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miércoles, 9 de septiembre de 2015

"El hijo de Agar" se estrenó en Rosario

Reseña

Guillermo Meresman
José González Castillo (1885-1937) fue uno de los más grandes autores teatrales argentinos de comienzos del pasado siglo. Rosarino, el autor de Los invertidos, dejó su impronta en el teatro nacional, inoculándole polémicas y temas tabúes, y su irreverencia, desde hace pocos años, es motivo de algunos estudios académicos y de recuperaciones como la que ahora propone Rosario Imagina, el grupo fundado por Rody Bertol, de características particulares en el teatro de la región.
El drama fue motivo de lucimiento de una joven Camila Quiroga en 1915, y a pesar de los cien años transcurridos de su primer estreno, El hijo de Agar aún conserva vigencia merced a las operatorias de los directores y a la intensidad que logra el joven elenco a su cargo, en el Teatro La Manzana. Los temas del aborto y el infanticidio, las responsabilidades de los distintos personajes y la interrogación a los estamentos religiosos y políticos, son los ejes por los que la nueva versión de Bertol- Natalia Pautasso, avanza en una consideración actual y descarnada.



Los actores, desde un comienzo, justifican su interés en estas problemáticas, explicitando lo candente del cuestionamiento social realizado por el dramaturgo y el derecho a tomar la pieza (y redescubrirla) como a uno de nuestros clásicos.
Un reparto integrado por Soledad Murguia (Agar), Juan Nemiróvsky (Dr. Benítez), Natalia Trejo (Margarita), Sebastián Martínez y Car Rosso (Picapleitos), Sofía Dibidino (Sara), Julieta Sciasci (Anahi) y la entrerriana María Eugenia Ledesma (Padre Alberto), con buenas composiciones, logra involucrarse y comprometer las opiniones y emociones del público, dando otra vuelta de tuerca a aspectos de género y luciéndose en varios momentos de un abordaje no realista. Tanto sus actuaciones como la interesante plástica escénica a cargo de Eduardo Cortissa, la iluminación y el sonido, componen un gran equipo que asumió el desafío desde la investigación, y desde una suerte de ética profesional.
Ahora, en el natural ablande que significa la etapa posterior a un estreno de estas características, seguramente actores y directores afinarán su obra necesaria, en la que puede observarse ya, honestidad artística e inteligencia creativa. Dos valores que la platea agradece tanto.
La obra se puede ver todos los sábados de septiembre a las 22 en San Juan 1950, Rosario.