El pasado 2 de febrero, falleció en la ciudad de Paraná el director teatral Lito Senkman. A modo de homenaje, a un mes del hueco que dejó su partida, compartimos aquí unas palabras del director de La Otra Butaca
Muchos, sino casi
todos los trabajadores de las artes escénicas de la ciudad, estábamos
estrechamente vinculados con Lito Senkman. Era difícil no estarlo, durante las
últimas tres décadas. Aún los que, como en mi caso, llegáramos a él con algunos
años demorados, y nos veíamos tal vez lejanos a las propuestas y búsquedas que
desandaba con el Elenco Rotativo de la Universidad Nacional
de Entre Ríos, habríamos de cruzar nuestras órbitas. Pero sospecho ahora que
los más privilegiados fueron los que con Lito trabajaron, ensayaron,
produjeron.
La muerte acaso a
todos nos enaltezca, pero en el caso de Lito su don de gente, su sonrisa casi
siempre abierta, adquieren ahora que no está, una dimensión particular, y como
en los casos de esas personas que nos enorgullece su trato, nos hacen conocer
el dolor de esta pérdida irreemplazable, como bien definió Juan Carlos Gallego.
Director teatral –
uno de los pocos que quedaban de su generación, uno de los mejores-, maestro de
actores, figura insustituible para conocer y comprender muchísimos aspectos del
teatro argentino de las últimas décadas, el teatro entrerriano acaso le deba un
justo reconocimiento. Pero claro que a Lito no le interesaba demasiado ello, si
bien los vimos alegre y feliz casi siempre, y en especial cuando le comunicamos
que nuestra propuesta para proponerlo como Premio a la Trayectoria al
Teatrista de Provincia, en el Grupo de Estudios de Teatro Argentino e
Iberoamericano, había sido aceptada. Como signo de lo que dijo antes, Lito se
excusó entonces de no poder recibir su plaqueta en Buenos Aires, y pidió que la
recogieran por él. Esta fue una de las veces en que se lo intentó mimar en un
plano nacional, como reconocimiento a su fecunda labor.
Fundamental, Lito
Senkman, también, como promotor y como formador de una generación de actores (y
directores) vernáculos. Pero ya desde el final de su adolescencia, había
ingresado al teatro argentino como actor, por la puerta de la innovadora
primera versión de En el andén, de
Ernesto Frers, que dirigió a mediados de los ‘60 en Paraná el notable autor santafesino
Carlos Pais. Desde entonces se preocupó seriamente por su formación artística,
escogiendo siempre para estrenar (en Paraná, Santa Fe o Rafaela) un repertorio
movilizador, con lo mejor de la dramaturgia contemporánea. Sus puestas de
Griselda Gambado, Hugo Sacoccia, Alberto Adellach, Mauricio Kartún, Rafael
Spregelburd, Tito Cossa, Patricia Suárez o Marco Antonio de la Parra , entre decenas de
autores, producían el milagro y convocaron miles de espectadores.
Se reía o ponía
burlón cuando uno ponía a “los artistas” por encima de las de otros oficios, y
había elegido ser austero, sencillo, honesto, franco, humilde y de gran
sensibilidad.
Los espectáculos que
dirigió desde fines de los ochenta en Paraná, fueron muy diferentes, no pocas
veces novedosos, aunque desde el menemato, sus maneras habían ido tomando una
tendencia de gran despojo escénico. Siempre dispuesto a acompañar, desde
presentaciones de libros hasta mesas de charlas donde encontrarse con colegas.
Quedará en la
voluntad y el deseo de sus discípulos y alumnos, el no claudicar en sus
búsquedas, el no olvidar aprendizajes realizados.