Desde hace varios años, el Instituto Internacional del Teatro (ITI) invita a algún maestro/a de teatro para que comparta sus reflexiones en torno al teatro y la cultura de paz, en ocasión del Día Internacional de Teatro que se conmemora cada 27 de marzo. Este año esa responsabilidad recayó sobre el dramaturgo y director sudafricano Brett Bailey. "Nosotros, los artistas de escenarios y ágoras, ¿nos conformamos con las demandas asépticas del mercado, o utilizamos el poder que tenemos: para abrir un espacio en los corazones y las mentes de la sociedad, para reunir gente a nuestro alrededor, para inspirar, maravillar e informar, y para crear un mundo de esperanza y colaboración sincera?".
En 2012, el designado "embajador del teatro" por la Unesco, don Santiago García (Teatro La Candelaria, Bogotá, Colombia) en una ceremonia cálida e inolvidable, pronunciaba sus palabras a propósito del teatro que elige hacer. Nosotros estuvimos ahí y queremos traerlo a la memoria en este día.http://www.youtube.com/watch?v=3AtQpGUuutk
Revista de artes escénicas, de distribución gratuita, producida en Entre Ríos, Argentina.
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miércoles, 26 de marzo de 2014
martes, 25 de marzo de 2014
Reseñas
Mientras preparamos la edición Nº 10 que sale en abril, fuimos a ver la última obra de Oscar Lesa. Aquí, dos miradas de Un eco más (Versión libre de algunas vidas).
Antígona sigue sonando
Mónica Borgogno
Antígona sigue sonando, podría titularse a modo de síntesis el último trabajo de Oscar Lesa y compañía. Es que las bifurcaciones y asociaciones que provoca el clásico de Sófocles por estas latitudes, esta vez con texto de Lesa y dirección compartida con Nadia Grandón, son muchas, bombardean, gritan, ahogan. Todos verbos que aparecen visualmente en la puesta y en el cuidado trabajo de sonido -a cargo de Ariel Dutria-, que potencia la tragedia de los que no pueden enterrar a sus muertos porque un tirano así lo impide.
La matanza en Latinoamérica, las dictaduras, los modos de matar, la identidad, son parte de lo que aparece dicho en esta obra, extensa pero conmovedora. El color tan local e íntimo de las historias personales de cada una de las actrices es el componente fresco que reconcilia emociones y compensa con la dureza de los poderes que matan y prohíben, la desnudez de los asesinados. En particular la última de esas historias, ese fragmento de vida que cuenta la actriz Amelia Uzín poco antes del final, abraza y cierra un círculo emotivo grande. No es un dato menor puesto que al inicio de la obra se la ve representar con maestría a un recalcitrante poderoso y entonces la historia que comparte, opera como un acercamiento que demanda el espectador.
Si bien se percibe un trabajo un tanto desparejo en cuanto a las actuaciones, también se observa que las cinco mujeres, Raquel Freijo, María Cristina Witschi, Alicia Herman, Carolina Rodríguez y Amelia Uzín, ponen todo de sí en este trabajo. También se luce el vestuario diseñado por Andrea Fontelles que resulta funcional para los múltiples cambios que encaran las actrices que por momentos se convierten en perros guardianes gracias a unos mínimos y justos objetos.
Es una puesta que tiene riesgo, osadía y poética y el espectador lo celebra. Como diría George Banu, el teatro en sí supone riesgos porque todo ocurre en vivo y en directo, no hay repetición, pero en este caso hay muchos en juego y uno no puede menos que solidarizarse con las actrices, atender, dejarse llevar, emocionarse y pensar.
Un eco más, puede verse los sábados de marzo, siempre a las 21,30 en el Callejón de los sueños, Alameda de la Federación 453. Por reservas, llamar al teléfono: (0343) 154287785.
Un eco más, y van…
Guillermo Meresman
La versión libre de Antígona de Sófocles, estrenada recientemente en la sala Metamorfósis/El Callejón de los sueños, con dirección de Nadia Grandón y Oscar Lesa y dramaturgia del último, parece producida a la luz de algunas teorizaciones sobre el teatro argentino en postdictadura. Pervivencia de una memoria del horror, y fascinación constante de nuestros teatristas, por los clásicos de la cultura universal, parecen ser los dos ejes sobre los que avanza –como sólido tren-, el espectáculo que puede verse todo marzo en Paraná, en Alameda de la Federación.
Merced a una beneficiosa operación sobre el pequeño espacio, las actrices ponen cuerpo y voz a una obra que tiene su principal contundencia, en los riesgos que asumieron Grandón/Lesa para “inspirarse” en el pasado remoto, y el pasado reciente actualizado en una lectura política de la vida nacional de las últimas décadas.
El espectáculo también cuenta con un vistoso vestuario creado por Andrea Fontelles, ejecución sonora de Ariel Dutria y actuaciones de Amelia Uzin, Raquel Freijo, Cristina Witschi, Carolina Rodríguez y Alicia Herman en ajustado reparto, quienes además versionan fragmentos de sus existencias.
Cabe agregar la enjundia con la que parecen, al menos, producir teatro los muchach@s de Metamorfosis. En particular de Lesa, figura valiosa del teatro entrerriano de los últimos años, quien fuera de algunos reparos que puedan hacérsele a su texto, acierta una vez más siguiendo un camino propio, contestatario, de personal estética e ideología.
Antígona sigue sonando
Mónica Borgogno
Antígona sigue sonando, podría titularse a modo de síntesis el último trabajo de Oscar Lesa y compañía. Es que las bifurcaciones y asociaciones que provoca el clásico de Sófocles por estas latitudes, esta vez con texto de Lesa y dirección compartida con Nadia Grandón, son muchas, bombardean, gritan, ahogan. Todos verbos que aparecen visualmente en la puesta y en el cuidado trabajo de sonido -a cargo de Ariel Dutria-, que potencia la tragedia de los que no pueden enterrar a sus muertos porque un tirano así lo impide.
La matanza en Latinoamérica, las dictaduras, los modos de matar, la identidad, son parte de lo que aparece dicho en esta obra, extensa pero conmovedora. El color tan local e íntimo de las historias personales de cada una de las actrices es el componente fresco que reconcilia emociones y compensa con la dureza de los poderes que matan y prohíben, la desnudez de los asesinados. En particular la última de esas historias, ese fragmento de vida que cuenta la actriz Amelia Uzín poco antes del final, abraza y cierra un círculo emotivo grande. No es un dato menor puesto que al inicio de la obra se la ve representar con maestría a un recalcitrante poderoso y entonces la historia que comparte, opera como un acercamiento que demanda el espectador.
Si bien se percibe un trabajo un tanto desparejo en cuanto a las actuaciones, también se observa que las cinco mujeres, Raquel Freijo, María Cristina Witschi, Alicia Herman, Carolina Rodríguez y Amelia Uzín, ponen todo de sí en este trabajo. También se luce el vestuario diseñado por Andrea Fontelles que resulta funcional para los múltiples cambios que encaran las actrices que por momentos se convierten en perros guardianes gracias a unos mínimos y justos objetos.
Es una puesta que tiene riesgo, osadía y poética y el espectador lo celebra. Como diría George Banu, el teatro en sí supone riesgos porque todo ocurre en vivo y en directo, no hay repetición, pero en este caso hay muchos en juego y uno no puede menos que solidarizarse con las actrices, atender, dejarse llevar, emocionarse y pensar.
Un eco más, puede verse los sábados de marzo, siempre a las 21,30 en el Callejón de los sueños, Alameda de la Federación 453. Por reservas, llamar al teléfono: (0343) 154287785.
Guillermo Meresman
La versión libre de Antígona de Sófocles, estrenada recientemente en la sala Metamorfósis/El Callejón de los sueños, con dirección de Nadia Grandón y Oscar Lesa y dramaturgia del último, parece producida a la luz de algunas teorizaciones sobre el teatro argentino en postdictadura. Pervivencia de una memoria del horror, y fascinación constante de nuestros teatristas, por los clásicos de la cultura universal, parecen ser los dos ejes sobre los que avanza –como sólido tren-, el espectáculo que puede verse todo marzo en Paraná, en Alameda de la Federación.
Merced a una beneficiosa operación sobre el pequeño espacio, las actrices ponen cuerpo y voz a una obra que tiene su principal contundencia, en los riesgos que asumieron Grandón/Lesa para “inspirarse” en el pasado remoto, y el pasado reciente actualizado en una lectura política de la vida nacional de las últimas décadas.
El espectáculo también cuenta con un vistoso vestuario creado por Andrea Fontelles, ejecución sonora de Ariel Dutria y actuaciones de Amelia Uzin, Raquel Freijo, Cristina Witschi, Carolina Rodríguez y Alicia Herman en ajustado reparto, quienes además versionan fragmentos de sus existencias.
Cabe agregar la enjundia con la que parecen, al menos, producir teatro los muchach@s de Metamorfosis. En particular de Lesa, figura valiosa del teatro entrerriano de los últimos años, quien fuera de algunos reparos que puedan hacérsele a su texto, acierta una vez más siguiendo un camino propio, contestatario, de personal estética e ideología.
sábado, 1 de febrero de 2014
En el Santiago a mil 2014
Del 3 al 19 de enero tuvo lugar
la XXI edición del Festival Internacional de Teatro Santiago a mil,
en Santiago de Chile y otras localidades del país vecino.
La Otra Butaca estuvo ahí en la segunda semana,
para participar de las actividades de Platea 14,
un espacio destinado a promover las obras chilenas
y también de Perú, Argentina, Brasil y Bolivia.
Fue así como Latinoamérica se exhibió en un escenario privilegiado,
delante de programadores de grandes festivales
como los que se hacen en Edimburgo, Los Ángeles, París o Barcelona, entre otros tantos.
En el Centro Cultural Gabriela Mistral.Fachada de uno de los teatros en el barrio histórico cultural Lastarria.
Aquí, en el agasajo de apertura de Platea 14 -semana destinada a mostrar el teatro chileno y latinoamericano-, junto a la alcaldesa de Santiago, Carolina Tohá.
Postal del curioso desembarco de la Expedición Vegetal (Francia) y sus tripulantes, en la plaza Constitución, frente al Palacio de la Moneda. Una máquina gigante que viaja por todo el mundo, estudiando la potencialidad eléctrica de las plantas del lugar.
La Otra Butaca asistió a los distintos seminarios de Ciudad y Cultura, en el que se pudo dialogar con programadores de grandes festivales y artistas latinoamericanos.
lunes, 16 de diciembre de 2013
jueves, 21 de noviembre de 2013
2013...
El año se va pronto, y ya comienzan a circular distintos balances que anhelan convertirse en síntesis del dinámico fluir en el campo teatral local. No será esa la intención que ahora nos mueve, sino la oportunidad de señalar o acercarnos a algunos acontecimientos y representaciones del teatro realizado en Entre Ríos durante esta temporada.
Este año, como casi todos los transcurridos en la última y publicitada década, la temporada tuvo una especie de inicio en la Fiesta de Teatro que se lleva a cabo en Crespo, y que contó esta vez acaso con su mejor edición. Numerosos teatristas locales y de fronteras afueras, vienen hace nueve años, juntándose en calurosos eneros para ofrecer al público programaciones estéticamente amplias y meritorias, como las que se sucedieron durante la semana del 21 al 27. Obras de anteriores temporadas como Don Quijote, el de bigotes, de la Compañía Teastral y Doce pasos, de Larroque, fueron dos de las de la provincia, que recibieron en la vecina localidad, premios o distinciones y el interés de numerosos espectadores.
La actividad de algunos grupos independientes, continuó enriqueciendo la actividad con espectáculos variados, y acumulando experiencias transprovinciales. Esto pasó con el grupo Teatro del Bardo, que al logro alcanzado este año con su innovadora tragedia Fedra en karaoke, protagonizada por Juan Konher y con dirección de Valeria Follini, que obtuvo el primer puesto en la valoración del jurado, sumó producciones como Jacinto rojo, e Irene, la marca del amor, protagonizada por Daniela Osella que como otras participaron del ciclo Jueves Teatro Club, con el auspicio del área de cultura de la Municipalidad de Paraná. En este ciclo, Konher también participó en el divertimento llamado Trío Bolerístico Genial, junto a los hermanos Andrés y Matias Maín, volviendo a hacer cantar y reír a la concurrida platea.
En la pequeña sala Metamorfosis/Callejón de los sueños, se produjeron –por distintas causas- importantes estrenos como los de Mastroiani y el gas, de Gabriel Cosoy, con Raquel Freijo, Adolfo Reccia y Pablo Domínguez, La edad de la ciruela, de Arístides Vargas con dirección de Oscar Lesa y La vajilla, de Patricia Suarez y dirección de Lito Senkman, con una de las mejores actrices de su generación como Judit Diment, a quién se la vio otorgar a su personaje, matices, con emoción y expresividad. Este estreno irá al regional de Río Cuarto, el año entrante.

Algo no habitual, fue que un segundo texto ganador del Premio Fray Mocho llegara a escena en la ciudad capital, al menos en unas pocas funciones; nos referimos a Las caricias perdidas, del teatrista Iván Cáceres de La Mandrágora, que el próximo año verá concretada su publicación por la Editorial de Entre Ríos.
Entre los disímiles – y menos escasos que hace unos años- espacios de Paraná, Rubén Clavenzani revitalizó con su propuesta unipersonal Aquél tiempo de hoy, la cómoda sala del Círculo Médico, y en La Vieja Usina, tuvo su sede buena parte de los interesantes espectáculos intervinientes es el 8vo. Circuito organizado por el Instituto Nacional del Teatro, que fueron acompañados por numerosas concurrencias.
Criaturas, la nueva versión del texto de Alberto Adelach realizada por Juan Carlos Izaguirre, recibió el premio mayor al ser seleccionada para representar a Entre Ríos en la próxima Fiesta Nacional del Teatro, luego de haberse presentado algunas veces en el Teatro 3 de febrero, y la actividad no cesó de producir diversas novedades en ciudades como Gualeguaychú, Concordia, Gualeguay y Victoria, entre otras. Dentro del repertorio nacional, Gustavo Morales estrenó Absentha, una de las obras capitales del dramaturgo porteño Alejandro Acobino tempranamente desaparecido hace dos años.
Las sucesivas acefalías en áreas de la cultura oficial, fueron unos de los costados oscuros del acontecer de cabotaje; la falta de políticas y de previsiones de los organismos específicos, llegó incluso al principal espacio de la ciudad –el Teatro Municipal-, afectando seriamente su uso y proyección.
Además se realizaron obras en la renovada Casa de Entre Ríos, en El coleguilla y en el Centro Cultural Juan L. Ortíz, entre otras salas.
No estamos en condición de asegurar si, en cuanto al teatro, esta última fue una década ganada; lo que sí parece es que la actividad, sus espacios y su vida, no fue perdida. A lo sumo, pensando en la Ley provincial que alguna vez se anunció, habrá sido de enjundioso empate.
martes, 19 de noviembre de 2013
Conmovidos...
Desde hace un tiempo, empezamos a hacer el ejercicio de, tras ver teatro, escribir algunas impresiones. Aquí, proponemos dos miradas en torno a Árbol sin sombra, de César Brie.
Una obra que descubre el alma
Raúl Dayub
Creo que no hay nada más poderoso que un actor
comprometido con su tiempo.
Ya no importa qué tipo de teatro haga, qué
clase de actuación, con qué iluminación trabaje, qué escenografía invente. Y si
es un teatro de denuncia, de protesta, político, o una mezcla de todo eso o no.
Nada de eso es importante porque todo, absolutamente todo lo que se ve y se
siente, está un poco más allá, bastante más allá.
César Brie con Árbol sin sombra, que se vio en el 8vo. Circuito Nacional de Teatro
que se hizo en Paraná, nos acercó a ese lugar donde la muerte se da el gusto de
morir tantas veces como personajes campesinos hace vivir.
No vale preguntarse por las palabras
pronunciadas desde ese micrófono que saturaba o por momentos estaba muy bajo,
por la sala de la Vieja
Usina que nunca es apropiada para escuchar con claridad, ni
por el calor imperante en esa función, ni por esa tribuna incómoda que trituraba
los meniscos.
Solo nos interesa ese frenético vuelo en
remolino del actor que disparó sus balas al corazón de los espectadores, unos
80 o 100, todos expectantes, en un miércoles... De cenizas tal vez, como
cenizas son y serán aquellos que reventaron a escopetazos en la masacre de
campesinos en Pando, de la que habla esta historia.
Su interpretación
ametralla la noche con un ramillete de perdigones que como soles vuelven a
iluminar la inocencia del mundo. Eso hace este tipo. Solo, solito y solo, hace
vivir y se viven con él, los muertos desgarrados y sin autopsia.
Fue la infamia puesta en un escenario bordeado
de cáscaras y hojas secas. Y esa calle en diagonal donde la sangre amarilla
-polenta con pajarito-, seduce con sutileza. Y nos terminan quedando las fotos
de los inocentes acribillados que revelan más infamia, más torturas, más
asesinatos.
Y vuelven a morir. Y vuelven a danzar. Con él
y en él, por los siglos de los siglos... como dicen los curas mezquinos de
memoria.
Cada noche, muere la muerte y renacen con este
viejo actor, esos pobres desgraciados que lucharon por lo suyo.
Y el baile en llamarada con ese pañuelo y ese
corpiño. Rojos. Rojos de sangre. Rojos de injusticia. Rojos como la ternura
precipitada en cada ensoñación detrás de la blancura cenicienta de esa melena
donde este actor, que ya es algo más que eso, se nos revela único.
Bailando y girando en trompo enloquecido, para
un lado y para el otro, nos demuestra que el teatro -él mismo hecho esa cosa
llamada teatro- es atravesado, fundido, por la muchedumbre de esos pobres
diablos que como fantasmas desolados vuelven a aparecérsele cada noche y lo
abrazan.
Y el balde lleno con la ropita al desnudo. Y
ese retorcer de tortura. Y el agua cristalina tiñéndose borravino. Y ese
golpazo de cada prenda mojada, navajazo que corta la noche en dos mitades
desiguales. Y esa transformación del hombre cualquiera hecho Cristo, un Cristo
muerto y sin resucitar, para ser tapado con un trapo hecho de tierra y lodazal.
Hubo sueños y hubo sangre y hubo muerte. Todo
mientras Dios dormía.
César Brie da muestra de un carácter extraordinario.
El tipo dice estoy aquí. Hago esto por ellos. Y no solo por ellos, también por
mí y por ustedes. Por los buenos, por los malos y por los mediocres. Por todos,
sí, claro que sí, por todos.
La próxima lluvia ojalá nos descubra el alma,
para poder preguntarle quiénes somos y sentirnos un poco menos desolados.
Una lección de teatro.
Al
cobijo de un árbol sin sombra
Mónica Borgogno
Una historia que busca afanosamente construir
la densidad y complejidad de la verdad. Esa parece ser la historia que cuenta
César Brie en Un árbol sin sombra.
Todas las aristas de un hecho y toda la vida sacudida por esas verdades y
también mil mentiras construidas como si fueran ciertas, en torno a la masacre
de campesinos ocurrida un 11 de septiembre de 2008 en Pando, Bolivia.
La obra se presentó en la Vieja Usina –en el
marco del Circuito Internacional de Teatro que organiza el INT-, justo cuando
se cumplían cinco años de aquél hecho. Se intuye que no hubo casualidad en
ello.
La iluminación de la obra vista y aplaudida
por tantos –tantos que hubo que programar una segunda función-, era fina y
precisa, así como la ubicación del público y del espacio escénico, los objetos
de la puesta, el texto, todo fue más que pensados. Aunque coincidimos, la sala
no es la más apropiada para teatro.
Párrafo aparte merece la destacada actuación
de este artista que peina canas pero luce entrenado y resalta sus dotes en el
escenario. Los giros y más giros que da sin perder el equilibrio, son apenas
una ínfima muestra de ello.
Es una pieza poco comparable. Es un teatro que
no puede encasillarse, profundo y comprometido porque no muestra las dos caras
de la verdad como rezan los postulados periodísticos. Va más allá esta
propuesta. Cuestiona el mismo principio de construcción de realidad pero también
denuncia complicidades varias y los impactos que, como balazos certeros, generó
ese haber sido testigo.
Podría decirse que es un biodrama pero queda
corta la definición y quizás esta dificultad mía, sea también un efecto buscado
del artista. La propia vida del actor aparece bamboleándose como los cuencos
que exhibe la puesta, entre la vida de los actores de su teatro en Bolivia que alguna
vez osaron proponerle un freno a sus denuncias o hacerlas “con seudónimo”.
También oscila de aquí para allá la vida de los campesinos muertos y sus
familias, las opciones y sabores amargos que deja el ser echado de un lugar
elegido y empezar a ser mirado de reojo, empujado, amenazado. “Dejé de ser el
artista reconocido para ser un argentino de mierda”, dice en un momento.
El mérito del trabajo, entre tantos, está en
la descarnada mirada política del asunto y la poética asumida para decir lo
complejo de las verdades. Está la voz de los muertos indefensos, del cura
cómplice y torturador, de los cívicos y militares y está también el silencio de
la prensa local que calló, no hizo preguntas ni difundió nunca los dos
documentales de César Brié, en el que salió por sus propios medios a buscar la
verdad e interrogar a unos y otros, descubriendo mentiras de uno y otro lado. "El
que calla otorga" como dice el personaje del sacerdote que antes de tomar
la decisión de avanzar y matar, le pregunta a Dios qué hacer y ante su no
respuesta, avanza.
En suma, una lección de buen teatro y algo
más.
Celebramos la llegada a Paraná de este artista
que en ocasiones anteriores nos deleitó con Karamazov,
su versión de la novela de Dostoievski, El
mar en el bolsillo y La Ilíada.
Ahora vimos Árbol sin sombra y no supimos más que decir o preguntar, de puro
conmovidos, pero aplaudimos. Y al final, dieron ganas de abrazar.
miércoles, 6 de noviembre de 2013
domingo, 13 de octubre de 2013
Y se fueron 10 días de teatro, diez días de un festivalazo!
Sanos y salvos (CABA) en la explanada de la Ciudad de las Artes.
Córdoba mantuvo durante diez días, a miles de espectadores movilizados entre más de sesenta espacios de la provincia. Centenares de artistas de la Argentina y el extranjero, ofrecieron sus trabajos destacados y vivieron juntos una exitosa 9na. edición del Festival Internacional de Teatro Mercosur, aunque paradójicamente el país más representado fuera del anfitrión, fue España, con más que interesantes producciones escénicas. Los números dicen que fueron 90.000 los espectadores que supieron aprovechar el paso de teatro de calidad por esta provincia de pegadiza tonada. Durante más de una semana hubo charlas de personalidades, talleres, simposios y distintos intercambios. Este domingo se fue otro Festival del que se hablará por unos cuantos días. En el número de diciembre de LA OTRA BUTACA y La Otra Butaca, fotos, testimonios y balance de uno de los eventos más grandes del país!

Aquí compartimos una abreviada crónica, a modo de anticipo, de las funciones que pudimos vivenciar en espacios como la cárcel o la fábrica.
En fábricas y cárceles
El 9no. Festival Internacional de Teatro Mercosur llevó espectáculos como el que hacen Las despechadas (Córdoba) a lugares sombríos como la cárcel, donde el oído de los que están afuera no termina de acostumbrarse al sonido de las puertas de rejas. Allí, este martes 8 por la mañana se hizo una función para las mujeres del Complejo Penitenciario Bouwer y por la tarde, para un centenar de varones.
Con un grupo de colegas, estuvimos ahí, antes de entrar vimos una suerte de panóptico que todo lo ve, luego atravesamos una puerta, otra, otra más, caminamos pasillos con ventiluz demasiado angostos por que entran unas escuálidas franjas de luz y afuera tejidos y alambre de púa. Es una cárcel de máxima seguridad. Ese halo de todo controlado, dejó de respirarse ni bien ingresaron los músicos primero y al rato las tres mujeres que le cantan a esos varones que las abandonaron, les fueron infieles o las dejaron de querer.
Los internos fueron llegando de a dos y de a poco también, nos acercamos a dar la mano y conversar. Por qué elegían el taller de teatro, qué sentían cuando actuaban. Sí, en este penal hay talleres a pedido y gusto de quienes están allí dentro. “Porque soy buen actor. Me dicen Al Pacino”, dijo Emiliano. El joven contó que actuó para el Día del niño y entre el público estaba su hijo. “Papá sos vos, me dijo mi nene”. Feliz fue la palabra que usó para expresar lo que significó ese momento de representación. La posibilidad de ser otro, poder contar sus historias, mostrar que pueden. “Podemos alegrar a nuestra familia”, dijo por su parte Hugo.
De pronto entraron los músicos y ahí nomás, la colombiana Luza Osorno y las cordobesas Florencia Coll y Soledad San Martín, como por arte de magia, hicieron que las realidades de cada uno quedaran por buen rato, entre paréntesis.
Y lo más sorprendente, bueno, no tanto en territorio cordobés donde el humor está a flor de labios de cualquiera, los internos actuaron y retrucaron a las cantantes que proponían un intercambio con gracia y buen humor.
“A Uds. nunca les pasó que no quieren embarcarse en una relación formal y quieren tener un amor un poco más light”, tanteó Luza. Enseguida uno de los jóvenes levantó alto la mano y soltó: “Yo soy light”, y todos aplaudimos. A partir de ahí, hubo un ida y vuelta como pocas veces se ve en teatro. Las respuestas e intervenciones de los internos fueron muy ocurrentes.

La comunicación entre internos y artistas,
bien la captó el ojo del fotógrafo Sebastián del Carril.
“Una siente mucho despecho cuando recién te dejan”, reflexionó una de las muchachas. “Eso se llama alegría. Se te van todos los problemas”, le retrucó Emiliano, desde la primera fila.
Ante otra escena previa a un bolero o tango, otra de las cantantes introduce el tema de su matrimonio de largo aliento y todo lo que su marido no hace. “Eh, pero ésta pide más que un fiscal!”, apuntó el interno.
Fue una experiencia imborrable, de risa con ganas. Al término de la actuación, el público aplaudió de pie, pidió otra canción más, acaso para prolongar ese fugaz presente de disfrute. Hacia el final, escuchar un “cuándo vuelven” daba clara dimensión de la escasez de recreación y alegría que hay en estos espacios. Por eso, decimos acá, resaltamos la decisión política del Festival, de poner un pie y más aún, en territorios como las cárceles pero también en barrios humildes en los que actuaron los integrantes del Cuarteto del amor (Córdoba) y/o fábricas como la Fiat o Ananda Pack, donde los empleados bailaron al ritmo de Vivi Pozzebon (Córdoba) y Roberto Ballumbrosio (Perú).

En un alto en el trabajo diario, los empleados de
Ananda Pack, disfrutaron y bailaron al ritmo de Vivi Pozzebon.
jueves, 10 de octubre de 2013
La voz de los adolescentes subió a escena
LA OTRA BUTACA está cubriendo la 9na. edición del Festival Internacional de Teatro Mercosur que comenzó el 4 de octubre y culmina este domingo 13. La programación de este año incluyó la muestra Patios de recreo, obras protagonizadas por estudiantes secundarios. Todas propuestas artísticas que ponen en crisis el sistema de valores aprendido, vigente. Por allí anduvimos, por la crítica dramaturgia de los recreos escolares.
Mónica Borgogno
Una de las experiencias artísticas más fresca y ácida a la vez, ocurrió en la sala de la Escuela Normal Garzón Agulla, de Córdoba. Iba a ser la función de No quiero ser el Che Guevara de Gabriel Fernández Chapo, una obra representada por estudiantes del 5to. año de esta escuela secundaria, que había sido seleccionada para presentarse en el marco del 9no. Festival Internacional de Teatro Mercosur que se está desarrollando por todo el territorio cordobés. Pero finalmente decidieron mostrar ésa y dos obras más que trabajaron en el transcurso del año. Al término de las actuaciones, el diálogo entre el público compuesto en su mayoría de jóvenes y unos pocos periodistas, vino solito.
El profesor de teatro de la institución educativa, Paulo Barbariga, fue el responsable de dirigir a este grupo de estudiantes-artistas, con muchas ganas de actuar y decir lo que dicen, desde un escenario y con su propia voz adolescente y atrevida.
“El primer día el profe nos llevó distintos textos y ahí empezamos a leerlos, nos gustaron. Cuando los ensayábamos delante de nuestros compañeros, ahí era cuando más avanzábamos, íbamos retocando y agregando cosas nuestras, o haciendo algunos cambios de palabras”, contó parte del proceso creativo, una de las actrices de Nuevas prácticas comerciales.
“Qué les pareció”, preguntaron enseguida los jóvenes, luego de un cálido aplauso. Querían saber si había gustado o no lo que acaban de hacer. Los adjetivos no cabían porque la actuación y elección de las historias que representaron fueron de una osadía y crudeza mayúscula, pues eran las voces de jóvenes cuestionando el sistema educativo desde el propio sistema educativo pero de la mano del lenguaje de las artes.
En ese espacio de intercambios, contaron que en la noche de este lunes estaban viajando a Buenos Aires porque habían sido seleccionados para participar del 5to. Festival Mundial de Teatro Adolescente “Vamos que venimos”.
“¿No podemos ir a Buenos Aires?”, preguntó uno de los chicos de entre el público. “Tienen que trabajar”, no dudó en retrucar otro del elenco. Y en esa respuesta, una se topaba con una pasión, una elección y unas ganas de recorrer el camino de la actuación. Fue una respuesta conmovedora, por la convicción con la que lo dijeron y porque el trabajo que pusieron, fue evidente.
Apasionados
Esa pasión se la habían transmitido en esta escuela que ofrece una orientación artística y sabe apoyar la producción de sus alumnos a pesar de la mirada ácida de la educación que enuncian estas historias.
Por caso, Nuevas prácticas comerciales, versa sobre la realidad de dos adolescentes sometidos al interrogatorio de la autoridad escolar que filma el testimonio de algo que pasó y no debía pasar, según los mandatos del qué dirán y la falsa moral de los adultos. Dos adolescentes se animan a cuestionar esa doble moral y los modos de relacionarse que prima en este mundo y para ello, echan mano a temas como la educación, el amor, la ética del cuerpo. Es que inventan nuevas transacciones para sobrevivir, ellos también son parte de esta sociedad que les enseñó que todo se compra y se vende.
Mientras que No quiero ser el Che Guevara, cuenta una historia de discriminación y violencia, en el interior del baño de una escuela técnica de varones. El joven actor es Agustín Velazco, quien representa a Martín, un chico que quiere ser como Arnold Schwarzenegger, tener su fuerza, ser como una máquina capaz de no sentir dolor. Aparece deslizada la falta de contención familiar, la reproducción del tipo de vínculos que observa en su padre, que signan su presente y sus ideales.
Finalmente, muestran otra obra más, El andén, en la que dos jóvenes, excluidos del sistema escolar, intentan acercarse, quererse. Él recolecta basura y tiene un grupo de cumbia, ella tiene un hijo y espera a su novio que no llega. Se besan. “¿Cómo se sintieron ustedes al hacer esta obra?”, le preguntaron los compañeros de 4to. Año que fueron a ver la función, en alusión a la escena del beso. “Ya estamos acostumbrados”, dijeron primero. Y luego, “estamos representando a otro, no somos nosotros”, aclararon que fue como decir “lo nuestro es profesional”.
Metáforas

Aquí, Agustín Velazco, en No quiero ser el Che Guevara.
En las tres historias aparece como un hilván, el sonido de un tren cercano. Es el límite, la demarcación entre diferentes realidades, los incluidos y los excluidos. “Podría haber sido la cañada o un puente tal vez, para que sea más cordobés”, observó una periodista de FM Universidad de Córdoba. Así aparecía la fuerza que tiene la impronta de lo propio, en esta región de la Argentina. No obstante, para los no cordobeses, la metáfora funcionó igual.
La propuesta es rica en contenido y estética. Ojalá estos jóvenes salgan de gira hacia otras provincias, escenarios o colegios, para mostrar que el teatro en las escuelas es más que necesario.
Una escena de El andén, otra de las obras protagonizadas por jóvenes estudiantes.
Mónica Borgogno
Una de las experiencias artísticas más fresca y ácida a la vez, ocurrió en la sala de la Escuela Normal Garzón Agulla, de Córdoba. Iba a ser la función de No quiero ser el Che Guevara de Gabriel Fernández Chapo, una obra representada por estudiantes del 5to. año de esta escuela secundaria, que había sido seleccionada para presentarse en el marco del 9no. Festival Internacional de Teatro Mercosur que se está desarrollando por todo el territorio cordobés. Pero finalmente decidieron mostrar ésa y dos obras más que trabajaron en el transcurso del año. Al término de las actuaciones, el diálogo entre el público compuesto en su mayoría de jóvenes y unos pocos periodistas, vino solito.
El profesor de teatro de la institución educativa, Paulo Barbariga, fue el responsable de dirigir a este grupo de estudiantes-artistas, con muchas ganas de actuar y decir lo que dicen, desde un escenario y con su propia voz adolescente y atrevida.
“El primer día el profe nos llevó distintos textos y ahí empezamos a leerlos, nos gustaron. Cuando los ensayábamos delante de nuestros compañeros, ahí era cuando más avanzábamos, íbamos retocando y agregando cosas nuestras, o haciendo algunos cambios de palabras”, contó parte del proceso creativo, una de las actrices de Nuevas prácticas comerciales.
“Qué les pareció”, preguntaron enseguida los jóvenes, luego de un cálido aplauso. Querían saber si había gustado o no lo que acaban de hacer. Los adjetivos no cabían porque la actuación y elección de las historias que representaron fueron de una osadía y crudeza mayúscula, pues eran las voces de jóvenes cuestionando el sistema educativo desde el propio sistema educativo pero de la mano del lenguaje de las artes.
En ese espacio de intercambios, contaron que en la noche de este lunes estaban viajando a Buenos Aires porque habían sido seleccionados para participar del 5to. Festival Mundial de Teatro Adolescente “Vamos que venimos”.
“¿No podemos ir a Buenos Aires?”, preguntó uno de los chicos de entre el público. “Tienen que trabajar”, no dudó en retrucar otro del elenco. Y en esa respuesta, una se topaba con una pasión, una elección y unas ganas de recorrer el camino de la actuación. Fue una respuesta conmovedora, por la convicción con la que lo dijeron y porque el trabajo que pusieron, fue evidente.
Apasionados
Esa pasión se la habían transmitido en esta escuela que ofrece una orientación artística y sabe apoyar la producción de sus alumnos a pesar de la mirada ácida de la educación que enuncian estas historias.
Por caso, Nuevas prácticas comerciales, versa sobre la realidad de dos adolescentes sometidos al interrogatorio de la autoridad escolar que filma el testimonio de algo que pasó y no debía pasar, según los mandatos del qué dirán y la falsa moral de los adultos. Dos adolescentes se animan a cuestionar esa doble moral y los modos de relacionarse que prima en este mundo y para ello, echan mano a temas como la educación, el amor, la ética del cuerpo. Es que inventan nuevas transacciones para sobrevivir, ellos también son parte de esta sociedad que les enseñó que todo se compra y se vende.
Mientras que No quiero ser el Che Guevara, cuenta una historia de discriminación y violencia, en el interior del baño de una escuela técnica de varones. El joven actor es Agustín Velazco, quien representa a Martín, un chico que quiere ser como Arnold Schwarzenegger, tener su fuerza, ser como una máquina capaz de no sentir dolor. Aparece deslizada la falta de contención familiar, la reproducción del tipo de vínculos que observa en su padre, que signan su presente y sus ideales.
Finalmente, muestran otra obra más, El andén, en la que dos jóvenes, excluidos del sistema escolar, intentan acercarse, quererse. Él recolecta basura y tiene un grupo de cumbia, ella tiene un hijo y espera a su novio que no llega. Se besan. “¿Cómo se sintieron ustedes al hacer esta obra?”, le preguntaron los compañeros de 4to. Año que fueron a ver la función, en alusión a la escena del beso. “Ya estamos acostumbrados”, dijeron primero. Y luego, “estamos representando a otro, no somos nosotros”, aclararon que fue como decir “lo nuestro es profesional”.
Metáforas

Aquí, Agustín Velazco, en No quiero ser el Che Guevara.
En las tres historias aparece como un hilván, el sonido de un tren cercano. Es el límite, la demarcación entre diferentes realidades, los incluidos y los excluidos. “Podría haber sido la cañada o un puente tal vez, para que sea más cordobés”, observó una periodista de FM Universidad de Córdoba. Así aparecía la fuerza que tiene la impronta de lo propio, en esta región de la Argentina. No obstante, para los no cordobeses, la metáfora funcionó igual.
La propuesta es rica en contenido y estética. Ojalá estos jóvenes salgan de gira hacia otras provincias, escenarios o colegios, para mostrar que el teatro en las escuelas es más que necesario.
Una escena de El andén, otra de las obras protagonizadas por jóvenes estudiantes.
martes, 24 de septiembre de 2013
Otra obra recomendada
Valeria Lois es la tremenda actriz que interpreta La mujer puerca, extraordinario monólogo de Santiago Loza, dirigido por Lisandro Rodríguez. Es una de las obras del autor que podrá verse en Córdoba, en el marco del ciclo que dedica a sus textos el Festival de Teatro del Mercosur, que se inicia en octubre.
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