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martes, 30 de mayo de 2017

Artes al pie de la cordillera

Del 19 al 28 de mayo Mendoza albergó a numerosos elencos de todas las provincias argentinas, en lo que es el encuentro anual por antonomasia: la 32° Fiesta Nacional del Teatro. En apretado balance, ofrecemos nuestra mirada de buena parte de lo mucho que pudimos disfrutar en tierras cuyanas.

Guillermo Meresman

La inspiración de artistas andinos de la talla de Julio Le Parc y sus obras en el magnífico Espacio Cultural que lleva su nombre, Chalo Tulián, autor de las estatuillas con las que se premió la trayectoria de distintos artistas, o el reconocido Luis Quesada, estuvo dando vueltas en esta 32ª Fiesta Nacional de Teatro. Y a diferencia de ediciones pasadas, marcadas por acentuados desniveles de calidad según las regiones, esta vez se vio diversidad de estéticas y propuestas, pero se registró menos desigualdad y en casi todos los casos, mucho trabajo.



El sol de las primeras jornadas fue de la mano del espíritu festivo y las expectativas del público, ávido por ver las mejores producciones de todo el país. Luego llegaron los aires más fríos que se compensaron con el trajín y los maratónicos recorridos de una sala a otra, para no perderse nada.
Como se sabía, los resultados de las Fiestas provinciales volvían a ubicar en el centro de la escena a algunos nombres relevantes de los últimos años del teatro nacional, pertenecientes a distintas regiones, pero ya de merecido y reconocidos recorridos. Todo ello reforzaba la voluntad de ver lo que el otro subía a escena.
Con una realización compartida por los organismos locales de Cultura y el Instituto Nacional de Teatro (INT), esta vez se decidió hacer dialogar la producción teatral de ámbitos oficiales con la independiente, tal vez como un modo de celebrar los 20 años de la Ley que avala la existencia de este Instituto que nació y seguirá adelante para evitar precisamente inequidades y fomentar el teatro aquí y allá.
Por ello se abrió con dos producciones de comedias municipales como la de Mendoza y la de Córdoba. En el colosal Teatro Independencia ocurrió el acto de apertura que no contó con el discurso del director ejecutivo del INT, Marcelo Allasino, ni tampoco de funcionarios locales.
En su lugar, los referentes mendocinos Ernesto Suárez y Gladys Ravalle dieron la bienvenida, recordaron la importancia de la Ley Nacional de Teatro y su misión, e invitaron a disfrutar del paisaje otoñal y de la fiesta. En paralelo, algunos artistas aprovecharon la ocasión para hacer oír sus planteos a la gestión cultural local.


Los entrañables Ernesto Suárez y Gladys Ravalle.

Los reclamos se hicieron visibles y señalaron tensiones políticas que no están ausentes de los debates que se dan en el país. Todo lo contrario: hubiera sido difícil que no se filtrara algo de esto en el evento del calendario escénico más popular y federal.
Encrucijadas entre lo “ideológico y la gestión”, como bien plantea en clave de humor la murga La Mojigata en este 2017, fueron parte de las discusiones en el seno del campo cultural, en las charlas de café, en las mesas de devoluciones o en los encuentros más casuales durante las comidas compartidas entre críticos, funcionarios y artistas. Como bien señaló el Flaco Suárez, recordando a Saint-Exúpery, los adultos somos niños dañados, y los sensibles artistas expusieron esto con sus obras más doloridas o tiernas, más provocativas o condescendientes.

De lo mejor
Tanto Empleados (CABA) como La revoluta (La Plata) y Usted está siendo interpretado por Luis María Carnicetti, de provincia de Buenos Aires (Lomas de Zamora), estuvieron entre los puntos altos de la Fiesta.


Una toma de Empleados.

La primera, con actuaciones de Lucila Chedufau, Matías Corradino, Valentino de la Fuente, Priscila Lombardo, Fernando Morales, Florencia Rebecchi e Ignacio Torres, se mete con el tema del trabajo en una ciudad de grandes dimensiones como Buenos Aires, pero también da cuenta de otros temas como las relaciones humanas signadas por el ocio y el subempleo. Fue más que atractiva esa composición en 21 escenas que deja al descubierto el costado infame de los ámbitos laborales, bajo la fina dirección de José Mehrez que hace lucir a un joven y talentoso elenco.
En la obra de Diego de Miguel, La revoluta, cinco actores excelentes –Fabián Andicoechea, Claudio Cogo, Edgardo Desimone, Juan Hernandorena y Niem Nital- noquean a los espectadores con un espectáculo de exportación, construyendo inusitados y desopilantes personajes. Esta divertida farsa, integrante de una trilogía exploratoria sobre los llamados “géneros menores” de la comicidad, se ordena en resonancias y referencias de la propia historia argentina, con sus fallidos intentos de revolución, la pérdida de un líder anclado en París, la figura de la empedernida militancia, la seducción y la traición.
En Usted está siendo interpretado... a través de un simulacro periodístico se satiriza a algunos políticos nacionales y en especial a informativos televisivos que cotidianamente parecen parodiar la realidad. En este trabajo del grupo Ceta Teatro, se destaca la labor compositiva de Leandro Menéndez.
Dentro de este grupo de las obras que sobresalieron, no puede quedar afuera Gurisa, de Toto Castiñeira con un elenco de gran despliegue conformado por Juan Azar, Francisco Bertín, el entrerriano Marcelo Estebecorena, Nicolás Deppetre, el rosarino Pablo Palavecino y el brasilero Fred Raposo. Los actores entregaron piel y alma para esta “parodia de romance”, ubicada históricamente en tiempos de la Conquista del Desierto, utilizando fuentes lumínicas poco tradicionales, un vestuario impactante y creando situaciones de gran potencia, aunque a veces el texto o los signos escénicos se pierdan un poco en sus significaciones plurales.
Párrafo aparte merece Quiero decir te amo, un texto dramático único de Mariano Tenconi Blanco, en representación de Neuquén. Cabe añadir que el notable teatrista además se hizo presente especialmente con Fabián Díaz, para presentar el volumen 18 del último Concurso Nacional de Obras de Teatro, en el que ambos obtuvieran el primer y segundo premio. Por su parte, las actrices Jorgelina Balsa y Clara Miglioni, bajo dirección de Juan Parodi, lograron conmover con sus interpretaciones y se llevaron todos los aplausos en las dos funciones realizadas en una de las salas pequeñas de la Nave Cultural, una de ellas semi accidentada por un inesperado corte de luz.
También tuvieron elogiada recepción Las hijas de Bernarda de Edgardo Dib, versión del clásico de Federico García Lorca, que llegó con el elenco de Chaco; Nada del amor me produce envidia, de Santiago Loza y dirigida por Marcela Juárez, con interpretación de Gabriela Perez Cubas (Tandil) y Laurita. Tiene muchas cosas que hacer, ficción autobiográfica de Laura Copello y Ricardo Arias (Rosario), desde estéticas y procedimientos muy diferentes.


Las hijas de Bernarda, con la 
actuación de J. Lúquez Toledo.

En tanto Entre Ríos fue representada por una de las creaciones de Teatro del Bardo, El cruce, dirección de Gabriela Trevisani y dramaturgia de Valeria Folini. Tampoco defraudó al numeroso público que se hizo presente en el teatro Quintanilla. Es más, la propuesta ofreció muy buenos trabajos actorales y un relato hecho propio, inspirado en historias misioneras, que hizo levantar de sus butacas a los espectadores que los ovacionaron.


Gran momento de El cruce, ovacionado en Mendoza.

Dos bastiones
La provincia anfitriona ofreció tres buenos trabajos. La producción de la Comedia Municipal de Mendoza fue convidada para abrir con poesía y humor, al aire libre, nada más ni nada menos que este gran encuentro nacional. Presentaron 120 kilos de jazz de César Brie, con dirección de Pablo Longo.
El organismo local, vale resaltar, establece desde hace tiempo, por concurso público, la pieza, elenco y directores que todos los años estrenan una jerarquizada producción escénica. Un mecanismo a adoptar por estos lares. Víctor Di Nasso, Matías González, Magdalena Lucero, Manuel Damia y Pablo Mestre, desandaron solventemente la hermosa historia sentimental que propone su autor, despertado suspiros y risas.


120 kilos de jazz, de César Brie.

Tu veneno en mí de Manuel García Migani, brindó resultados de indagaciones conducidas con destreza, apostando a la honesta investigación de los numerosos trabajos actorales, el espacio y un entramado dramatúrgico que convocó hasta versos del mismísimo Juanele Ortíz.
La creación colectiva inspirada en la obra de Juan Draghi Lucero, Somos el recuerdo del mar que pasó, con dirección de Rosana López y dramaturgia de Diego Martínez, fue otra de las destacables. En las entrañas del árido paisaje mendocino, los personajes –con técnicas de marionetas de hilo- revelaron mitos, desprendidos de narraciones populares e hicieron las delicias de pequeños y adultos que disfrutaron del bello espectáculo.
De Córdoba, también en calidad de invitada, estuvo Eran cinco hermanos y ella no era muy santa de Miguel Iriarte, a cargo de la Comedia Cordobesa. Con su genuino acento humorístico, mediterráneo y cuartetero, le pusieron alegría y ritmo a la sala mayor del Teatro Independencia.
Volver a Madryn, de Rodrigo Cuesta, con estupendas actuaciones de Ale Orlando, Ignacio Tamagno y Hernán Sevilla, provocó con su incorrección política y con un lucido dispositivo lumínico -presente en recordados trabajos del creador radicado en la Docta-, logró trasladar hacia a una ciudad costera, a la platea colmada. A su término, varios cientos de espectadores aplaudieron con ganas, los riesgos asumidos y las imágenes sureñas.
El talentoso Jorge Villegas mostró Esdrújula, palabras para Bonino, una obra de impronta expresionista que, como algunas otras del realizador del grupo Zéppelin Teatro, reconsidera la política argentina del último medio siglo y se inspira en el texto original de Marcelo Cassarín dedicado al artista Jorge Bonino.
El joven y talentoso Santiago San Paulo.

Con sólidas y exigentes actuaciones de Rodolfo Ossés y Santiago San Paulo, y música en vivo y sonorización de Cruz Zorrilla, la celebrada propuesta se asentó además en el vestuario de Edgar Tula y los atractivos objetos de Eric Flores. No exento de algunas polémicas, el espectáculo se agradeció sobradamente por méritos que saltan a la vista y al oído.

Bien formados

Más de treinta espectáculos durante diez jornadas continuas y alrededor de 13.000 espectadores circularon por el mayor evento teatral del país. Más otras 1000 personas que vieron buen teatro en otras ciudades de esta provincia al pie de la cordillera.
Eso dicen los números pero la mejor evaluación la hacen los propios partícipes. La actriz Laura Copello, señaló que para ella “está bueno pensarse a uno mismo haciendo teatro más otras discusiones del orden de las políticas culturales. Nos gusta estar en estas instancias de fiesta y encuentro, porque el aprendizaje se da cuando uno ve el trabajo del otro y escucha lo que otros te devuelven”.
El dramaturgo y director Diego de Miguel, por su parte, dijo que presenció varias obras que le gustaron mucho y se sintió “muy estimulado por los espectáculos que vemos y los debates que se suscitan en las devoluciones”. En efecto, la Secretaría de Cultura de Mendoza convertida en Punto de Encuentro de críticos, investigadores y actores, fue enriquecedor no sólo por la cantidad de asistentes sino por las múltiples miradas que generaba un mismo hecho artístico.

El elenco de Gurisa, en las instancias de devoluciones.

“Hay muy buenos espectáculos y también se ve cierta debilidad de algunas provincias, lo que hace cada vez más necesario reforzar las asistencias técnicas”, aportó el periodista santafesino Roberto Schneider. “Un auténtico federalismo debería sostenerse en el tiempo, no solo con subsidios, sino también con más capacitaciones, más encuentros e intercambios entre regiones”, apuntó el matutino Los Andes en su balance, algo con lo que es difícil no acordar.
En paralelo, fueron muy convocantes y nutrientes los seis espacios de capacitación así como los diarios encuentros junto a jurados nacionales y la crítica, las charlas y presentaciones de las publicaciones de la editorial del INT y los homenajes a la trayectoria de diferentes artistas y grupos.
Estas fueron algunas de las características que reunieron en la Tierra del buen vino, a una parte sustancial del palpitante teatro independiente argentino.

Reconocer y premiar
No faltó un tiempo y espacio dedicado a distinguir la trayectoria de teatristas de distintos rincones. El Premio Nacional fue para el director Rubens Correa y reconocidos teatristas de las regiones como Alberto Félix Alberto, Rafael Reyeros, Claudio Tomás García Bes, Hugo Aristimuño y Adhemar Bianchi, también recibieron el reconocimiento y aplauso de sus colegas.
El Trayectoria de Colectivo Teatral Nacional fue recibido por Kossa Nostra, el grupo de titiriteros de Misiones fundado por Marcelo Reynoso, el Basko Ugalde y Tuni Bóveda. A partir de esta edición, se instauró además un nuevo premio a los Colectivos Regionales, que de aquí en más será entregado en las sucesivas Fiestas Nacionales. Durante la ceremonia se remarcó la singularidad del quehacer teatral. “El teatro es grupal o colectivo, o es un verso”, aseveró Ernesto Flaco Suárez.

Aristas de los artistas
Variadas propuestas de teatro para adultos y niños, y aún de danza-teatro y murga, fueron algunas de las ofertas que desfilaron por algunos de los trece espacios previstos por la Fiesta Nacional.
Varias de ellas debieron lidiar con dificultades extras, respecto a las condiciones de sus orígenes de producción –especialmente en cuanto a la capacidad de sus plateas. No obstante y atendiendo a lo que se desprende de esto, agregamos una enumeración rápida de títulos y nombres que no han sido mencionados hasta aquí y que concentran diversos méritos.
Cartas en bicicleta, de Cecilia Oviedo Torres y Paula Recchiuto (Jujuy), Amar Amando (o los ojos de la mosca), de César Romero (Tucumán), Un tonto en una caja, de Martín Giner, con su particulares búsquedas dramatúrgicas y buenos trabajos actorales, Mujer en la ventana con perfume de ayer y el alma prendida con alfileres, de Emilse Giardilli y Javier Santanera (Río Negro), Barroco americano, (Catamarca) de Alberto Moreno y El mal (América machetada), de David Romano con dirección de Romina Arce (Santa Cruz).

Un dato
Paraná fue sede de la Fiesta Nacional de Teatro en 1996. Esa ha sido la única vez y ya pasaron más de 20 años. Tal vez sea buen momento para que el teatro del país se reúna nuevamente en esta ciudad que fuera sede de la Confederación Argentina y que se vanagloria de tener el teatro más antiguo de Latinoamérica, el Municipal 3 de Febrero.


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