la Narradora llegue a la capital colombiana, fue total.

El 2 de agosto volamos durante seis horas y sin escalas a Colombia. Luz, una colombiana artista plástica que se enamoró de nuestra aventura, nos ofreció a cambio de nada un piso 17, en pleno centro y muy cerca del barrio La Candelaria.

Ahí se realiza este festival que reúne a muchas salas de teatro, entre ellas la sala La Candelaria y la sala Seki Sano, verdaderas centrales de operaciones de este encuentro de mujeres creadoras que se desplegó del 6 al 15 de agosto.

En este territorio histórico de la ciudad de Bogotá, pudimos observar gran cantidad de salas de teatro, fundaciones culturales, casas de cultura y fomento para las artes, museos y galerías. Desde nuestra visión y en estado de turistas teatreras lo vimos muy positivo y alentador. Charlando con hacedores y hacedoras de Bogotá no lo ven tan así, pero como en todos lados.

La calidad teatral, la forma de hacer teatro, los espacios y las personas que lo hacen nos gustaron también por la forma tan maravillosa de ponerle el cuerpo al teatro. Este aspecto tan único también lo vimos reflejado en el equipamiento, las estructuras de las salas, los baños, los elementos, los suelos, las ventanas, la cocina, la cocinera y los técnicos. Cada una de estas referencias están realizadas con amor y las personas quieren hacerlo, nadie está en un lugar o rol en el que no quiera estar. Y eso es un montón.

La organización de este festival está a cargo en su mayoría de mujeres, aunque hay muchos varones también y se respira sintonía y respeto, orden, entusiasmo, alegría y cooperativismo. Nos han recibido muy bien, mucha gente a disposición nuestra y del resto de las bandas de teatro, atención y conexión.

Este festival que ya lleva 30 ediciones, lo arrancó la actriz y directora Patricia Ariza. En sus inicios, era muy pequeño, sólo 6 obras y sin apoyo, pero con mucha fuerza y creatividad y con el mismo objetivo, conseguir la paz, la libertad de expresión y que estas no estén atravesadas por el patriarcado. Propuestas libres de machismo y marcas patriarcales. Este año, en su trigésimo aniversario, el festival reunió 80 obras y una nutrida programación de eventos especiales como talleres, encuentros y conferencias relacionadas con la perspectiva de género en el teatro.


Las bandas de teatro o compañías son casi todas bogotanas, nosotras fuimos las únicas argentinas, aunque hubo algunas obras de Chile, México, España, Portugal y otras tantas del interior de Colombia. Pudimos ver a las compañeras chilenas en “Juntas en resistencia” –de la compañía Noche de payasas- con una propuesta de clown muy encantadora sobre todo porque ellas, empáticas con Colombia, supieron hacerlo con humor. En tanto, las propuestas colombianas, atravesadas por lo social, coincidieron en general, en expresar de distintos modos que esta violencia, esta desigualdad social no es de ahora, es de hace muchísimos años.

Por la calle, en un fanzine que repartían, la situación se sintetizaba en un párrafo:

No ha sido un mes

Han sido casi quinientos veinte años

En que nos mienten, matan, violan

Diciendo que es lo mejor para nosotros.

En Argentina también sucede, también pasa, suponemos que cada pueblo lo vive desde su raíz, desde su tradición. Aquí y allá también violan, desplazan pueblos originarios, desaparecen gente y asesinan a personas inocentes, también los presidentes mienten y prometen, la gente se manifiesta y no sabe si vuelve a su casa, también la juventud exige mejores condiciones de educación, de vida y de alimentos.

El Festival de Mujeres en Escena por la Paz, seguirá llamándose así hasta que ya no haga falta incluir las palabras “por la paz”, suelen asegurar las organizadoras. Ellas consideran que aún es necesario y así lo pensamos también Eugenia y yo.

Nosotras, que estamos viviendo este  momento y en este contexto, creemos fuertemente que el arte hace bien y no enferma, que es saludable y necesario, que tiene que seguir resistiendo porque consideramos que es esencial, más que otras actividades. Consumir arte es nutrirse de otras almas, de otras vivencias que nos abren la cabeza y el corazón, el teatro nos muestra que solo depende de nosotres crear nuestra propia historia, en paz, en armonía, sin desear el mal a nadie, sin romper nada, estando allí, adelante del público, en presencia. habilitando la magia de otros mundos, cosquilleando a la alegría y esperanzando a la humanidad.

----

Por la suspensión de su vuelo, tuvieron que quedarse unos días más y ahí nomás, programaron una nueva función de La narradora impura. Será el 19 y 20 de agosto a las 18 en la sala Ditirambo Teatro, en Bogotá.

miércoles, 4 de agosto de 2021

Cuerpo y escritura en Arnaldo Calveyra

El escritor y estudioso Mario Daniel Villagra nos acerca este ensayo que tituló “Cuerpo y escritura en Arnaldo Calveyra (1919-2015)”. Para quien todavía no ha osado leer la obra poética o el teatro reunido de Calveyra, el texto que sigue es una antesala más que necesaria. Y si ya se leyó a este autor insigne, ayuda a repasar algunas claves de lectura y señala orígenes, posicionamientos, entrecruzamientos con el teatro latinoamericano y europeo que hacen detener el ojo.
Villagra arrima unos documentos inéditos increíbles como la carta que Arnaldo le escribe al director de su escuela, cuando tenía 9 años, para que le corrija la comedia que acababa de escribir y quería representar.
Es una perlita más para La Otra Butaca. Tómense el tiempo que vale la pena.

El escritor entrerriano dice “el cuerpo dicta y el alma traduce”[1], evocando al escenario lo intangible de nuestro objeto: ¿cómo es la relación entre cuerpo y escritura en Arnaldo Calveyra? Pone en una misma frase el problema de un cuerpo que habla y que a su vez tiene que lograr expresar mensajes indecibles por un idioma que es ajeno al cuerpo, pareciendo así que para él escribir es traducir; como si su rol fuera el de un trujamán.

Escuchen bien: El cuerpo dicta y el alma traduce. Es una frase que se puede abordar según las diferencias entre conocimiento científico y artístico, pues, según Juan L. Ortiz, “el científico se coloca en la posición de valerse como instrumento de la abstracción del concepto. El poeta es la sensación, la intuición y a veces la imaginación, que es también muy importante en la captación del objeto”[2].

 Motivo por cual, estimado público, trataremos de integrar la visión científica y la artística para captar este objeto, construirlo, con la dialéctica como “método para el hallazgo de nuevos resultados, para progresar de lo conocido a lo desconocido”[3]; y si me refiero a lo conocido, es porque existe lo documentable, lo publicado, en suma, lo demostrable; y si digo lo desconocido, hago alusión a lo que podemos arribar por medio de las conjeturas o develar por deducciones basadas en hechos, los cuales veremos a continuación.  

Sin más preámbulo, con nosotros, dos actos de los Calveyra’s, dos maneras de ser de la relación cuerpo y escritura.

 

Primer acto: Por lo biográfico. Un recorrido de vida ligada a la escritura

Mi nombre es Arnaldo César Calveyra, tengo 9 años, nací el 23 de febrero de 1929, en el campo de Entre Ríos, en la localidad de Mansilla, departamento Tala. Soy el séptimo hijo varón, por lo que tranquilamente puedo ser un lobizón, y quizás esa mezcla de leyenda y fábula marca mi vida para siempre; eso, y además que tengo un hermano sonámbulo, con lo cual andar caminando como entre sueños me resulta normal; tanto como escribir, porque mi casa es una escuela, es decir, una casa-escuela, dado que mi madre es la maestra; así como los alumnos se mezclan con mis hermanos, las tareas de la escuela lo hacen con mis juegos. De hecho, escribí esto: “abril de 1938”:

“Al señor Director de la revista Pilufo,

De mi mayor consideración

Tengo el altísimo honor de dirigirme por primera vez a Ud. rogándole que quisiera hacer el favor me corrigiera una comedia que yo hice y la quiero representar en mi escuela”[4].

Con el rescate de este archivo, y lo anecdótico anterior, lo que se quiere mostrar es que la relación escritura y el cuerpo comienza a experimentarse desde la infancia. De ello, al imbricarlo con la visión psicoanalítica de que el cuerpo “no es algo dado, sino algo a construir”[5], digo que la experiencia de ser-en-el-mundo un escritor, es algo que venía experimentando desde temprana edad corporal. Ahora bien, sobre todo, lo que se quiere remarcar, es que ser escritor no es una etiqueta; ese rol se encarna “en la medida que penetras en un trabajo de escritura”[6]; es decir, en otras palabras, que se es escritor si la escritura se hace con el cuerpo, si sujeto literario se funde con el sujeto empírico y conforman un solo cuerpo de y para la escritura.

A partir de esta carta podemos ver otra dimensión de la relación cuerpo y escritura: la escritura relacionada también con el lugar que ocupa el hecho de la publicación. Publicar es otra trasformación dentro de la cadena de materialidad de la escritura; es otra manera de poner el cuerpo, sea por la representación teatral o gráfica, pues marca una presencia en la escena de lo público.

Documentos del archivo familiar de A. Calveyra.



En otras palabras, se podría decir que ese “cuerpo simbólico”[7], según Gómez y el psicoanálisis, “un cuerpo vacío, sin contenido […] que se presentara como superficie de inscripción”[8], en mí caso, pasa a ser un sujeto para la inscripción, es decir, desde temprana edad pasa a ser un sujeto para la escritura, un cuerpo habitado por el deseo de escribir, de ser escritor, y, en consecuencia, todos los sentidos, en vez de enajenarse, se pusieron en función de ese móvil de vida: la escritura. En todo caso, si existe un sujeto del deseo, ese deseo es el de habitar la escritura. Entonces, la primera corporalidad de la relación entre cuerpo y escritura o del cuerpo a disposición de la escritura, se manifiesta con los “Perseguidos”, que figura en el archivo que acabamos de ver.

La segunda materialidad, no contento con que, según Gómez, “la primera escritura que se hace sobre el nacido es la del registro civil”[9], se realiza los quince años con “Ha nacido un hombre”[10], como una manera de demostrar que, así como “el cuerpo se constituye”[11], un escritor también puede elegir cuando nacer.

Paréntesis: como podrán ver —y escuchar, porque declararé en un futuro— “yo escribo a mano, hago varios manuscritos a mano, ya cuando escribo a maquina es porque me estoy alejando”[12], con lo cual quiero decir, para reforzar la vinculación entre cuerpo y escritura, que la materialidad de la escritura, el soporte mecánico, seguirá siendo el cuerpo, la escritura a mano.

Y ya que estamos en el futuro, y para cerrar este primer acto hecho de anécdotas y archivos, voy a evocar a mi yo de 2012. Cuando apareció La Selva, entre mis papeles traspapelados, quise que fuera incluida en Teatro reunido (Eduner, 2012). Con una persona coordinamos encontrarnos en una estación de tren, de camino al aeropuerto, para hacer entrega del manuscrito. Lo cierto es que dije que estaría esperando con Monique, y, por si las dudas, llevaría puesta una corbata roja. El pasamano sucedió con éxito y el manuscrito llegó al destino. Ahora bien, y aquí viene lo importante, cuando Sergio Delgado me recordó que yo no había llevado puesta la corbata roja, respondí: “yo no llevaba la corbata porque el mozo del café que suele prestarme una hermosa corbata roja, esta vez se negó; no importa, Cecilia me reconoció lo mismo, o acaso por la presencia de Monique”[13], lo cual genera una pregunta en Delgado “¿Dónde termina la escena y comienza lo escrito?”[14]. Esperamos, con lo dicho, haber contribuido a acercarnos a una respuesta.

 

 

 

Segundo acto: Por lo literario. Una presentación general de su obra

¡Simpático gurí el que fui! “Quisiera que me lo mandé lo más antes posible”, cerraba la carta donde presentaba el primer “drama”. Así vemos que lo primero en despertar fue lo teatral y, justamente, como dice Ana María Vallejo de la Ossa, “cuerpo y teatro son nociones hasta hoy inseparables”[15]. Para mí, como declaré en una entrevista con un estudioso del teatro latinoamericano, Osvaldo Oregón, hablando sobre la diferencia entre el teatro francés y el teatro latinoamericano, dije: “El teatro francés, al lado del teatro que hacemos nosotros, es un teatro para ser dicho. […] De todos modos, no es un teatro para ser hecho sino para ser dicho”[16], con lo cual se puede deducir que el gesto, en la dramaturgia de Calveyra, viene antes que la palabra, es decir, hay una jerarquía del cuerpo sobre la palabra, y así lo podemos ver en La Selva:

                 “(Detiene el grabador, se da cuenta del error, borra el final y vuelve a grabar)”[17].  

Entonces, en el teatro privilegio el gesto caporal antes que la palabra; y, además, como dijo Claudia Rosa, los actores “se van desdoblando o duplicando: Bruja, Bruja 1, Bruja ciega, Aprendiz de Bruja”[18], acaso un punto de vista similar al de Osvaldo Obregón cuando describe al teatro latinoamericano como un espacio “donde la realidad y la ficción, la locura y la lucidez se entrelazan constantemente, sin que los personajes puedan controlar la ambigüedad que ellos mismos han creado”[19]; lo cual hace pesar que, efectivamente, en la dramaturgia de Calveyra existe una búsqueda para que los personajes muten dentro del espectáculo: ¡Ese era el espectáculo!, el de personajes y cuerpos en mutación todo el tiempo que dura la obra.

A propósito de esta obra, Sergio Delgado aseguró que La Selva puede ser leída “como un documento de la concepción de lo político, en particular de la violencia, en los años setenta”, pero también, agrega, como “una mirada panorámica sobre el continente”[20]. Todo esto concuerda con una marcada tendencia de las creaciones contemporáneas, resaltada por Vallejo de la Ossa, dentro de una “tensión o fusión entre escritura y cuerpo”[21], donde se expone “la relación actor-cuerpo”[22], y esta “se ve trasformada anunciando los cambios radicales que en ese sentido […] lo corporal hace parte de gramáticas particulares y primordiales”[23]. Eso en cuanto a la escritura dramatúrgica.

Sin embargo, “ya no soy más un escritor que escribe, o que ve, la historia de la literatura en términos de géneros”[24], y perdón que me autocite nuevamente; mejor citaré a otro autor para volver a hablar sobre mi literatura. Vallejo de la Ossa dice que en el teatro contemporáneo latinoamericano “cuerpo y escritura se entretejen en un texto […] durante un proceso de creación que dan origen a otro material: un libro”[25]. En mi caso, no fue solamente uno, fueron varios en los cuales la paráfrasis al acto de escritura, es decir, al acto de la materialidad de un texto está presente. Veamos algunos títulos dentro de la obra poética, narrativa y dramatúrgica, que ejemplifican esta paráfrasis:

Cartas para que la alegría (1959); Cartas a Mozart (1986); El libro de las mariposas (2001); Apuntes para una reencarnación (2002); El cuaderno griego (2010); Diario del fumigador de guardia (1986); Diario de Eleusis (2006); Diario del recluta (2012) y Diario francés (2017).

Desde el título, en todos esos libros, se hace una ouverture hacia la imaginación del acto de escritura ya materializado. Una de las traductoras, Florence Delay, dijo sobre la escritura “es autobiográfico”[26], y, como se sabe, la retórica del discurso y del registro autobiográfico es “la autorrepresentación (como) elemento intrínseco de la autopercepción del sujeto”[27]. En síntesis, pareciera ser que mis textos siempre pretenden “realizar lo imposible, esto es, narrar la historia de una primera persona que solo existe en el presente de su enunciación”[28]; en otras palabras, como una singular poética del cuerpo, en donde la relación texto-cuerpo es de exposición y designación que trasforma y forma parte del textum, de la trama narrativa de lo cotidiano, de lo corpóreo de las cartas, los apuntes, los cuadernos, los diarios, los libros.

 

Conclusiones

Adviértase que todo el tiempo estuvimos trabajando sobre un concepto de época, sin nombrarlo, como a Foucault, para quien “una época, una formación histórica y un saber son términos equivalentes”[29]. Sabiendo, además, que “no comprenderemos cabalmente lo que significa un saber, una época o una formación histórica si no articulamos esto a otros dos términos: el poder y el sujeto”[30], centrándonos aquí en la construcción del sujeto escritor, y, principalmente, la relación entre cuerpo y escritura.

A propósito, agregaríamos que dichas prácticas escriturales venían siendo dominadas por la tradición de un sujeto cartesiano, que subordina el cuerpo al poder de la mente. Por el contrario, podríamos asegurar que Calveyra se enmarca en una literatura del “giro corporal”[31], en donde el cuerpo es “materia y sentido”[32]. En esa apuesta, la literatura de Calveyra se encuentra en el “tránsito de una sociedad que declina, moribunda, pero aún fuerte, y otra que nace, reclamando su derecho a la vida, pero aún débil”[33]. En otras palabras, en una literatura que se está haciendo cuerpo, y a la cual él le dedicó el cuerpo desde temprana edad, durante toda su vida, y también con su literatura ya cuando el cuerpo trascendió.     

En un sentido amplio, la literatura de Calveyra no escapa a la general que Judith Butler analiza en El género en disputa (1990), la cual pone en el centro de la escena al lenguaje como un vector “que arroja manojos de realidad sobre el cuerpo social”[34], puesto que, más allá de las particularidades de Calveyra, lo importante sería ver que “hay una plasticidad de lo real respecto del lenguaje: el lenguaje tiene una acción plástica sobre lo real. El lenguaje acepta y cambia su poder mediante actos locutorios”[35], y eso Calveyra lo practicó, como vimos, en la mutación de sus personajes dentro de una misma obra, y en su propia vida ligada a la escritura, pues fueron moldeando su existencia en diferentes etapas históricas.  

En resumen, damas, caballero, y gentes, con los Calveyra’s se quiso montar un verdadero “show”, en sus múltiples acepciones: posible escándalo, llamada de atención, puesta en el centro de la escena y del interés del tópico cuerpo y escritura en Arnaldo Calveyra (1929-2015); un personaje de la literatura que declaró “yo sigo creyendo fervientemente en la literatura pero empiezo a creer que más vale instalarse en una cierta manera de vida”[36], es decir, estableciéndose en la lengua, haciéndose cuerpo en la memoria del lenguaje, poniendo el cuerpo a disposición de la literatura y la literatura a disposición de su cuerpo. 

 



[1] Arnaldo Calveyra. Poesía reunida, Adriana Hidalgo, Bs. As., 2012, pág.  438.

[2] Tomado de El poeta y su trabajo. Univ. Autónoma de Puebla, México, 1983.

[3] Federico Engels, Anti-Dühring, disponible en www.fundacionfedericoengels.net     /images/PDF/engels_antiduhring_interior.pdf, pág. 202

[4] Gentileza del archivo personal de la familia Calveyra.

[5] Chus Gómez, Cuerpo y escritura, disponible en http://www.atopos.es/pdf_08/cuerpo-escritura.pdf,  pág. 25.

[6] José Ángel Cilleruelo. El castellano sigue siendo la principal curiosidad en mi vida. El Ciervo, Año 49, No. 591 (junio 2000), pp. 48-50.

[7] Op. Cit. Pág 27.

[8] Idem.

[9] Idem.

[10] Arnaldo Calveyra, Ha nacido un hombre. Bs. As. Arg. 1945.

[11] Idem. Pág. 28

[12] Ver film Arnaldo Calveyra, tras sus huellas, de min. 2:20 a 2:42, disponible en https://www.youtube.com/watch?v=BjEL3LWby-g

[13] Arnaldo Calveyra, Teatro reunido, Eduner, 2012, pág. 47. 

[14] Ídem.

[15] Ana María Vallejo de la Ossa, Reflexiones sobre la relación cuerpo y escritura en el teatro contemporáneo de América Latina, disponible en https://revistas.udistrital.edu.co/index.php/CORPO/article/view/11153, pág. 52.

[16] Arnaldo Calveyra, un dramaturgo argentino en Francia, Latin American Theatre Review, vol. 18, n 1, otoño boreal de 1984, pág. 98.

[17] Arnaldo Calveyra, Teatro Reunido, Eduner, 2012, pág. 401,

[18] Idem. Pág. 74.

[19] Texto original: “Où réalité et fiction, folie et lucidité se mêlent constamment, sans que les personnages, puissent contrôler l’ambiguïté qu’ils ont eux-mêmes créée”, en Osvaldo Obregón, Théâtre latino-américain contemporain (1940-1990), Actes Sud, 1998.

[20] Arnaldo Calveyra, Teatro Reunido, Eduner, 2012, pág. 45,

[21] Op. Cit. Pág. 53.

[22] Op. Cit. Pág. 56.

[23] Idem.

[24] Título original:  Interview d'Arnaldo CALVEYRA, auteur de "L'origine de la lumière" chez Actes Sud. Il évoque son travail d'écriture. « Le cercle de minuit », Paris, Francia. Archivos INA. https://www.ina.fr/video/I14070286/arnaldo-calveyra-video.html (consultado 1/3/2019).

[25] Op. Cit. Pág. 57.

[26] Arnaldo Calveyra, Teatro Reunido, Eduner, 2012, pág. 595.

[27] Sylvia Molloy, Acto de presencia. La escritura autobiográfica en Hispanoamérica, México, FCE.,1996., pág. 21.

[28] Sylvia Molloy, Acto de presencia. La escritura autobiográfica en Hispanoamérica, México, FCE.,1996., pág. 11.

[29] Murillo, Manuel Alejandro, ¿Qué es la época? Psicoanálisis, historia y subjetividad, Ed. Entre Ríos, 2018, pág. 29.

[30] Ídem.

[31] Op. Cit. Pág. 56

[32] Ídem. Pág. 57.

[33] Fernando Hugo Azcurra, Imperialismo y Socialismo.  Ed. Cooperativas, 2010, pág. 3

[34] Judith Butler, El género en disputa. Ed. Paidós, 1999, pág. 232.

[35] Ídem.

[36] Arnaldo Calveyra, Diario francés, Bs. As., Adriana Hidalgo editora, 2017, pág. 218.