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lunes, 31 de julio de 2017

Fusión de música, teatro y ciencia

Mónica Borgogno

Teatro y ciencia suele ser una combinación poco habitual. No obstante hay varias experiencias que por sobrados méritos y razones, quedan en la memoria. Se puede recordar El otro Galileo, pieza sobre textos de Bertold Brecht que armó, actuó y dirigió el rosarino Naum Krass y que por acá se vio en el Museo Interactivo de Ciencias.Personalmente, Einstein, encarnado por Juan Tríbulo, fue otra propuesta inolvidable: esta obra se montó en el escenario de la Escuela de Música, Danza y Teatro de Paraná.



Ahora, en el marco del Festival de Teatro de Rafaela (Santa Fe) pudimos asistir a la función de Christiane, un bio-musical científico, obra escrita e interpretada por una talentosa Belén Pasqualini, con notable dirección de Dennis Smith.

Esta obra de teatro recupera parte de la historia de Christiane Dosne Pasqualini, doctora en Medicina experimental, investigadora científica nacida en los suburbios de París que en 1942 emigró a Argentina para trabajar junto a Bernardo Houssay. Y acá se quedó para especializarse en leucemia experimental.

Christiane es conocida además por ser la primera mujer en ingresar a la Academia Nacional de Medicina de Buenos Aires. Hoy tiene 97 años. Hace diez, en 2007, escribió Quise lo que hice. Autobiografía de una investigadora Científica y en 2015, En busca de la causa del Cáncer.

Ese título, Quise lo que hice, resume y bien pinta la figura de esta aguerrida mujer de las ciencias. Como “una arriesgada, una apasionada”, la describen quienes más la conocen. Y este espectáculo, que resulta algo más que el repaso de la vida y obra de Christiane Dosne Pasqualini, tiene riesgo y pasión. De a retazos que van y vienen en el tiempo, con detenimiento en algunas políticas argentinas que dejaron marcas sobre los científicos e intelectuales, con paréntesis musicales que aportan metáforas a un relato desdoblado entre la nieta y la abuela científica, se desanda esta pieza teatral que invita al conocimiento.


Su nieta, Belén Pasqualini, fue precisamente la artífice de este bio-musical que torna visible esas microhistorias de amores, migraciones, dolores y sinsabores que atraviesan aquellos y aquellas que eligen y deciden, que buscan de manera incesante y crean. La obra “da cuenta de los cambios de piel que todos atravesamos… Te lleva de viaje por un universo poco conocido, alejado de la caracterización estereotipada del científico, vestido con un guardapolvo impoluto, investigando frente a la mesa de mármol”, señaló la actriz en una entrevista. En efecto, la figura que recuerda a esta investigadora aparece en escena vestida con un mameluco azul, se enreda buscando palabras y trastabilla entre el idioma adoptado y el de su Francia natal y su acento inconfundible. Tampoco se la presenta como una figura perfecta, sino con dudas e indecisiones, aunque siempre, atrevida, inteligente y con sentido del humor.

La obra habla del amor, de las decisiones, de la censura y sus consecuencias más aciagas, de la maternidad, de los giros y vueltas del vivir. Su acercamiento a la Argentina de la mano del doctor Bernardo Houssay. Su elección amorosa por Rodolfo Pasqualini, quien fuera creador del instituto nacional de Endocrinología. La crianza de sus cinco hijos Diana, Titania, Enrique, Sergio y Héctor.

En otra serie de este musical atípico -porque descarta lo banal y superfluo y se queda con lo más humano y profundo-, nos encontramos pensando y conociendo más sobre las arbitrariedades o premios de las academias, en particular de la Academia Nacional de Medicina, la relación maestro- discípulo, los experimentos, la investigación, los ratones, los tumores, la sangre y la leucemia, el ser mujer, madre y científica.

Sobre el sistema científico, sus premios y castigos y su “hasta acá llegó señora”, también habla esta obra de teatro. Así lo dice la actriz:

A los 60... cloroformo

Las preguntas y las respuestas posibles así como las explicaciones, tan inherentes a cualquiera que se embarca a investigar, son parte vital de este entramado. La científica está por recibir un premio pero ahí nomás empieza a formular los primeros interrogantes, y comparte al público distintas hipótesis, diversos recorridos, búsquedas, hallazgos y fracasos y nuevamente más búsquedas e intentos de arribar a una verdad. “Se me está yendo la vida, ¿Cómo me despido?' y '¿Valió la pena todo lo que hice?”, son algunas de las preguntas que la actriz tira al aire y dispara directo al pecho de cada espectador. Qué es investigar surge también y ahí todas las respuestas posibles parecen explotar, se extreman, como diciendo investigar es poner el cuerpo.

Investigar es...

El trabajo de la joven Pasqualini es impecable y por ello mismo, conmovedor. Se luce como actriz, como compositora y pianista, como dramaturga. Y emociona porque el trabajo muestra una escucha intergeneracional. Con esta obra Belén rinde homenaje, sí. Pero lo que se observa es que escuchó atenta a su abuela científica y aseguró un legado o mejor: que nadie nunca olvide a esta mujer, Christiane Dosne Pasqualini, una pionera en los estudios sobre el cáncer en nuestro país. Queda en el aire la potencia de ese gesto tierno de escuchar al otro, de otra edad, con vivencias que apasionan y contagian vitalidad. Por todos los costados técnicos, estructurales, artísticos que uno quiera analizar, se descubre y respira vida y humanidad. Investigar es también saber mirar y escuchar lo que los otros no miran ni escuchan. Es claro que Belén está rodeada de científicos comprometidos y sabe bien de qué se trata ese universo y la pasión por conocer.



En estas primeras semanas de agosto se puede ver esta obra de teatro en el Centro Cultural de la Ciencia(también conocido como C3), auditorio con capacidad para 500 personas, ubicado en la calle Godoy Cruz 2270, en el barrio de Palermo, Buenos Aires. Las funciones son los días sábado 5, domingo 6 y sábado 12 de agosto, a las 19 hs y la ENTRADA es GRATUITA. Se pueden retirar hasta 5 entradas por persona, el mismo día de cada función a partir de las 13hs, en el mismo C3. ¡Altamente recomendable!

sábado, 22 de julio de 2017

El teatro entibió de nuevo los corazones de la ciudad

En plenas vacaciones invernales, como desde hace 13 años, el Festival de Teatro de Rafaela volvió a cumplir con las expectativas del público, los artistas y la prensa especializada congregada durante una semana en la Perla del Oeste santafesino.

M.B. y G.M.
Ya no basta decir la cantidad de habitantes que tiene la ciudad de Rafaela, para describirla. Sí, es preciso caminarla un poco para descubrir parte de su idiosincrasia. Recorriendo sus calles se entiende que estamos ante una ciudad inundada de artistas y oferta cultural para todos los gustos. Esta ciudad tiene museos de entrada gratuita, interactivos, con muestras que en cualquier época del año, lo dejan a uno boquiabierto, por horas mirando y participando. También está Artentapiales, una iniciativa que desde hace años embellece una esquina derruida con unos angelitos o santos populares –como el mural que está en San Lorenzo y Necochea- o murales abstractos que pueden descubrirse en esos viejos carteles de los bulevares.
Pero Rafaela en julio, alberga desde hace 13 años uno de los Festivales más entrañables, siempre de esmerada programación y bien organizado para el encuentro de todos con todos. Y se transforma en teatro. Todos nos convertimos un poco en actores, críticos, directores. Eso es porque los que lo organizan apuntan precisamente al encuentro de miradas. Así reza el eslogan de este año y así, siempre es lindo volver a esta ciudad.
Una y otra vez, no deja de sorprender este Festival. La 13ª edición abrió con una jornada que anunciaba lluvia. Sin embargo, ese cielo naranja amenazante, no hizo desistir los ánimos. Por el contrario, el colorido desfile de arlequines gigantes de Los Venecianos, ideados por Lucas Martín Medina (Lincoln), le puso algarabía, ritmo y ganas de empezar a correr el telón. 
Los Venecianos

Con ese espíritu, se entró al Cine Teatro Belgrano. Allí se escucharon los discursos de los tres responsables políticos: el director del Instituto Nacional de Teatro, Marcelo Allasino, la ministra de Innovación y Cultura del gobierno de Santa Fe, María de los Ángeles González y el intendente de Rafaela, Luis Castellano. A su turno, todos valoraron el trabajo mancomunado de los tres poderes, sin lo cual no podría hacerse este encuentro que volvió a recuperar un día más y se extendió por tres pequeñas localidades de la zona como Suardi, Ataliva y Clucellas.
Los tres bien recordaron el legado del gran actor rafaelino José Fanto, recientemente fallecido. El teatro, colmado, aplaudió su recuerdo y la moción de que la Escuela Municipal de Artes Escénicas (EMAE) lleve su nombre.
Tras las palabras oficiales llegó la función de Los Carlinga Shakespir Show: una rockeada obra de a tres -Nicolás Goldschmidt en voz, teclado y percusión, Fabián Carrasco: voz, acordeón y guitarra y José Pawlin: contrabajo y coros-, que hizo reír a las autoridades presentes y al público en general. El trabajo versionó de manera popular y con humor distintas historias salidas de los textos del dramaturgo inglés como Hamlet, Romeo y Julieta, El mercader de Venecia e incluso la descarnada Tito Andrónico.
Los Carlinga

Formatos
Christianne...
Sorprendieron los formatos y dispositivos, esta vez. Así como la inteligencia y belleza que regalaron un sinnúmero de espectáculos. Por caso, Encuentro de Santiago Gobernori, con la interpretación de Andrea Collado y Emiliano Voiro dirigidos por Fabricio Montilla (San Juan) de 15 minutos de duración y en una pequeña caja en la que apenas entraban los dos actores y un espectador, o Christianne, un bio-musical científico con magistral despliegue actoral, dramatúrgico y musical de Belén Pasqualini, que no únicamente pone en escena la vida y obra de una científica. La actriz muestra críticamente la relación maestro-discípulo, señala con singularidad, originalidad y gracia qué es investigar o cómo se puede ser mujer, madre y dedicarse a experimentar y probar, entre otros aspectos.
El llamado “Feliztival” congregó nuevamente buena parte de lo más destacado de las artes escénicas de Argentina del corriente año. Se ofrecieron más de treinta espectáculos, y del total de funciones realizadas en la ciudad anfitriona y el resto de las subsedes, el cincuenta por ciento fueron con entradas gratuitas, y la otra mitad, a precios sumamente populares.
Por donde se lo mire, inclusivo. No sólo por la programación de la obra Un viaje a ciegas del grupo de Teatro Ciego de Buenos Aires –dirección de Martín Bondone- que logra sumergir al público en una historia con olores y tramas sonoras que transportan y que son lo que permite “ver teatro” sin el sentido de la vista. La inclusión estuvo además en la voluntad de extender la oferta hacia escuelas o nuevas vecinales, en dar lugar en la grilla a los primeros egresados de la EMAE y en gestar instancias gratuitas de capacitación artística.
Las ideas
Otra característica que distingue a este Festival, es esa capacidad de promover el pensamiento crítico, cuestionar lo instituido. Aquí citamos a Volver a Madryn dirigido por Rodrigo Cuesta o Algo de Ricardo (Montevideo) de Gabriel Calderón, con actuación de Gustavo Saffores.
Sorprendente, siempre, como inmejorablemente lo demostraron Las ideas de Federico
León. Al decir de Ariel Farace, uno sale de esa función “revuelto y entusiasmado”. Junto a Julián Tello, León pone en escena un proceso de creación, el pensamiento mismo, la idea de infinito, el sistema económico en la producción de una obra, la idea del “poli rubro” por la que pasan actores, productores y directores, lo real y la ficción, la experimentación, la dimensión conocida o desconocida de la tecnología. De manera  innovadora y lúcida, esta pieza pone en diálogo técnica, estética, humor y conceptos.


Tato Villanueva

Variedad
Edición tras edición se repiten los mismos calificativos para este Festival, es cierto, pero no dejan de acercar válidas definiciones sobre el evento y sobre los modos de gestionar política cultural e incentivar el teatro.
Una programación amplia, acaso más federal –piezas de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Mendoza, San Juan- e internacional –cuatro propuestas venidas de México, Uruguay y Chile- fue responsabilidad de Gustavo Mondino. Una grilla de variedad y en casi todos los casos, jerarquía por encima de la media, garantizaron el éxito de las propuestas en los distintos espacios, llegando a niños, jóvenes y adultos amantes del buen teatro.
Volver a jugar
Los más pequeños y sus familias estuvieron de parabienes con el divertido espectáculo de clown de Tato Villanueva, que colmó el anfiteatro del Barrio Ilolay o la sala de la Sociedad Española, y con varios de los espectáculos que se dieron en la Carpa de Circo o en las vecinales.
Los Corderos
Otros de los espectáculos que tuvieron más que buenas aceptaciones, por nutridos motivos y virtudes, son Volver a jugar con los geniales Iván Sirczuk e Iván Zlachevsky (Les Ivans) que supieron crear una atmósfera mágica con simpleza, y con trucos, destrezas y malabares bien hilvanados atrajeron a chicos y grandes; así como Alboroto en banda, Los Zarabella, Deleite circense, Mágico Rock o Kaplum! La estampa de un público festejando las ocurrencias, riendo a carcajadas, abducidos por un sueño o un juego, o admirados por las acrobacias o una escenografía y un vestuario esmerados, comprobaba los méritos de cada una de estas obras.
Rauch
El público aplaudió y celebró sobremanera una de las últimas funciones de Los Corderos, de Daniel Veronese con Gonzalo Urtizberea, Luis Ziembrowsky, María Onetto, Flor Dyszel y Patricio Aramburu; El mar de noche de Santiago Loza con un Luis Machín que explotó gestos mínimos y conmovió -con dirección de Guillermo Cacace- o Rauch, con cuatros brillantes clown como Fred Raposo, Cecile Caillon, Gabriel Wolf y Rosina Fraschina, dirigidos por Julieta Carrera, que hicieron reír como nadie y curiosamente con una historia que desanda las arbitrariedades del mundo laboral.
El mar de noche








Proyectarse
Béisbol
Algo de Ricardo
Uno de los aspectos más novedosos del FTR de este 2017 fue la máxima incorporación de espectáculos internacionales en lo que va de su historia. Dos fueron las obras llegadas desde México: Béisbol, del joven autor David Gaitán, por el elenco de la Organización Teatral de la Universidad Veracruzana –la más antigua agrupación teatral azteca-, que ofreció una pieza difícil de encasillar, que puso en escena la reflexión sobre el quehacer teatral, el cuerpo del actor, el paso de los años, las mezquindades humanas y el mismo sistema que clasifica y jubila según sus arbitrarias reglas. Se trata de un increíble desafío metateatral en el que el numeroso y veterano elenco aborda “causas y azares” de la vida artística de una generación de resistentes, con la osadía de dos desnudos, el de una joven y el de una mujer de 86 años, muy conmovedor. El desembarco de este elenco por primera vez en Argentina y en Rafaela, fue merced a las gestiones en conjunto del municipio rafaelino, el Centro Cultural 25 de Mayo, el Centro Cultural Recoleta, el Teatro Auditorium de Mar del Plata y el Banfield Teatro Ensamble.
La otra pieza venida de México, igual de atrevida puesto que también enuncia lo que nadie quiere ver, fue Lo único que necesita una gran actriz, es una gran obra y las ganas de triunfar, creación colectiva de Vaca 35 Teatro con dirección de Damián Cervantes, inspirada en la pieza de Genet Las criadas, con las destacadas actuaciones de Diana Magallón y Mari Carmen Ruiz.
De Uruguay vino la mencionada versión generada sobre la tragedia de W. Shakespeare, con dirección de Mariana Percovich. Este unipersonal ofreció un solvente trabajo interpretativo de Saffores, un fino texto e imágenes potentes.
En tanto de Chile, se vieron tres emotivas y cautivantes “cajitas” que también rinden homenaje al Bardo inglés y fueron inolvidables para cualquier espectador. Es que cada pequeño escenario montado, más auriculares de los que salían tan en primer plano los breves pero memorables mónologos, para un solo espectador, cautivaban y emocionaban.
Las "cajitas" chilenas en el Hospital Jaime Ferré.
Además de las precisas y expresivas técnicas utilizadas en cada una de estas cajitas como esos ojos viejos y tristes y las arrugas del rey Lear que le habla a su hija Cordelia. Romina Herrera, su creadora, subyugó a decenas que encontraron su creación en la Terminal de Ómnibus, el Hospital local o el Complejo Cultural del Viejo Mercado. En los diálogos matutinos, la artista precisó detalles de las producciones y adelantó su deseo de encarar y sumar dos nuevas historias con la técnica de Lambe Lambe.                                                                               
En las últimas jornadas se sumaron las divertidas producciones de las comedias municipales de Córdoba como Eran cinco hermanos y ella no era muy santa de Miguel Iriarte en versión libre y cuartetera de David Picotto y de Mendoza: 120 kilos de jazz de César Brie con dirección de Pablo Longo, que se encargaron de dejar bien parado lo que sale de estos dos destacados espacios oficiales del país.

Y para cerrar esta semana, se eligió ADN, Algo De Nosotros, de Gerardo Hochman, maestro de actores y acróbatas que además de la función, estuvo en Rafaela para formar a un grupo de inquietos estudiantes. 
En suma, ¡larga vida al Feliztival!